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Cuando Néstor Hernández explica qué lo motiva a dedicar todos sus días a sembrar la música en jóvenes estudiantes en la Escuela Secundaria de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, a servir de asesor musical en agrupaciones como la Tuna Bardos, enseñar a medio tiempo en el Conservatorio de Música de San Juan, y hasta a multiplicar su tiempo para convertirse en arreglista de piezas que han sido interpretadas en salas tan emblemáticas como en el Canergie Hall en Nueva York, lo hace ver tan sencillo que creer lo que dice no parece un acto de fe.

La música es su religión y Néstor es firme creyente de que la música, sus vibraciones, es uno de los ingredientes básicos de la sensibilidad humana. “La música va más allá de lo que parece evidente. Es un elemento universal y es mucho más poderosa de lo que imaginamos. Se me hace difícil pensar que un ser humano no responda al estímulo musical”, reflexiona.

Más allá de ser profeta de la música, a Néstor lo reconocen como un defensor de ésta, hasta el punto de que cada vez que lee algún artículo sobre su importancia lo coloca en el tablón de edictos de su salón para que todo el mundo lo lea.

De esta forma Néstor envuelve a sus estudiantes, así sea en el coro que dirige, la Orquesta de Campanas o la Rondalla Estudiantil de la UHS que en un mes celebrará su trigésimo aniversario en un concierto único a presentarse por primera vez en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. La emoción ante este evento conmemorativo, lo provoca el desafío que representa para Néstor como director presentarse al nivel de grandes concertistas con una agrupación estudiantil y poder demostrar que la modalidad de rondalla sigue viva en Puerto Rico y con ganas de desarrollarse.

Con la Rondalla Estudiantil, Néstor pretende diseminar en nuevas generaciones la música popular puertorriqueña y, aun más importante, mantener la vigencia del cuatro puertorriqueño enseñando a valorar el instrumento como algo capital en nuestra cultura. “El cuatro es como una voz nuestra puertorriqueña. Además, es un instrumento tan polifacético que se le puede sacar mucho partido”, afirma.

Al ser el cuatro puertorriqueño el instrumento de sus pasiones, se ha entregado a desarrollar su tesis doctoral planteando las implicaciones educativas en la didáctica instrumental del cuatro.

Esta fascinación por la música popular vino en Néstor tanto por la genética como por la crianza. Nacido en Quebradillas, uno de los pueblos más bohemios del país, y tras haberse entrenado desde los seis años con nada menos que con el legendario compositor Juan F. Acosta, autor de la danza puertorriqueña “Bajo la sombra de un pino”, Néstor aprendió a hablar el lenguaje musical popular y a ver su poder comunicativo.

Sobre todo cuando era adolescente y las serenatas estaban en boga, Néstor iba con su guitarra acompañado de sus amigos a cantar a las chicas de su barrio. “Era el ritual de las serenatas en aquel tiempo. Cuando un joven estaba enamorado, le declaraba su amor a la chica con una serenata. Las favoritas eran ‘Te seguiré’, ‘Mía’ y ‘Contigo aprendí’, recuerda sonriendo.

A pesar de que sus compañeros de camino son la guitarra y el cuatro, su primer instrumento lo fue un piano. “Mi papá compró un piano vertical viejo y lo llevó a la casa. Fue como un imán para mí. De los cinco hermanos, yo fui el que más se relacionó con aquel piano”, rememora.

No es para menos que la inclinación por la música popular la lleve muy dentro este educador musical, quien también sueña con componer en algún momento del futuro cercano, para predicar lo que había dicho la eterna folklorista puertorriqueña doña María Cadilla “el canto popular es plenitud, es emoción viva”.

Y para poner la semilla de este encantamiento en sus estudiantes, Néstor combina lo formal con lo informal, enseñándoles las bases del cuatro y la guitarra a sus estudiantes con las melodías que ellos sueñan interpretar. “Siempre les pido a mis estudiantes que me digan las canciones que quieren tocar, les hago los arreglos para cuatro y guitarra y así la técnica del instrumento la aprenden con canciones como ‘Billie Jean’, ‘Dancing Queen’ y hasta el tema musical de ‘James Bond’”. Éste último tema lo han presentado luciendo gafas oscuras convirtiéndolo en un favorito en sus conciertos escolares.

En la repentina penumbra que arropó aquella tarde su balcón, Néstor confiesa que no quisiera llegar a la cifra de los 30 años de magisterio y retirarse entonces. Para él, aún le quedan muchos acordes de cuatro y guitarra por cultivar, por propagar su fuego sagrado, además de no haber saciado su aspiración de perpetuar la música popular a través de las agrupaciones que dirige, especialmente la Rondalla. “Yo le digo esto a mi esposa. Siento una responsabilidad con la Rondalla para que continúe, para seguir cultivando a esos seres (sus estudiantes) en una manera musical y humana”, concluye.


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