Año tras año, decenas de jóvenes boricuas aspiran a radicarse en Boston para estudiar en el prestigioso Berklee College of Music, alma máter de figuras como Juan Luis Guerra y Melissa Etheridge. No todos logran el sueño de desarrollarse en esa universidad, pero su presidente Roger H. Brown está de visita en la Isla para alentarlos y agasajar el talento musical de los puertorriqueños.

“Tenemos profesores y estudiantes de esta isla. El talento es extraordinario; hay algo mágico en Puerto Rico. Los puertorriqueños están abiertos a muchos tipos de música, contrario a otros países. Tienen una paleta más grande y más amplia que muchas otras culturas. A veces digo que necesitamos producir más talentos como (los que surgen) en Puerto Rico, dijo ayer a El Nuevo Día.

Como muestra de esa admiración, Brown le entregará este domingo un doctorado honoris causa de Berklee a William Cepeda cuando el trombonista y folclorista se presente durante el cierre del Puerto Rico Heineken JazzFest (PRHJF).

“¡Él es increíble! Es una amenaza cuádruple: toca, compone, es inventor de un estilo y es un hombre intelectual. El trabajo que ha hecho para preservar las tradiciones de la cultura puertorriqueña es muy especial y eso no lo hace todo el mundo”, sostuvo sobre el músico, a quien se le dedica el festival este año.

Según Brown, la aportación musical de otros jazzistas boricuas como el saxofonista Miguel Zenón, quien es egresado de Berklee y ha recibido reconocimiento por parte de la universidad, hace que el PRHJF sea tan especial.

“He ido a muchísimos festivales en el mundo y este es uno de mis favoritos. Los músicos se relajan cuando vienen aquí y están más entregados. El karma es genial y se traduce en mejor música, que es una con raíces muy profundas y es tan rica como en Brasil y España”, opinó.

En una conversación relajada, Brown se expresó como un hombre que ha sabido combinar su pasión por la ciencia y los negocios con la música. Con un trasfondo académico en física, gerencia y política pública, el presidente de Berklee fusiona hoy sus conocimientos y labor filantrópica en países como Cambodia con miras a seguir desarrollando talentos.

“Albert Einstein tocaba el piano y yo la batería. La música es un lenguaje complejo. Tiene sintaxis, vocabulario, dialectos. Al final lo que hacemos es comunicar”, reflexionó.

“La música, en muchos lugares, es tan importante como la comida”, sostuvo.