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Desde hace poco más de cinco años Astrid Cruz, una cagüeña con formación en comunicación audiovisual, mantiene su blog Artistikem en el que publica sus cuentos y promueve los libros que poco a poco ha ido publicando de manera independiente. Es lo que se dice una chica digital. Desde pequeña siempre estuvo pendiente a todo lo que pasaba en términos de tecnología y cuando depuró sus conocimientos en diseño gráfico  supo que tenía todo lo necesario a su alcance para que sus historias no quedaran como manuscritos engavetados o, en su caso, olvidados en algún disco duro. Tampoco quería tener la típica caja de zapatos llena de cartas de rechazo  de editoriales.

Nada de esa espera y de esa angustia figuraba en el panorama que se planteó: publicar en el 2010 su primer libro Four Short Stories de manera independiente y en formato digital. “Me gusta hacer las cosas yo misma y la tecnología es una opción que me pareció tan fácil. Mucha gente le coge miedo porque, en el formato digital, el diseño gráfico es como el cuco”, dice la joven escritora quien actualmente estudia una maestría en Comunicación en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico y trabaja una tesis en la que explorará el fenómeno de la autopublicación.

En un principio, colgó el libro de manera gratuita y lo promovió a través de las redes sociales y los escritores que, como ella, saltan de blog en blog pescando historias. No le fue mal, logrando alrededor de 500 descargas, algo que compara con las dimensiones del mercado local en el que 300 o 500 copias impresas de un libro vendido, lo catalogan básicamente como un best seller en el País.  Cruz, continuó en mayo del 2012 con la publicación del primer libro de una serie titulado The Caregiver, una novela  que publicó a través de una de las plataformas de Amazon y que también puede obtenerse en papel. Sus historias son, por lo general, thrillers en los que los personajes femeninos tienen el mayor peso, como una en la  que una chica es una asesina a sueldo. Los escribe en inglés porque así salen y porque a su vez, el idioma la hermana con personas de todas partes del mundo que se acercan a su literatura porque dominan el idioma. Y es que estos modos de publicación responden también a la creación de comunidades virtuales de lectores que ya hace mucho dejaron de esperar  por la voz de la crítica o las tendencias del mercadeo para escoger sus intereses a la hora de leer.

 “En internet he encontrado muchos autores que están haciendo lo mismo que yo, nos apoyamos y nos leemos unos a otros. Son de Europa, de Estados Unidos, de distintos países.  Es una cuestión de solidaridad. Aprendes a que no te deslumbre de la nada esa mega saga que está de moda porque hay mucho más”, dice la autora quien a su vez considera que, si bien es una plataforma que ha democratizado el acceso a las publicaciones para muchas personas, también “haymucha basura”, y sobre todo “textos que se publican sin estar listos, sin haber sido leídos por varias personas para buscar ese feedback”.

Por ello, Cruz, no solo entrega sus manuscritos a múltiples lectores de su confianza sino que con los libros más recientes ha invertido algo de su dinero en contratar a una editora. Principalmente porque no quiere caer en algo que también ha visto suceder en las redes y es el que se use al lector como editor para que señale faltas tanto de  ortografía como concordancia. “Eso es faltarle el respeto al lector, porque se publica sin ningún filtro y cuando los lectores identifican un error van y lo corrijen. Eso no debe ser”, sentencia la autora para quien la idea de que un trabajo no puede ser serio si no está respaldado por un sello editorial, está quedando cada día más obsoleta.

Botellas al mar

Fenómenos como el de Astrid Cruz continúan creciendo exponencialmente. Incluso, ya un autor independiente -el norteamericano John Lock, autor de novelas de misterio y acción- ha logrado romper el anhelado umbral del millón de libros electrónicos publicados de manera independiente en la gigantesca plataforma de Amazon.

Ahora bien, no todo es miel sobre hojuelas. El porcentaje que obtiene un autor independiente, cuyos libros están destinados a Kindle, la plataforma de Amazon, es de un 70% si el precio oscila entre $2.99 y $9.99. De manera que vender millones no le hará millonario, al menos, no rápidamente.

Aún así, el tema de la autopublicación, cuando se toca  tanto en el mundo editorial como en el de los gremios de escritores, levanta todo tipo de pasiones. Para algunos es un pecado capital, un libro que entra al mundo sin padrinos. Para otros, es la panacea esperada.  Y entre esos extremos, miles de grises. Pues no solo estamos ante profesiones y roles que son completamente ignoradas, sino ante una nueva realidad: cualquiera puede publicar lo que quiera con poco o ningún dinero y eso, claro está, no gusta a todo el mundo. Tanto por el tema de la democratización de las plataformas, como por el hecho de que ya no son unos pocos  los que tienen la última palabra respecto a lo que verá la luz en el mundo de las publicaciones. 

Esto no es nuevo. Pero este notable incremento en la autopublicación responde en buena medida al desarrollo tecnológico y a  que la era de las grandes editoriales ya no es lo que era y, como toda industria vinculada al papel, anda en pleno proceso de desentrañar qué va a pasar después de la vorágine y la crisis. Esto, a gran escala, y a menor escala se dan casos como el del nuevo escritor que comienza  su carrera y a quien, para publicarle un libro, en lugar de darle un adelanto se le pide un depósito. Muchos ven en la autopublicación una manera de hacerlo con poco o ningún gasto.

Tal es el caso del periodista y escritor Francisco Rodríguez Burns quien publicó su novela El grito del minotauro en el 2011 de manera independiente y a través de una de las plataformas de Amazon tanto en ebook como en papel. Antes, intentó con algunas editoriales pero los contratos nunca le resultaron razonables. “Es algo que uno lanza al mar y ese mar es el internet”, dice el autor que ya cuenta con más de mil ejemplares vendidos tanto en su edición electrónica como digital. Antes, además, también recurrió a lectores que le ayudaron con esa retroalimentación que todo autor necesita.

“No lo hice por hacer dinero, lo hice porque lo quería publicar. Si lo hiciera de nuevo, lo haría únicamente electrónico porque, aunque yo soy hijo de la transición y no leo ebooks, sé que así es que está leyendo la gente”, afirma el autor para quien temas como el prestigio de las editoriales ya no representa un criterio indispensable y más bien considera que está, incluso, en entredicho.

Y es, precisamente, en el tema de la calidad donde el debate se profundiza. Pues la verdad es que más allá de que se conozca al autor y la calidad de su trabajo, no hay garantías de calidad con un libro independiente. Pero así como eso es cierto, también lo es que un cedazo editorial -salvo las excepciones obligadas- tampoco garantiza que no se encontrarán errores o que toda edición será impecable. De ahí que pensar si es recomendable o no, publicar sin casa editora suele ser una navaja de doble filo para muchos autores, sobre todo nuevos.   

El  escritor y librero Luis Negrón -autor de uno de los más exitosos libros de cuentos en los últimos años en la Isla, Mundo Cruel- lo ve de una manera muy práctica. “A veces estás en una discoteca y quieres bailar y nadie te saca. Entonces, te paras en la pista, empiezas a bailar y alguien se da cuenta de que bailas bien y te invitan a bailar”, propone como metáfora Negrón quien como librero observa que cada día a la gente le resulta más indiferente si se trata de una publicación independiente o no y pone como ejemplos los casos de la escritora Yolanda Arroyo Pizarro, quien además es editora y Wilfredo Mattos Cintrón; ambos autores cuyos libros se mueven muy bien.  

También sucede que muchos autores, ante la complejidad de entrar en las lógicas del mundo editorial, se deciden por crear su propia editorial y publican no solo sus obras sino además las de autores con quienes comparten afinidades o cuyo trabajo respetan. Editoriales como La secta de los perros, Libros AC, Erizo y Pasadizo, entre otras, han nacido bajo ese espíritu.

 “Ni los libros independientes, ni estas editoriales más pequeñas podrían funcionar sin  las redes sociales”, añade Negrón quien considera que en el género de la poesía es donde mejor puede funcionar este tipo de esfuerzos ya que es mucho más difícil que una editorial publique poesía a un autor nuevo, que narrativa.

Algo queda

Ángel Antonio Ruíz Laboy, ha publicado dos libros (uno independiente y artesanal y otro bajo su sello) de poesía y lidera la editorial Erizo, un pequeño proyecto que ya no lo es tanto. Ya ha publicado alrededor de 15 títulos y poco a poco va creciendo en prestigio en los círculos literarios del País.  Y a pesar de que se ha insertado en esta labor de autogestión reconoce que “aún hay una exigencia o se toma más en serio, en ciertos círculos, un libro que viene respaldado por una editorial porque habla de que ese manuscrito ha pasado por una rigurosidad”.

“Lo importante no es si lo hace con un sello o no, sino que lo haga con rigor”, enfatiza el poeta galardonado el año pasado con el premio Nuevas Letras en el Festival de la Palabra.

 Con él coincide en parte, el librero con más de 20 años de experiencia en la industria Alfredo Torres, de la Librería La Tertulia. “Es positivo que exista esta tendencia, que viene también porque ahora mismo existen varios estudios, maestrías y talleres que más que fomentar solo escritores, han forjado lectores y de ahí ha surgido un gran interés por publicar”, señala Torres para quien si bien es positiva esta tendencia, aún resulta importante como librero asegurar una calidad entre su selección. “No es que un libro autopublicado tiene que ser malo, pero le doy prioridad a la editorial porque hay un criterio, es un libro más pulido, con profesionales y recursos dedicados a eso, aunque eso no significa que uno independiente pueda ser mejor”, añade Torres toda vez que recuerda que, en cuanto a ventas, es un pecado capital comparar lo incomparable. “Hay que saber en qué país uno vive. No se puede comparar a Puerto Rico con mercados como Buenos Aires, Nueva York, París y tener una expectativa que no guarda proporción con la realidad”.

En Puerto Rico, observa, se mueven con gran éxito publicaciones independientes que van desde libros de cocina, hasta proyectos de fotografía, de humor o narrativa.

También, es clave a su juicio, entender que “un libro nunca es un producto individual”, en su proceso desde que se escribe hasta que llega al lector.

 A fin de cuentas, es usted quien lo completa, usted quien lo habrá de juzgar y usted quien habrá de escoger si será con intermediarios o no.

Esta historia publicó en la pasada edición de ¡Ea!


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