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3 de abril de 2013
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En el podio del amor Loly Grande y Espinal

De una relación de conocidos en escuela superior, su amistad trascendió con el reencuentro

 

POR SARA DEL VALLE / sdelvalle@elnuevodia.com

El dice que la recuerda como una salvaje. Ella abre los ojos, ríe nerviosa y le riposta que él no era ningún santo. Todos reímos en la habitación del hotel Courtyard Marriott de Isla Verde, donde se hizo la entrevista. La cautela inicial cede poco a poco mientras las historias fluyen. Solo cuando se les pregunta sobre su primer beso, vuelve esa pequeña tensión inicial.

Y así, entre sonrisas, miradas nerviosas y el recuento de la larga jornada que al final los juntó como pareja hace uno tres meses, el luchador olímpico Jaime Espinal y la bodyboarder Luz Marie ‘Loly’ Grande comparten su historia de amor: un relato cuyos primeros capítulos se escribieron mucho antes de que ambos fueran dos atletas reconocidos.

“Nosotros nos conocimos hace muuuuchos años. Nosotros estudiamos en la Bautista (Academia Bautista de Puerto Nuevo). Él (Espinal) era del grado de mi hermana, amigo de mi hermana. Yo era de un grado menor”, dice inmediatamente Grande, de 26 años.

“Yo soy mayor que ella dos años, pero en la escuela era un grado mayor. Yo estudiaba con la hermana de ella y ella estudiaba con mi hermano”, interviene el luchador de 28 años, que usualmente es muy conversador, pero que al principio de esta charla lució algo cohibido.

Espinal añade que conocía a Grande como la hermana de su amiga Liani. “Para mí, ella era ‘la hermana de Liani’. Liani estudió conmigo, tuvimos una buena amistad; yo conocía a la mamá....”, explica.


Londres los unió

Como suele suceder, una vez Espinal se graduó de la Academia, perdió el contacto con las hermanas Grande por un tiempo. Espinal reanudó la comunicación con Liani a través de Facebook.

No obstante, una vez finalizados los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde ganó una medalla de plata, Espinal decidió comunicarse con la familia de su amada para ponerse a disposición de ella.

“Cuando yo llego de las Olimpiadas, me le acerco a la hermana porque yo quería ver cómo podía ayudarla (a Grande) en su deporte de bodyboarding, ya fuera hablando con fulano o, no sé... ya que yo tenía esa exposición y la gente quizás me escucha un poquito más... pues ver cómo yo podía ayudar el deporte del bodyboarding. Es ahí cuando voy a la casa y me reúno con el resto de la familia, porque en ese momento ella (Grande) no estaba. Ahí les digo lo que quería hacer. Ellos, muy contentos. Hablamos muchas cosas del deporte y cómo podía ayudar. Planificamos una segunda reunión. En esa segunda reunión, ella sí estaba y hablamos de qué cosas ella quería hacer con su futuro”, explicó el medallista olímpico. La bodyboarder es una cotizada atleta que cobró atención internacional desde que en el 2009 ganó el Borinquen Bodyboarding Circuit PR y el USBA Tour de Estados Unidos.

Ese mismo año, la boricua ganó el 2009 IBA GoPro Pipeline Challenge, celebrado en Hawai, con una puntuación perfecta de 10 puntos producto de la decisión unánime de los jueces. En el 2010, se posicionó sexta en el planeta, y en el 2011 ascendió al cuarto escalón. En el 2012, terminó novena.

En esa segunda conversación, ambos se dieron cuenta de que comparten el deseo de fundar una organización sin fines de lucro. Espinal también conoció que Grande tenía unos proyectos con la gente de la barriada La Perla en el Viejo San Juan.

A partir de ahí, y gracias a esos intereses en común, Espinal y Grande comenzaron a compartir en actividades.

“Hasta que un día pasó algo extraño. Cuando vi que teníamos como un poco de afecto, pues decidimos hablar. Una vez hablamos, al otro día ya estaba hablando con los papás de ella”, apuntó Espinal, lo que provocó miradas y risas de los presentes.

Rápidamente, el atleta aclaró su comentario. “Sí, porque yo me acerqué a su casa con otras intenciones, y cuando veo que los cables se cruzaron, dije: ‘Espérate, no, no. No quiero que la gente piense que yo vine aquí a eso’. Todavía yo no le había dado un beso a ella y ya estaba hablando con los papás”. Las cosas “extrañas” a las que Espinal hace alusión fueron miradas y situaciones que ninguno supo explicar.

“Bueno, pasaron varios días en que no nos habíamos visto y yo le escribí un mensaje de texto que decía algo así: ‘Te extraño, qué raro. Quiero hablar contigo’. Ella me dijo que definitivamente teníamos que hablar. Ahí yo dije: ‘Esto es mutuo, entonces’”, rememora riendo el luchador mientras Grande no para de reírse sonrojada. Esa conversación se dio en la cueva Ventana, de Arecibo. Pero antes de llegar a ese recurso natural, la pareja fue a la playa de ese pueblo a practicar bodyboarding. De hecho, allí es donde Grande suele practicar.

“Él (Espinal) nunca había ido. Esa es una atracción turística bien bonita de aquí...”, dice Grande.

“Pero ella no quería hacerlo romántico...”, apunta Espinal.

“Nooooo. No tenía que ver nada. Era que ya estábamos por esa área y él no conocía la cueva y ya teníamos planes de ir allá...”, se defiende la chica.

Curiosamente, Espinal y Grande creen que los familiares y amigos de ambos se dieron cuenta primero de que ellos que se estaban enamorando.

“Yo pienso que ellos lo vieron primero que nosotros”, apunta Espinal mientras Grande asiente. Cuando se les pregunta si han conversado sobre la posibilidad de boda, Grande apostilla que ese tema no se ha tocado. “No queremos anticipar nada. Estamos disfrutando, conociéndonos y pasándola muy bien”.

Sirven al prójimo

Espinal indica que lo que más le atrajo de Grande es que comparte con él su deseo de ayudar al prójimo, particularmente a los niños. Además, es deportista y sabe los sacrificios que conlleva ser un atleta de alto rendimiento. La pareja dice que no discute mucho pero, cuando tiene desacuerdos, se sienta a dirimirlos.

En el caso de Grande, la humildad de Espinal y la forma en la que trata a los demás fueron algunas de las cosas que la conquistaron.

Ese deseo en común de ayudar al prójimo ha sido el propulsor de un proyecto deportivo social que bautizaron A viva luz.

Como parte de su misión, visitan lugares como escuelas e iglesias y les dan charlas a los asistentes sobre la importancia de los deportes y cómo estos pueden transformar sus vidas.

“Queremos que todo el mundo entienda que por medio de los deportes puedes salvar vidas; que por medio de las artes puedes salvar vidas; que necesitamos algo en qué invertir el tiempo. Porque estar en la calle sin hacer nada no está bien. Nosotros podemos hacerle entender a la gente que por medio del deporte puedes ser exitoso en otras cosas”, puntualiza Espinal con mucha seriedad.

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