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El pasado viernes, la secretaria de Educación anunció el cierre de cientos de planteles escolares. (Jorge Ramirez Portela)

El cierre de 179 escuelas públicas será una realidad a finales de este semestre y ante ello, el impacto que la medida provocará entre los estudiantes podría alterar sus emociones y actitudes frente a las reubicaciones y en su vida cotidiana.

Miedo, tristeza, negación, frustración, sentido de pérdida e incluso resistencia al cambio son algunos de los sentimientos que estos niños y  jóvenes podrían experimentar, pese a que sus padres y ellos mismos han hecho manifestaciones para evitar el cierre de sus centros educativos.

Ante este panorama, sus progenitores resultan una pieza clave para ayudarlos a salir adelante y hacer este proceso lo menos traumático posible para los niños, coincidieron varios sicólogos consultados por endi.com.

Según Amarilys Rodríguez, sicóloga especializada en niños y familias, el proceso de cambiar de escuela puede ser impactante para un niño porque, para muchos de ellos,  es como su segundo hogar, es el lugar donde ellos pasan más tiempo y donde se sienten más seguros cuando mamá y papá no están.

“Esos cambios pueden traer resistencia en muchos niños. Pueden entrar en negación, en llanto porque no quieren irse de su escuela. Los niños más grandes pueden mostrarse molestos, incómodos, desmotivados porque esa nueva escuela no es el escenario que ellos conocen. Incluso, se podrían mostrar cambios conductuales bastante marcados”, indicó Rodríguez.

Pero no solo los niños podrían tener este tipo de perjuicios, también los padres, que han estado en pie de lucha contra el cierre de los 179 recintos. Y una de las situaciones que más les podría molestar es que el nuevo plantel a donde serán asignados sus hijos, les quede más lejos de su casa. Tampoco les sentará bien ver decaídos a sus hijos en el inicio del nuevo curso escolar.

Por eso, según Rodríguez, es importante que los padres conversen claramente y con un lenguaje apropiado sobre estos cambios según la edad del menor.

Cómo abordar el tema con niños de 5 a 12 años

Es un hecho que no todos los niños comprenden de la misma manera y mucho influye su edad. Por ejemplo, a uno que cursa el kínder hasta sexto grado (5 a 12 años) se le debe transmitir un mensaje de apoyo. Hablarle de que irá a una nueva escuela donde podrá seguir aprendiendo, donde se sentirá seguro. Además deben de comprometerse en ayudarle en su proceso de conocer a gente nueva y en la transición, aseguró la sicóloga Frances Boulon.

También se le debe explicar por qué su escuela va a cerrar, los motivos por los que será trasladado a otro plantel, en donde tendrá nuevos maestros, y entonces el niño verá que los cambios pueden ser positivos. 

Pero eso no es todo. Los padres igualmente deben escuchar las frustraciones y el coraje de sus hijos pequeños.

“Hay que tener mucha calmay fortaleza porque los padres tienen frustraciones y coraje y no es saludable que los adultos no controlen sus emociones. Hay que ser un modelo ante los problemas, hay que razonar y buscar alternativas. El proceso de escuchar las quejas y los temores del niño pueden revelar esas alternativas”, sostuvo Boulon.

Y, ¿con los niños de 12 a 14 años?

La población más difícil ante los cambios es la que fluctúa entre los 12 y los 15 años. Este grupo es el que muestra mayor resistencia al cambio, ya que, según ambas expertas, la adolescencia se caracteriza por las transformaciones en la conducta.

En ese sentido, se les debe de explicar lo que está pasando con su escuela pero mostrando una postura pacífica y tranquila, ya que eso les va a dar mayor seguridad. 

De hecho, para ayudar al proceso de transición, Rodríguez recomendó que los padres deberían visitar con su hijo la nueva escuela, ver las facilidades y conocer al personal, ya que eso contribuye  a que sea mejor el cambio de ambiente. 

Y ¿cómo hablar del tema con los adolescentes de escuela superior, los que tienen de 15 a 17 años?, se les cuestionó.

Aunque Rodríguez aseguró que los adolescentes de esta edad tienen mayor madurez para entender las cosas, no podemos ignorar que también pueden sufrir la transición, principalmente si llevan muchos años estudiando en la misma escuela y compartiendo con los mismos compañeros. Incluso, para muchos podría ser doloroso no graduarse en el lugar que aspiraban.

Ante ese sentido de pérdida, hay que hablarle mucho, apoyarlo y darle espacio para ventilar sus preocupaciones.

“Hay padres que piensan que con decir: ‘No te preocupes, vas a conocer a otros’, es suficiente. Hay que decirles que es un proceso por el que pasan muchas personas, incluyendo en sus trabajos, pero la realidad es que vas a poder graduarte y podrás alcanzar tus metas. Decirle que aunque no estudie con los mismos compañeros se pueden hacer gestiones para que continúe la comunicación con ellos, que continúe la relación de amistad. Eso le dará un poco de tranquilidad”, agregó la experta.

De la misma forma opinó Boulon, al destacar que los padres también pueden preguntarles a sus hijos en qué escuela quisieran estudiar. Con esa consulta, dijo la experta, podrían abrir las puertas a nuevas opciones que aún no se han considerado. Por ejemplo, estudiar en escuelas especializadas en música, arte, deporte, ciencias, matemáticas, por mencionar algunas.

“Ese tipo de estrategia da ayuda a mirar una situación incómoda como una oportunidad. A veces tenemos que salir de la zona de confort para explorar alternativas creativas que pudieran traernos oportunidades nuevas”, agregó esta experta.

Finalmente, Rodríguez exhortó a los padres que si sienten que no tienen la capacidad de trabajar esto con sus hijos, deben de consultar a un profesional, especialmente un sicólogo, para que lo ayude en este proceso de transición.

“No deben esperar a que llegue agosto para buscar ayuda porque eso se puede ir trabajando desde ya”, puntualizó Rodríguez.


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