(horizontal-x3)
Las nuevas generaciones, en particular los millennials, han crecido inmersos en el paradigma digital, y como buenos nativos tech se han acostumbrado a consumir de manera diferente.

¿Para qué ir al cine si podemos ver la peli vía “streaming”? ¿Para qué salir a comer si podemos pedir comida gourmet a domicilio? ¿Para qué salir a conocer a alguien si con Happn puedess conocer gente vía web, con menos vueltas (y menos esfuerzo)? 

Ésta parece ser la nueva predisposición de los jóvenes hoy, consolas de videojuegos, Netflix, redes sociales, apps y delivery, entre otros ejemplos, de por medio. En plena era de commoditización del arte y los consumos, cuando todo está al alcance de un click y cada necesidad parece saciada por la tecnología, todo indica que cada vez se sale menos. 

Las nuevas generaciones, en particular los millennials, han crecido inmersos en el paradigma digital, y como buenos nativos tech se han acostumbrado a consumir de manera diferente. 

Según una encuesta realizada por la plataforma online Eventbrite titulada "Generación Tecnológica: Millennials y eventos ", este subgrupo particular ya se ha habituado a las compras online, a obtener una respuesta inmediata, a la puntualidad y a utilizar crédito antes que al efectivo. 

En este sentido la actividad online les permite ahorrarse ciertas cosas que consideran ineficientes o no les gustan de la presencialidad (al concurrir a un evento): como las filas, que nadie les responda las dudas o reclamos, desorganizaciones o falta de puntualidad, y el uso de efectivo. 

Pero sobre todo, como también marca el estudio, los preserva de las "falsas expectativas", dando cuenta de que no es sólo una cuestión de seguridad o comodidad a la hora de realizar actividades, sino que el que tener que lidiar con el mundo físico constituye una molestia para muchos de estos jóvenes.

Los estrenos, mejor en el sillón

Por otro lado, la tecnología y customización en la experiencia de muchos consumos culturales favorecen el entretenimiento puertas adentro. La posibilidad de ver TV en buena calidad desde nuestros hogares (en formato on demand, streaming o download), sumado a los costos actuales del cine y una creciente oferta de servicios para disfrutar desde casa sin molestias externas (fomentando también modalidades como el bingewatching o maratón televisivo), han hecho que esta salida se esté discontinuando generacionalmente. 

No es casualidad que según los estudios la peor temporada haya sido la del año pasado, aún con millones invertidos y grandes blockbusters para tentar al público, y que los directores y productores estén planteando que el futuro de la industria pasa por otro lugar: la realidad virtual y los videojuegos.

Algo similar sucede con la música, que ya venía en picada en el consumo global en lo relativo a la venta de discos, y ahora tambalea en materia shows en vivo debido a los altos costos. De acuerdo a la encuesta de Eventbrite cuando se les pregunta a los millennials a qué espectáculo concurren más, el cine (83%) y los recitales (61%) son los primeros nombrados; sin embargo, a la hora de hablar de frecuencia y gasto concreto en esas actividades, los número son mucho más desalentadores. La mitad de los jóvenes hoy no asiste a más de 1 evento por mes (49%), y el número continúa descendiendo si se aumenta la frecuencia (2 veces 26% 3 veces 12%, 4 veces 08%, +5 veces 05%), con un gasto promedio de entre $200-$500 el 52% de los encuestados.

Es decir, que al menos la mitad de la gente entre 20 y 35 años -una franja que uno estimaría de gran consumo- sale sólo una vez por mes y gasta no más de $500, que teniendo en cuenta los precios vigentes puede no cubrir la entrada de un recital, y que si hablamos de una cena para dos es apenas el piso. En el caso de otras opciones como fiestas, festivales, cenas o teatro, los números revelados en la encuesta son inferiores, y sólo un 22% de los encuestados declara gastar entre $500 y $800.

Interpelados por los motivos por los que salen, los jóvenes asignaron al "relax" uno de los primeros puestos (33%), seguido de "disfrutar en pareja" (10%), "ver a amigos" (7%), o "cultura" (6%). Si hasta el plan de salir a ver a los amigos en un país que se jacta de ser "amiguero" parece haber quedado un tanto desplazado. Al fin y al cabo, ¿para qué salir a ver a los amigos si puedess organizar tu noche (solo o en compañía) en torno a la Play o la Wii?

Menos holgados que las generaciones anteriores

Otros fenómenos culturales de incidencia pueden ser el hecho de que hoy el boom de los los hogares unipersonales esté cediendo ante otras opciones de vivienda como el co-living (vivir con amigos o en comunidad) o los hogares multigeneracionales (vivir en casa de los padres y/o con familia), por tanto la soledad es relativa, y las formas de entretenimiento/consumo se ven afectadas por estas nuevas modalidades urbanas. 

Asimismo, el poder adquisitivo de los Millennials está en declive, con una brecha generacional importante entre el poder adquisitivo de nuestros padres y abuelos, y el nuestro. En un estudio reciente publicado por The New York Times se observa un descenso marcado del poder adquisitivo de los jóvenes adultos desde la década del 40' en adelante, y la cruda realidad marca que para los nacidos en la década del 80 en adelante la premisa general es que ganaremos un 50% menos en relación a las generaciones previas.

A su vez, esta economía impulsa nuevas formas de consumo y socialización, y se intuye una vuelta que podría poner lo presencial a la cabeza: salir a los bares, encontrarse con la gente, la calle como experiencia revalorada. Dejando a un lado opciones locales que todavía continúan teniendo gran tracción -y son difíciles de reproducir en el ámbito casero- como el boliche, quizás sean los bares o el plan de "ir a tomar un birra" lo que sobrevive y está ganando la calle en momentos económicos inciertos. 

Un plan versátil, accesible, gregario, que demuestra que la ciudad no ha perdido su atractivo como espacio social y cultural.

Toda generación considera que los hábitos de la que le siguen están contribuyendo a una deshumanización o atrofiamtiento general, así lo explica la columnista Molly Young en una editorial reciente sobre el tema, si bien, estos miedos son naturales y a veces injustificados -recordemos el pánico que generó el teléfono o la irrupción de la TV. 

Pero Young sí parece dar en la tecla con algo más profundo de índole cultural: en qué medida la idea de quedarnos adentro en vez de tomar la decisión de salir no nos está privando de tener aventuras, conocer a alguien (una pareja o amigos) y otras tantas cosas. "Los pros son muchos, pero la potencial decepción es igualmente monumental (.) Lo hacemos por la posibilidad de encontrar algo espectacular". Después de todo, algunos sugieren que cuando se trata de salir, todo se resume a un estado mental.


💬Ver 0 comentarios