Pedro Orlando Torres e Ivonne Goderich han disfrutado y vivido a cabalidad dar forma a esta producción escénica. (horizontal-x3)
Pedro Orlando Torres e Ivonne Goderich han disfrutado y vivido a cabalidad dar forma a esta producción escénica. (Gerald López Cepero)

Ivonne Goderich y Pedro Orlando Torres no pueden ni quieren disimular la admiración que sienten hacia Federico García Lorca. Conocen muy bien su obra y conversan acerca de ella con un entusiasmo contagioso.

No cabe duda que han disfrutado cada momento de su preparación para la puesta en escena de “Gitanos del Romancero” este fin de semana, en el al Teatro Francisco Arriví de Santurce.

La pieza, dirigida por Roberto Ramos Perea, combina las coreografías del maestro Antonio Santaella con la poesía de la obra cumbre de Lorca, su “Romancero Gitano”.

No es la primera vez que Torres trabaja una pieza del afamado poeta andaluz, asesinado en 1936. Prácticamente toda su extensa trayectoria en la actuación ha estado vinculada a esta figura, una de las más importantes voces de la llamada “Generación del 27”. 

Anteriormente, participó de “Tres genios en el tiempo” y, bajo la dirección de Pedro Santaliz, de “Lorca y Dalí: dos sueños y una sensación de amistad”. 

Aparte de estos roles, como maestro de teatro, el actor siempre ha procurado transmitir el arte del poeta a sus alumnos. Recientemente, como parte de sus clases, realizó una versión masculina de “La casa de Bernarda Alba” y también otra más experimental, donde integró campesinos y otros personajes.

“Lorca siempre ha sido alguien que he pensado como un duende del teatro. Conoce el lenguaje del actor y estaba muy involucrado con el quehacer dramático”, explicó el actor, quien se identifica mucho con la pasión del poeta, a quien personificará en la pieza.

Mientras para Goderich, ser “La gitana” representa la oportunidad de expresarse artísticamente a través del estilo “tan especial” de Lorca.

“Sus metáforas, sus analogías y referencias a la naturaleza son hermosísimas. El reto es poder llevar ese lenguaje a los lorquianos y también a cualquier público para que sienta, más que su intelectualidad, la pasión que lo mueve”, detalló la veterana actriz.

Goderich recibió la invitación para participar del proyecto de parte de Antonio Santaella, su maestro de flamenco y también responsable del concepto y la coreografía de la obra.

“Yo dije: ‘¡Maravilloso! Imagínate, se trata de Lorca’”, comentó emocionada.

La actriz compartirá en escena con bailarinas de amplia trayectoria que tendrán a su cargo las distintas coreografías del baile flamenco, incluyendo a Jossette Reilly. Mientras ellas se lucen bailando, Goderich actuará los poemas de Lorca y complementará los bailes con movimientos y gestos a tono con cada temática.

Realidades y lamentos similares

El dúo de actores coincidió en opinarque, a pesar de su antigüedad, los poemas de Lorca apelan a sensaciones muy actuales, especialmente en cuanto a la situación que atraviesa Puerto Rico en estos días.

“Estamos viviendo una incertidumbre tan grande con relación a nuestra idiosincrasia como país y culturalmente, hay una distorsión tan grande, que cuando los artistas nos topamos con textos como estos le damos un valor grandísimo. Es que entendemos la pertinencia que tiene en este momento histórico”, expresó Torres.

La pieza, comentaron los actores, aborda “muchos temas muy duros”. Por eso, conmueve y sirve para mirarse en el espejo de la soledad y la marginalidad del pueblo gitano. Sin embargo, la puesta en escena resulta curiosamente alegre, pues se nutre de ese lamento tan característico de los gitanos, que a juicio de Torres bien podría compararse con el lamento borincano.

“Una vez dijeron que los puertorriqueños somos los más felices del mundo. Yo dije: ‘no somos los más felices. Quizás los más alegres, que no es lo mismo’. Los gitanos tampoco son felices, pero con su alegría tapan la pena tan honda que tienen”, opinó Goderich, al consignar que aunque en un entorno diferente, “a los puertorriqueños también nos están convirtiendo en nómadas; nos están sacando de nuestro país”.

El llamado de la dramaturgia

Goderich, recordada por sus roles estelares en telenovelas de la década de los años 80 y 90, tales como “Diana Carolina” y “Natalia”, lleva varios años cultivando una pasión paralela a la actuación: la escritura de obras teatrales.

Según comentó, comenzó su desarrollo en esta faceta tras tomar clases de dramaturgia con Roberto Ramos Perea y estudiar escritura creativa en Italia. Hasta la fecha, ha escrito dos piezas “Y la lluvia también” y “Vivir en los tiempos del jaiba”. 

La primera es una obra de suspenso que se desarrolla cuando los residentes de un complejo de apartamentos esperan la llegada de un fenómeno atmosférico y uno de ellos, en particular, aguarda por su cita con una mujer.

Mientras, “Vivir en los tiempos del jaiba” es una crítica social a quienes se aprovechan de los momentos difíciles que viven sus semejantes para lucrarse sin ninguna compasión. 

En ese sentido, Goderich compara a los jaiba con los “carpetbaggers”, termino peyorativo que se utilizó para nombrar a quienes se trasladaron a los estados del sur de Estados Unidos luego de la Guerra Civil.

La actriz se encuentra escribiendo la que será su tercera obra de teatro, basada en los testimonios de su suegra acerca de la vida en Puerto Rico en la década de 1950 e incluso antes de ese periodo.

Una de las anécdotas de la mujer, narra el momento en que las autoridades invadieron el edificio central del Partido Nacionalista de Puerto Rico, que también era la casa de Pedro Albizu Campos en el Viejo San Juan.

“Ella vivía frente a él y era una mujer muy valiente. Cuando le tocaron a la puerta para disparar desde su balcón a la casa de Albizu ella se les enfrentó. Les dijo que solo harían eso sobre su cadáver y no pudieron entrar”, contó muy conmovida la hija de la legendaria actriz Esther Sandoval.

En la obra, Goderich también rescatará las memorias de la mamá de su esposo acerca de cómo era la vida en Puerto Rico y su diferencia de muchas distorsiones históricas que continúan repitiéndose como verdades.

“Cada vez que leo lo que mi suegra escribió, lloro”, dijo quien espera plasmar en su arte una historia que considera más real y desea que todos los puertorriqueños conozcan.


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