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23 de febrero de 2013
Puerto Rico Hoy
 

Escenario “de guerra” en La Tómbola

La Fiscalía Federal presentó crudas imágenes en el juicio

 

Por Limarys Suárez Torres / lsuarez1@elnuevodia.com

Casquillos de rifles de asalto y de pistolas por doquier, paredes de concreto desprendidas ante el impacto de las municiones, vehículos agujereados por las balas, calzados y celulares abandonados en el suelo ante una huida despavorida y seis cuerpos abatidos en el suelo en un desolador panorama lleno de sangre.

Así fue la escena que encontraron las autoridades en la masacre en el negocio de La Tómbola, en Sabana Seca, el 17 de octubre de 2009 y que ayer, durante el segundo día del desfile de prueba en el juicio de pena de muerte que se ventila en la sala del juez federal José A. Fusté en contra de Alexis Candelario Santana, fue mostrada por la Fiscalía Federal.

Cinco vídeos presentados al jurado –compuesto por ocho mujeres y cuatro hombres– sobre la desoladora escena del crimen de la masacre en La Tómbola fueron detallados y descritos por la investigadora del Instituto de Ciencias Forenses (ICF), Marisol Rodríguez.

“Había casquillos 762 x 39 que usa (el rifle) AK-47, calibre .223 asociado a la AR-15 y de pistolas calibre 9mm, calibre .40 y calibre .45”, especificó Rodríguez ante preguntas del fiscal federal Bruce Hegyi.

Un total de 482 casquillos y proyectiles de bala fueron recopilados por Rodríguez la madrugada después de la masacre, junto a celulares y calzado de mujer y de niños.

“Estos son dos cuerpos de dos hombres que se encontraban cerca del quiosco de frituras”, dijo la investigadora forense mientras se presentaba en sala uno de los vídeos de la escena.

Los cuerpos, ambos boca abajo, estaban rodeados de múltiples casquillos de balas tanto de rifle de asalto como de pistola.

Asimismo, se mostró en video otro de los cuerpos acribillados a tiros fuera del negocio y que era de un joven que parecía que huía de la lluvia de balas, pero cayó abatido detrás de una guagua color vino.

“Ese es mi hijo”, susurró sentado en una banca el padre de esa víctima mientras intentaba aplacar un sollozo con su mano en su boca.

Padre clama por justicia

Rafael Class, padre de Joan Manuel Class, un joven de 22 años que esa noche de la masacre había decidido ir a una cabalgata que se detuvo en La Tómbola y trágicamente falleció allí, puntualizó a El Nuevo Día que su vida ya no es la misma desde que perdió a su hijo y ahora solo espera que se haga justicia.

“Es terrible lo que nos ha pasado como familia. Ese era el nene que siempre estaba conmigo y ese día estábamos juntos en una actividad en la playa compartiendo, brincando y saltando hasta que me dijo: ‘Papi, me voy para una cabalgata’. Le pedí que se quedara conmigo porque en la playa había de todo, pero me dijo que ya tenía el caballo ensillado y que se iba. Me dio un beso aquí y aquí (se toca ambas mejillas) y se fue”, recordó Class en una plática con este diario durante un receso del juicio de pena de muerte.

“Solo quiero y necesito que se haga justicia. (Se entrecorta su voz). No creo en la pena de muerte. No quiero que la familia sufra como sufrimos nosotros, pero sí queremos que se haga justicia”, añadió.

El padre de la víctima relató que se enteró de la masacre en La Tómbola esa misma noche, cuando uno de sus hijos lo llamó para alertarlo del tiroteo en el lugar y que no lograban dar con el paradero de Tete, como le apodaban de cariño al joven.

“Cuando mi hijo me llama me dio un pequeño infarto. Me caí y al levantarme me vestí y me fui para el lugar. Yo lo llamaba al teléfono y no respondía. Como a la 1:00 p.m. un hijo mío brincó una verja, brincó otra verja y otra más hasta que llegó al segundo piso de un edificio, se asomó hacia La Tómbola y me llamó y me dijo: ‘Pa', se acabaron las esperanzas. Lo acaban de levantar del piso ahora’”, recordó mientras secaba sus lágrimas.

Según los videos presentados en sala, los casquillos de bala recorrían gran parte de la calle Progreso, donde estaba localizado el negocio de La Tómbola, así como en la calle Los Bravos, una avenida aledaña al lugar.

Mientras, rastros de sangre eran visibles en la carretera, en la parte posterior del negocio, en el almacén del negocio y en el interior del lugar.

El jurado no pudo aguantar su mirada ante la imagen de una mujer, abatida a tiros al lado de un billar dentro del establecimiento, cuya rostro boca arriba estaba inundado de sangre.

Junto a Candelario Santana enfrenta juicio por los mismos hechos, aunque no de pena de muerte, David Oquendo.

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