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Acá era martes en la noche y allá, en Sídney, Australia, era miércoles en la mañana. El guitarrista y compositor puertorriqueño, Hermelindo Ruiz Mestre, aguarda a que unos amigos lo recojan. Se escuchan ruidos de carros transitando. Está cerca de una vía. Más allá de saber que pisa la ciudad australiana más poblada, no tiene idea de dónde está mientras conversa durante esta entrevista telefónica.

“Ya llegarán”, dice confiado. Espera, aprecia el momento y disfruta una de las muchas vivencias que le ha regalado la música. Siendo más precisos: la guitarra y la composición.

“Este es el único continente donde mi música no se había tocado”, explica el joven de 26 años oriundo de San Sebastián, egresado del Conservatorio de Música y de la Universidad de Yale donde obtuvo un Diploma de Artista.

Cuenta que composiciones suyas para guitarra -una de ellas le mereció en el 2011 el premio Andrés Segovia en España- han sido interpretadas por músicos en Europa, África, China y Rusia, entre otras tierras.

“A los 18 se tocó la primera. La de Australia la toco yo”.

Porque componer es lo único que le atrae. Ruiz Mestre es guitarrista profesional. Luego de tocar en la zona oeste de Estados Unidos, en Canadá, España, República Dominicana y Puerto Rico, este mes  ha cruzado el océano para ofrecer recitales en el  Orvis Auditorium de la Universidad de Hawaii en la capital de dicha isla y en Auckland Guitar Society, Saint Church Hall, Ponsoby, en Auckland, Nueva Zelanda. Allí también dictó la conferencia  “La música de Centro América y el Caribe”.

Este sábado lo esperan en Melbourne, Australia, donde tocará en el Wyselaskie Auditorium, de la Universidad de Melbourne.

“Es un momento bien especial para mi porque nunca pensé que iba a ser compositor y aquí voy a estrenar una obra que está en proceso, todavía no le tengo ni nombre. Habla de lo que significa el viaje para mi, es una obra de luz, de claridad. La mitad del programa son mis composiciones y luego vienen danzas puertorriqueñas y valses venezolanos en saludo a Venezuela y la situación (social y política) que atraviesa. También voy a tocar la “Suite BWV 1006” de Bach”, detalla en torno al programa.

Para el músico, tocar en suelo australiano representa la oportunidad de “probar mi música”. “Me da ideas, impulsa mi creatividad, me da motivación para seguir”, sostiene.

“Que mi música se haya tocado en tantos lados fue casi un accidente porque nunca compuse por ambición. Pero en Sídney lo celebro como un logro de Puerto Rico, cuando toco una danza ves que es una música que no tiene nada que envidiarle a ninguna. Llegué por accidente a esto pero me voy con orgullo”, subraya.

Cantaba trova y ganaba premios en concursos  cuando era niño. Un día se quedó bobo viendo en televisión a un guitarrista. Tenía casi nueve años. “Mi papá se dio cuenta”, recuerda, “yo no me acuerdo ni quién era el músico. Papi me llevó a coger clases y me ofreció comprarme una guitarra y me dijo 'pero te tienes que ganar la mitad trabajando en la finca'”.

Y sí, trabajó con el café y las chinas. Aquella primera guitarra era mexicana. “Costaría como $50”, cuenta, “cogí clases básicas de música popular”.

Después se interesó por la guitarra clásica y el repertorio que con él se logra. “Toco música clásica instrumental y trato de ver a dónde me conecta; la música es lo que más me emociona. Ahora la guitarra me llevará próximamente a Suramérica en mayo y más adelante a Tailandia”.

Fanático de la quietud y de “mi propio mundo”, los viajes alteran su rutina. “Cuando hay líos, por ejemplo, con un hotel uno se pregunta un poco sobre lo que hace. Pero cuando me levanto todos los días pienso que este es el mejor mundo posible. El tiempo en el mundo es corto, si uno se levanta con energía las cosas ocurren. Mi motivación es mi familia, mis amigos, el privilegio de tocar con tantos buenos músicos y San Sebastián, mi pueblo”, resume.

Tantas horas junto a la guitarra han sido suficientes para que ésta le brinde una que otra lección. “Te enseña humildad, sinceridad y sensibilidad. Cuando tú te presentas en el escenario como artista, por más que quieras ser otra persona o tocar música que compuso otra persona, al final siempre eres tú”, culmina sin prisa.

En algún momento llegará a Melbourne que, aún, lo espera.


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