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“La libertad es una práctica de todos los días” (semisquare-x3)
Si algo ha hecho Elizam Escobar en sus 68 años ha sido precisamente luchar, resistir a cualquier fuerza y subsistir. (Wanda Liz Vega Dávila)

Elizam Escobar interrumpe la conversación y cuestiona por qué lo están retratando. “Todavía no tengo el sombrero”, advierte. Inmediatamente se levanta del sofá donde se encuentra y camina hacia unas congas que funcionan como mesa y donde tiene colocados tres sombreros. Toma uno negro de ala ancha, se lo ajusta con firmeza y luego mira a la cámara con desafío.

“Esto es un sombrero navajo”, afirma. “En solidaridad con los indios de Estados Unidos que están luchando porque le quieren tirar un tubo de gas por sus tierras, me voy a poner este sombrero el día de la apertura de La Campechada”, adelanta sobre su aparición en el evento cultural que se le dedica este fin de semana en el Viejo San Juan.

Hace diez meses este artista, poeta y exprisionero político puertorriqueño fue diagnosticado con un cáncer en el área paranasal y en la cavidad nasal, del que fue operado, y que tiene controlado. Y aún en este momento de fragilidad de vida, donde podría escoger hablar solo de él, Elizam Escobar opta por levantar su voz y dirigir sus acciones para reclamar justicia para los demás.

La vida es lucha toda, decía el poeta Juan Antonio Corretjer, y si algo ha hecho Elizam Escobar en sus 68 años ha sido precisamente luchar, resistir a cualquier fuerza y subsistir. Lo ha hecho antes, desde prisión, donde estuvo 19 años encerrado tras ser acusado por el gobierno federal de conspiración sediciosa. Y lo sigue haciendo ahora, combatiendo una enfermedad que, si bien le ha quitado unas libras, no ha podido robarle su mirada, en la que se le descubre con una fuerza arrolladora y por la que se asoma su brillantez.

El encuentro con el artista se da en su residencia en Hato Rey, donde nos recibe en el portón, en compañía de uno de sus dos gatos negros. Una vez dentro de la casa, se aprecia el universo de Elizam. En la primera sala, en el centro, un perchero con sombreros ofrece las coordenadas del espacio. Al sur, está la “Nube”, esa hermosa obra grisácea del artista, que aparece preñada de pensamientos que invaden y atormentan y que todavía no se convierten en agua. Al oeste, la otra sala. Una mesa verde con cuatro sillas, un sofá, dos butacas y más obras. Está “Naufragio”, donde un gato surrealista mira imponente, “El embalsamador y la viuda”, donde dos rostros se reconocen frente a frente con la máscara de la muerte. Hay otro suyo dedicado al preso político Oscar López Rivera y en una mesa alta, en una esquina, varias fotos de él con su hijo y con su madre, así como de otros familiares. También hay una máscara veneciana enganchada en una pared y libros dispersos en varias sillas.

En ese espacio, Elizam se sienta a conversar con El Nuevo Día sobre la dedicatoria de La Campechada  que le hace el Instituto de Cultura Puertorriqueña este fin de semana, y que coincide con El Festival de la Palabra. Habla sobre su obra, sus años en prisión, la actualidad del país y sobre la vida, esa que siempre ha estado dispuesto a sacrificar por el bien colectivo. Ha perdido peso y también su pelo, debido a las radioterapias que ha tomado, pero no así su sentido del humor.

“Muchacha, yo que siempre he tenido bigote, imagínate, estoy como desnudo”, dice mientras posa para el lente.

“Bueno, cuando yo me vi por primera vez en un espejo dije ‘yo soy otro, olvídate, ya yo no soy el mismo’… Lo que me quedaba de la barba se me fue yendo con la radio y lo que me quedó fue esto (la chiva) y dije ‘pues vamos a dejarlo ahí’. Alguien me dijo que parecía asiático, a Ho Chi Minh”, agrega y suelta una carcajada breve, traviesa, casi como un murmullo que despierta.

Luego de la sesión de fotos, Elizam se sienta en una butaca y comienza a crear.

¿Cómo recibe Elizam Escobar la dedicatoria de La Campechada?

Mira, a mí me llamó el director (del Instituto de Cultura Puertorriqueña) y me dijo que me iban a dedicar La Campechada que qué yo pensaba y le dije que para mí era un honor. La Campechada es una celebración de la pintura puertorriqueña y es un acto bien importante para mantener la conciencia del arte puertorriqueño, en este caso de la pintura. Yo me siento bien halagado. Por otro lado, hay un montón de pintores a los que se les puede dedicar sin problema. Entonces, pues tú sabes que Campeche fue el pintor más importante del siglo 18 de las Américas, no de Puerto Rico y Latinoamérica, sino de las Américas, Estados Unidos y todo. Y la obra de Campeche pues ha marcado la obra de los pintores puertorriqueños. Él tenía una obra religiosa, pero tenía una obra más política, más histórica, más social.

Elizam comparte que estará participando de las actividades de La Campechada siempre que la salud se lo permita. Contará con tres exhibiciones, una en la Casa Alcaldía del Municipio de San Juan, en la Liga de Arte de Puerto Rico y en el Museo del Libro. Muchas de las obras que se presentarán son trabajos emblemáticos de su trayectoria, como las piezas que hizo en la prisión. También estarán expuestos sus “Cuadernos de cárcel” –publicados por el ICP- y sus libros de poesía. En el Café Rivera Hermanas, que cataloga como su templo, su lugar de compartir con sus amigos, en tanto, habrá otra muestra de retratos de Elizam hechos por otros artistas. Además, habrá representaciones teatrales, performance y una comparsa con el cabezudo de Elizam, a cargo del artista Pedro Adorno y la compañía Agua, Sol y Sereno.

Una de las particularidades de este evento es que se juntan La Campechada y El Festival de la Palabra. Tanto la palabra como la plástica son expresiones que usted ha trabajado. ¿De qué manera se conjuga en su trabajo la palabra y la plástica?

Históricamente siempre ha habido una relación entre los pintores y los poetas y hay mucho pintor que escribe poesía y mucho poeta que hace trabajo plástico. En el caso mío, pues básicamente enla prisión, aunque ya había escrito poesía, es que comienzo a escribir más, a darle importancia a los ensayos, porque la prisión fue como un momento de reflexión sobre esa relación del arte y la lucha por la independencia. En algún momento, cuando yo vivía en Nueva York, yo dejé la pintura y lo que hacía era dibujos políticos y caricaturas porque para mí la pintura era una cosa demasiado burguesa, tú sabes… Pero siempre tenía esa piquiñita adentro y quería pintar porque uno quiere expresar. Pero en la prisión me puse a reflexionar, a leer, a ver y darme cuenta que la dialéctica del arte es distinta a la actividad política. Puedes decir cosas que nunca más las vas a poder decir a través del discurso político o el discurso filosófico y ahí es un espacio donde pasan cosas que tú a veces ni siquiera esperabas. Se presentan las contradicciones, los conflictos que van más allá de ti, es como que te traicionan porque ahí no hay reparos.

En su obra está muy presente el elemento onírico. ¿Ese gesto creativo nace en prisión o fue previo?

El pintor que a mí más me ha inspirado es Carlos Raquel Rivera y en su obra se ve eso. Está lo social, pero está lo onírico, donde está la naturaleza y las fuerzas sobrenaturales. Pero yo viví en la década del 70 en Nueva York y ya como un año antes comencé una serie de pinturas que bregaban con los sueños, no solamente el sueño dormido, sino el sueño despierto también, y llevaba no sé cuántas obras con el tema. Esas obras las continué en prisión porque lo que sucede es que en el primer año de prisión yo estaba solo en una celda y lo que hacía era dormir y leer, o sea, que me daba narcolepsia y lo que hacía era dormir y dormir. Después me ponía a leer y me daba insomnio, así que me pasaba en esos dos polos, así que comencé a pintar y comencé a leer sobre el sueño y las etapas del sueño y eso continuó en la prisión y continúa en toda la obra.

¿Cómo se ha agudizado ese tema en este momento en el que vive?

En estas operaciones que a mí me hicieron que pusieron mucha anestesia y eso tarda de irse del cuerpo. A mí me pusieron cuatro corridas en el periodo de febrero a abril y en mayo, dos veces. Y un poquito todavía siento que estoy en anestesia. En esas operaciones yo tenía como unas alucinaciones bien heavy que cuando yo pueda comenzar a pintar –que ahora no puedo-, pues tengo material, mucho material.

Mucho se habla de que el arte libera y que es una expresión para sentirse en libertad, pero para usted, durante ese tiempo en prisión, ¿qué representó el arte?

Bueno mira, como yo estudié arte y tenía una trayectoria artística, pero también un compromiso con la lucha desde el arte, pues en la prisión el arte es una forma de liberación todavía más intensa porque te ofrece las armas de lo simbólico. Tú puedes, manteniendo los pies en la realidad, sacar la cabeza por las nubes y puedes soñar de una forma saludable. Puedes desarrollar un cuerpo de trabajo que tenga un sentido, como en el caso mío y en el caso de otros artistas que han estado presos. Es como un testimonio de que aún en la adversidad, uno puede seguir haciendo arte, seguir creando espacios de libertad.

Usted ha dicho que no se arrepiente de haber luchado por la independencia del país. ¿Eso sigue siendo así?

No, no me arrepiento. Al contrario, lo haría mejor. Pero obviamente cada momento histórico tiene su demanda. En algún otro foro me preguntaron si yo lo haría de nuevo y lo que dije es que yo creo que cada época histórica tiene sus contradicciones y sus demandas. En la época en la que yo participé de la lucha armada clandestina, eso era para mí importante, significativo y necesario porque había un movimiento de derecha que estaba asesinando independentistas, obreros, quemando periódicos… Y aquí siempre hemos mantenido una lucha armada, desde los indios hasta ahora. Pero, por ejemplo, en el momento en que llegué a Puerto Rico (en 1999) la lucha principal era contra la Marina en Vieques y la lucha era resistencia pacífica. Y nosotros respetábamos y defendíamos ese tipo de lucha. Pero en cualquier momento, cuando haya una necesidad distinta, pues uno tiene que ser creativo.

Y en este momento histórico donde hay una imposición de una Junta de Control Fiscal, ¿hacia dónde debería dirigirse esa lucha?

Estamos en un momento histórico donde toda esa ficción y falacia de que aquí existía gobierno propio, que habíamos acabado con el colonialismo, todo eso se acabó. Obviamente, nosotros los independentistas siempre hemos sabido eso, pero toda esa gente popular y la mayor parte de la gente ha despertado y dicen que el ELA murió, pero el ELA no puede morir porque nunca existió. Eso es lo que yo le digo a la gente, no puede morir nada que no ha existido.  Pienso que es un momento de lucidez de verdad donde los puertorriqueños tienen que confrontar nuestra realidad. Muchos la confrontan yéndose, otros están resistiendo y quedándose. Hay muchos jóvenes que están en la cuestión de la agricultura, otro tipo de agricultura, y eso es esperanzador. Hay un montón de cosas buenas pasando. Pero la mayor parte de la gente en la radio dice “ay, que nadie hace na”, pero la pregunta es “y tú qué haces”.  Mira mano, la gente hace cosas y van a seguir haciendo cosas.

Hablemos de Oscar López Rivera, quien lleva 35 años en prisión por lo mismo que usted fue acusado. ¿Se puede hacer algo más para abogar por su excarcelación?

En todo hay un límite y en este momento Obama es el único que tiene el poder para que Oscar salga, y después de él, el presidente que gane. Pero la cosa es que uno no puede perder la fe y la esperanza porque cuando nosotros estábamos presos la gente decía “esa gente nunca va a salir, vamos a ser realista”, y realista fue que salimos y estamos dando candela por ahí.

¿Cómo se ha transformado la lucha para usted en estos años?

En el poema de “Distancia”, de Corretjer, él dice que la vida es lucha toda. Yo leí eso cuando era jovencito y estaba en la universidad. Recuerdo que dije “ay, pero qué es esto, ¿la vida es lucha toda? Pues yo me voy a salir de esto porque no voy a estar luchando toda mi vida”. Pero la cuestión es que es la verdad porque la lucha no es solamente política, es en todos los niveles de la existencia humana y de la naturaleza.

¿Usted se siente un hombre libre, Elizam? ¿Ese concepto existe?

Para mí la libertad es una práctica no es una entelequia, no es algo que existe en algún sitio, es una práctica que lo mismo se puede perder que se puede mantener y en esa práctica hay límites. Yo creo que la libertad puede ser una ficción. Recuerdo que una vez estaba escribiendo un ensayo sobre el posmodernismo y de repente dije “qué carajo hago escribiendo de la libertad si yo soy un jodío preso”. Pero tú sabes, uno puede ser libre hasta en la prisión. Esa es la ironía. Entonces yo creo que hay grados de libertad, pero la libertad es una práctica, una actividad y es una actividad de madurez, de conciencia, y uno tiene que estar completamente y todo el tiempo atento. La libertad se puede expresar de muchas formas. Creo que la definición a la que me someto es la marxista, pero antes de Marx estaba Spinoza, y Spinoza decía que la libertad es el reconocimiento de la necesidad. Para tú ser libre tienes que saber lo que es necesario. La libertad es una práctica de todos los días.

¿Y la muerte también es una forma de libertad?

La muerte… Bueno, pues la muerte en vida, no. Pero la muerte ya física, biológica, yo creo que es una etapa de la vida. Nadie se quiere morir físicamente, a menos que tengas una enfermedad bien fuerte que tú quieras irte, como Kafka que creo que tenía tubercolosis y le dijo al médico, mira mátame, si tú no me matas eres un asesino. Así que hay que decir que hay un momento en el que tú ya quieres dejar este mundo porque no puedes más. Yo creo que el arte es una respuesta a la muerte porque es la forma de mantener vivo todas las pasiones, las contradicciones, los logros de la humanidad, el aprecio por todo, por la naturaleza, por el mar, por el universo. Hay mucha gente que hace arte efímero, que está chévere, pero mano pa’ qué vamos a ser más efímeros de lo que ya somos, tú sabes. Creo que el arte es lo que le da seguimiento, continuidad, a toda la problemática humana, al misterio de estar vivo, porque estar vivo es un misterio bien fuerte.

Y con el diagnóstico que usted ha enfrentado ahora, ¿qué cuestionamientos se ha hecho sobre la vida?

Lo que pasa es que como yo vengo de una trayectoria de lucha política bien radical, yo siempre he estado listo pa’ morir. En las cosas que uno se involucra, o puedes estar preso o te pueden matar. Yo valoro la vida y la vida de los otros, pero también tú tienes que ver que hay cosas más importantes y significativas que la vida mía, o sea, que yo me puedo sacrificar por la vida colectiva y es una contribución. Sigo creyendo que la vida es importante dependiendo de lo que tú hagas. No es vivir como un vegetal, sino el valor que tú le das a la vida y lo que la vida te da a ti. Ser agradecido con la vida. Muchas veces cuando me veo como estoy, que tengo este problema aquí, que la nariz se me bajó, yo digo “mano si hay gente que está peor yo, no puedo estar quejándome”. Hay gente que está descalza, yo por lo menos tengo chancletas. Uno siempre tiene que mantener ese tipo de juicio. 


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