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Una de las mayores virtudes del Festival Casals es la oportunidad de asistir a conciertos de música de cámara de óptima calidad. De hecho, desde los orígenes del evento, la música de cámara figuró entre sus atractivos. Todavía se recuerdan esos fantásticos conciertos de cámara con el maestro Casals al violonchelo, Isaac Stern y Alexander Schneider al violín y Mieczyslav Horszowski al piano, entre otros.

La tradición continúa. Este pasado domingo se presentó en la Sala Sinfónica Pablo Casals el Fine Arts Quartet. Aunque es uno de los más antiguos cuartetos activos de Norteamérica, fundado en 1946, dos de los cuatro integrantes actuales llevan poco tiempo tocando en el grupo. Sin embargo, a juzgar por la muestra ofrecida en este recital, los miembros se han acoplado magníficamente bien.

El programa comenzó con el Cuarteto de cuerdas núm. 7 en fa sostenido menor, op. 108, de Dmitri Shostakovich. Obra innovadora, que se mueve entre el humor y cierta desesperanza melancólica en la que el violonchelo juega un papel importante, su forma compacta refleja una tendencia hacia la sencillez, la economía de los medios, la textura diáfana y una actitud contemplativa. El Fine Arts Quartet optó sabiamente por concentrarse en el humor sutil plasmado en la partitura, para dejar que la melancolía apareciera por sí sola, sin forzarla, como un leve eco escuchado a lo lejos. El resultado fue extraordinario.

Un contraste estilístico, aunque también con una buena dosis de humor, fue la segunda pieza del programa, el Cuarteto en la menor del gran violinista Fritz Kreisler. Una interesante obra cuyo inconfundible aire vienés fue subrayado por el Fine Arts Quartet con gracia y buen gusto, presentando admirablemente las melodías románticas del primer movimiento, un scherzo nerviosamente lúdico, una romanza con un toque de lo que en lengua yiddish se conoce como schmaltz -intraducible referencia a un cierto sentimentalismo entre la seriedad y el juego- y un Allegro que evoca los bailes austriacos. El entusiasmo del conjunto por esta poco conocida obra fue más que evidente.

Para concluir, el maestro puertorriqueño Guillermo Figueroa se unió al cuarteto para interpretar la segunda viola en el Quinteto en do mayor, op. 29 de Ludwig van Beethoven. Aunque tiene sus momentos serios, este quinteto es de carácter más bien jovial. El Fine Arts y el maestro Figueroa calibraron muy bien el difícil balance que la segunda viola añade al conjunto, logrando un excelente acoplamiento. La interpretación fue más bien sobria y controlada, como una conversación cordial. El finale del Quinteto en re mayor, K.593, de Mozart, figuró como encore; una joya que en las diestras manos del conjunto brilló con su genial jocosidad.


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