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Estas (Ferrer y Solórzano) amigas enfatizan que educar sobre la sexualidad es vital para la convivencia y para coexistir en una sociedad diversa. (horizontal-x3)
Estas amigas (Ferrer y Solórzano) enfatizan que educar sobre la sexualidad es vital para la convivencia y para coexistir en una sociedad diversa. (André Kang)

“Corres como nena”, “Los hombres no lloran”, “Hija fuiste, madre serás”, “Aguanta como macho”. Es muy probable que a lo largo de su vida haya escuchado al menos una de estas frases que lamentablemente siguen repitiéndose en nuestra sociedad. 

Cada una de ellas encierra grandes prejuicios y apuntan al rol que juega el lenguaje en la construcción del género. Conscientes del peso de las palabras, la guía certificada en Montessori a nivel elemental Melissa Solórzano García y la trabajadora social Karla Ferrer Arévalo se unieron para desarrollar una serie de talleres para adultos donde abordan el tema de la sexualidad en la niñez desde la literatura infantil y juvenil.  

Lo primero que aclaran las expertas es que los talleres que ofrecen no son sobre cómo hablarles a los niños y niñas sobre sexo, ya que la sexualidad es mucho más amplia. Manejar las emociones, la identidad, diversidad, el género, cómo relacionarse con otras personas y con uno mismo, todo eso y más es la sexualidad, que también incluye el componente sexual, entiéndase, reconocer las partes del cuerpo y sus funciones, como explica Solórzano García. Ferrer Arévalo agrega que también está incluido en la definición el placer, el cual no implica erotismo, ya que  la niñez no reconoce esa simbología. “Ellos sienten placer cuando le das un abrazo, cuando estás enfermita y te abrazan sienten placer, hacer las necesidades básicas les da placer, así como comer y jugar”, orienta. 

Las expertas coinciden en que el tema de la sexualidad, y más todavía si es en la niñez, sigue siendo un tabú en la sociedad. Así se lo dejaron saber la cantidad de consultas que recibían por parte de educadores, padres y madres en torno a este asunto. Ese desconocimiento fue lo que las motivó a desarrollar un programa para proveerles las herramientas necesarias a los adultos para que puedan trabajar el tema con los niños y las niñas de 0 a 10 años de edad. Solórzano García desarrolló en el 2015 el proyecto Leamos Más Puerto Rico, un blog en el que comparte consejos sobre cómo trabajar el tema de la literatura en la niñez de una forma placentera y no como algo exclusivo de la escuela. Ferrer Arévalo, por su parte, estaba haciendo su maestría en trabajo social en Uruguay.  Durante un encuentro que tuvieron, ambas compartieron experiencias y se percataron de la necesidad que había en educar sobre la sexualidad en la niñez. Fue así que idearon crear una serie de talleres donde abordan el tema a través de dinámicas, lecturas, poesía y juegos.

“Lo que queremos principalmente es proveerles herramientas a las madres, padres, familias y educadores para que puedan acompañar el desarrollo de la niñez porque, como bien dice Melissa, la sexualidad es algo que está con nosotros y que vamos aprendiendo según nuestro sexo biológico”, expresa Ferrer Arévalo. 

Destaca que en muchas ocasiones los participantes tienen la conciencia, pero no las herramientas para abordar el tema y no saben por dónde comenzar. Es por eso que los talleres que llevan a cabo son vivenciales y basados en ejercicios que los adultos luego pueden llevar a cabo con los niños y niñas.  Uno de los primeros que realizan es pedirles que seleccionen una frase de las que se repiten de generación en generación, como “los hombres no lloran” o “corres como nena”, entre otras. Esa simple selección sacude a muchos de los participantes porque se percatan de cómo el lenguaje los ha ido construyendo. 

“Es bien interesante porque a muchas personas se les hace bien difícil entender el concepto de género y cuando se lo pones de esa manera lo logran entender”, relata Solórzano García. Otro ejercicio que hacen es que le preguntan sobre un libro, autor/autora o personaje que recuerden de su infancia. Es entonces cuando los participantes se dan cuenta de que se han construido, principalmente, a través de voces masculinas y que los personajes femeninos que conocen, por lo general, son débiles y víctimas, mientras que los masculinos son fuertes y valientes.  “No podemos seguir seleccionando libros para niños y niñas donde los personajes femeninos siempre sean víctimas en espera a que las rescaten”, afirma la educadora montessoriana.

Por eso al finalizar cada taller, las talleristas ofrecen a los participantes una lista de libros que trabajan la inclusividad, equidad y diversidad. Figuran títulos como “El libro de los cerdos”, de Anthony Brown; “Yo solita”, de Ita Venegas Pérez; “Mi familia es de otro mundo”, de Cecilia Blanco; “De familia en familia”, José Nesis y Paula Szuster, y “Los espejos de Anaclara”, de Mercedes Calvo. “Estos libros son para trabajar emociones, estos libros son para trabajar el consentimiento, para trabajar la violencia y también hay libros informativos”, comenta Ferrer Arévalo.  

Estos textos, orientan las expertas, no son para que los pequeños los lean solos, sino para que los adultos los compartan con ellos. “Muchas cosas que están en los libros la niñez no la puede comprender a menos que no se debata, que se les explique”, indica Solórzano García. 

De ahí la importancia de que los adultos conozcan sobre qué es, por ejemplo, la perspectiva de género, educación que ha sido malinterpretada, según observan ambas profesionales. Señalan que es vital informarse sobre el tema para educar a los más pequeños, independientemente si el Departamento de Educación acoge o no un currículo bajo esta filosofía educativa que promueve la inclusión y la equidad y que es tan necesaria para comprender el concepto de sexualidad.   

“No necesitas un currículo que te permita hacer eso, necesitas herramientas que te lleven a crear la conciencia cotidiana para tú hacerlo, independientemente si el Departamento lo avala o no lo avala. De la misma forma que el Departamento tiene  maestros religiosos que están dando la palabra del Señor en el salón, conozco maestras religiosas que también están dispuestas a incluir el discurso de la sexualidad en sus clases. Porque estono es una cuestión de religión, es una cuestión de cotidianidad”, puntualiza Solórzano García a la vez que reconoce que, si el sistema no provee las herramientas, ellas las van a compartir.  

Estas amigas enfatizan que educar sobre la sexualidad es vital para la convivencia y para coexistir en una sociedad diversa. “Lo que se pretende aquí es respetar la diversidad y que cada cual pueda vivir desde su trinchera con un respeto que nos merecemos todos y todas porque partimos de los derechos humanos”, propone Ferrer Arévalo.  

“Si a mí me gusta el básquet porque soy nena tiene que estar bien, y si a mi primito le gusta bailar ballet tiene que estar bien, también. No nos podemos destruir. Tenemos bastante con el sistema. Entre nosotros nos tenemos que respaldar”, agrega la trabajadora social. 

Sobre la edad en que se le debe hablar a los niños y niñas de la sexualidad, las expertas coinciden que desde que nacen. “Si tú estás bañando a ese niño o esa niña y le estás diciendo esto se llama nariz, que esto se llama brazo, pues también deberías enseñarle que esto se llama vulva, que esto se llama pecho. Es nombrar el cuerpo con los nombres correctos. Por ahí también empezamos a trabajar con lo que es la privacidad, la higiene, el consentimiento y estamos previniendo, incluso, violencia intrafamiliar”, informa Ferrer Arévalo. 

Solórzano García dice que uno de los argumentos de los adultos es que es “mucha información para la niñez”, pero realmente cuánto es mucha información. “¿Tú le vas a negar a ellos tener esta información para que no tengan las herramientas para enfrentar situaciones mucho más complejas en la vida?”, cuestiona. 

  Tampoco se trata, sin embargo, de forzar la explicación ni de atiborrar al niño o a la niña. “No es que lo abrumes de información es que cuando te hagan una pregunta, asegúrate de ser asertivo y contestar lo que es. Y si no sabes, busca con el niño y rompe con la estructura de que el adulto lo sabe todo”, suma la educadora.  Al cuestionarle a las profesionales por qué el tema de la sexualidad continúa siendo un tabú en nuestra sociedad, las respuestas son históricas. “Estamos hablando  de siglos de patriarcado, de una revolución científica que en el siglo 19 había como un cierto libertinaje y de repente se empezó a prohibir todo”, comparte Ferrer Arévalo.  “Yo lo resumiría en que el conocimiento te da poder y conocer sobre tu cuerpo es conocer sobre un montón de cosas que el estado y la iglesia no quieren que sepas. Ellos controlan el cuerpo y lo que pasa y no pasa por él. Un ejemplo  es lo que  está pasando con el alcalde Héctor O’Neill, (a quien el Departamento de Justicia  declaró “sospechoso de delito y un presunto acusado” por un alegado incidente de hostigamiento sexual que se le imputa y quien pese a la solicitud de renuncia por parte del Gobernador y un sectordel público, permanece en su puesto) donde hay un sector que le está pasando la mano”, opina Solórzano García, quien entiende queeducar sobre la sexualidad es crucial para la prevención de la violencia. 

“Lo que pasa es que la gente realmente no entiende lo que es la sexualidad. La perspectiva de género, por ejemplo, quienes están en contra de ella es porque no la entienden y por eso la rechazan. Pero no se dan a la tarea de aprender porque al mismo tiempo tenemos todas estas comunidades súper poderosas diciendo que esto hay que rechazarlo”, reflexiona. 

En cuanto a la experiencia que han tenido trabajando con niños y niñas, a quienes también ofrecen talleres, las expertas dicen que ha sido maravillosa porque descubren una verdad incuestionable.  “Siempre que terminamos un taller con niños y niñas lo que nos dicen es que se sintieron libres de poder expresarse. Eso nos dice a nosotras que hay una sed de parte de ellos de hablar de esto. Nosotros (los adultos) somos los que no queremos”, comenta Solórzano García.  “Ellos lo que están diciendo es que quieren que los escuchen”, agrega Ferrer Arévalo reconociendo una vez más la importancia y el poder que tienen las palabras.


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