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En la clave de Cheo y Maelo, Rubén Blades encarna el soneo que por cuatro décadas ha impulsado una salsa revolucionaria que aún anima y consuela a los barrios latinoamericanos que perseveran en sus ideales de justicia y paz.

La longevidad de la propuesta del artista panameño se atribuye a que canta lo que muchos quisieran expresar y escuchar. Y la fanaticada de Blades reconoce que en la cultura afroantillana no hay otro pregón que exprese con tanta elocuencia los enredos e intrigas sociopolíticas de América.

Por eso, la respuesta a su espectáculo “Todos vuelven”  fue masiva e incondicional. Miles de fans, entre los 30 y 50 años, ocuparon sonrientes sus butacas en el Coliseo José Miguel Agrelot, prestos a contribuir con sus oídos, conciencias y voluntades a la búsqueda de América, aunque haya sido por poco más de dos horas.

Con la función de hoy vendida totalmente hace varios meses y abarrotando la de anoche, Blades regresó a la arena nacional tras un lustro de ausencia, confirmando que en la historia de la salsa no ha habido otro artista de su poder de convocatoria.

Al Coliseo llegaron fanáticos de los cuatro puntos cardinales del País. A las 4:30 p.m., por ejemplo, Julio César Vale salió de Isabela junto a su amigo William Vaz. Vale ha asistido a casi todos sus conciertos y aunque opinó que el cantautor no es el mismo, el contenido de sus composiciones eleva su autoestima.

“Ya se ve cansadito y puede ser por la edad. Pero siempre será mi cantante favorito porque habla mucho de prejuicios como el racismo, lo cual yo he vivido muchas veces porque vengo de un residencial”, dijo Vale, previo al inicio del concierto.

A las 9:20 p.m. se apagaron las luces del escenario y a los primeros acordes de ‘Caminos verde’, y en medio de una lluvia de confeti, en tres enormes pantallas se proyectaron imágenes de paisajes sudamericanos.

Rubén y Seis del Solar, agrupación integrada por Ricardo Marrero, Oscar Hernández, Ralph Irizarry, Mike Viñas, Eddie Montalvo, Robie Ameen, George González y Arturo Ortiz, rompieron el hielo con el relato de ‘El padre Antonio’.

El exceso de volumen opacó la voz del cantante mientras en las pantallas se exhibían visuales.

“Muchas gracias y muy buenas noches a Puerto Rico y a toda la gente de Panamá que está acá. Después de estos años de ausencia es un placer estar aquí junto a los companeros de Seis y Son del Solar”, dijo antes de presentar ‘Cuentas del alma’.

Siguió ‘Amor y control’, que compuso cuando su madre Anoland murió de cáncer y que dedicó a la familia puertorriqueña.  ‘Decisiones’, del álbum “Buscando América”, de las más tarareadas de la noche, desató la euforia de los bailadores en la parte posterior de la arena mientras muchos contoneaban sus cinturas frente a sus asientos.

Los trombonistas Reinaldo Jorge y Jimmy Bosch se integraron a los Seis para formar el Son del Solar en el segmento de las selecciones que Blades grabó con Willie Colón, el cual comenzó con el son montuno ‘Buscando guayaba’, pero con el coro y el montuno del piano sepultado por el exceso de graves.

“Esta canción es parte del trabajo que hicimos con una gran figura y una persona a la que siempre le tendremos un gran respeto, Willie Colón. Y esta canción es de uno de los mejores compositores de todo el Caribe, don Tite Curet Alonso”, comentó Blades antes de interpretar ‘Plantación adentro’, que muchos bailaron.

Al cierre de esta edición, Blades aún debía evocar los dramas de ‘Pablo Pueblo’, ‘Plástico’ y ‘Ligia Elena’.

La participación  de Cheo Feliciano en ‘Juan Pachanga’ resultó el climax del concierto que también incluyó temas como ‘Maestra vida’ y ‘Caminando’. ‘Desapariciones’ y ‘Ojos de perro azul’, ésta del cd “Agua de luna”, aportaron frescura a un repertorio que Blades vocalizó muy bien.


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