El tratamiento alternativo se vuelve más común cuando la enfermedad ya no responde a los procedimientos convencionales (horizontal-x3)
El tratamiento alternativo se vuelve más común cuando la enfermedad ya no responde a los procedimientos convencionales. (Archivo / GFR Media)

La semana pasada, la Administración de Medicamentos y Alimentos de EE.UU. (FDA, por sus siglas en inglés) anunció que había cursado sendas cartas de advertencia a 14 compañías norteamericanas que comercian productos que “sin ninguna base científica” prometen curar el cáncer.

Gracias a la detección precoz, el pronóstico del cáncer ha ido cambiando en los últimos años. Mientras que en los años 70 solo entre el 15% y el 20% de las personas vivían al menos cinco años después de que se les diagnosticara la enfermedad, en la actualidad esa sobrevida llega al 70%.

A pesar de esa realidad, el diagnóstico de cáncer causa profundos sentimientos de muerte y sufrimiento en el enfermo y la familia, lo que despierta la ambición de charlatanes y comerciantes inescrupulosos que ofrecen productos que prometen curar la enfermedad sin mayor esfuerzo.

¿Tratamientos? Frente al diagnóstico del cáncer, la gran mayoría de  personas escoge el tratamiento formal o convencional, poniendo su salud en manos de un oncólogo, quien diseña un plan de tratamiento para controlar la enfermedad con el objetivo de proporcionar una vida larga y con calidad.

No es raro que, durante ese proceso, muchos pacientes empleen tratamientos complementarios, tales como masajes, musicoterapia, aromaterapia, meditación, yoga y reiki, entre otros, para aminorar los efectos secundarios del tratamiento convencional y sobrellevar la normal ansiedad de luchar contra el cáncer.

Es importante recordar que estos métodos complementarios de tratamiento no se usan, ni se promocionan, para curar la enfermedad, sino para aliviar algunos de los síntomas asociados a ella o a su tratamiento.

Esos métodos son diferentes de los llamados tratamientos alternativos, cuyos proponentes aseguran que pueden curar la enfermedad y, por tanto, pueden ser usados como una alternativa a los tratamientos convencionales.

En este grupo de productos sin sustento científico están los ayunos prolongados, dietas alcalinizantes o sin carne o leche, enemas, hierbas, aguas mágicas de Grecia, bicarbonato, cartílago de tiburón, uña de gato, coenzima Q10, homeopatía, orinoterapia (tomarse la propia orina), quelación, tratamiento de Gerson, noni, terapia celular, veneno del alacrán azul de Cuba, gorgojos, antineoplastones del Dr. Burzynski, factores de transferencia y otros productos, como los recientemente sancionados por la FDA.

Los límites del tratamiento médico. Si bien es cierto que son muy pocos los pacientes recién diagnosticados de cáncer que deciden rechazar el tratamiento convencional y escoger un tratamiento alternativo, estos se vuelven muy comunes cuando la enfermedad ya no responde a los procedimientos convencionales.

En otras palabras, es cuando la enfermedad avanza sin control y el paciente desmejora día a día y las medicinas ya no tienen efecto. En ese momento, el paciente y sus familiares buscan alternativas para tratar de enmendar el rumbo y tratar de controlar el cáncer.

Esa desesperación es atizada por la incapacidad de los médicos tratantes, quienes no saben comunicar con franqueza y sinceridad que la medicina ha llegado a su límite y que es momento de parar el tratamiento y trabajar juntos en el final de la vida del paciente.

En su libro “Ser mortal: medicina y lo que importa al final de la vida”, el médico Atul Gawande argumenta que eso sucede porque el médico se forma para considerar a la muerte un enemigo que debe combatir a toda costa, por lo que le resulta difícil aceptar que su paciente puede morir y se considera derrotado cuando fallece.

Cómo reconocer un engaño

Los siguientes son los trucos más frecuentes que usan los charlatanes.

Ofrecen curas rápidas, sin esfuerzo y “garantizadas”.

Anuncian sus productos como una cura milagrosa para un gran número de enfermedades.

 Anuncian que pueden tratar problemas médicos que ya han sido desahuciados por la ciencia.

Ofrecen productos que solo ellos saben preparar y que aún no han sido reconocidos por la ciencia médica, y usan palabras claves como “cura milagrosa” o “remedio antiguo”.

Dicen que sus productos son 100% naturales y no contienen sustancias químicas.

Presentan testimonios pagados de personas que aseguran haberse beneficiado al usar los productos del charlatán.

Mezclan ciencia con fantasía. Esto es muy común para profesionales de la salud que venden vitaminas, hierbas y minerales.

Son muy afectos a usar a Dios en sus ofrecimientos y aparentan espiritualidad y religiosidad.

Ofrecen garantía absoluta y devolución del dinero si el producto no funciona.

Por último, sabiendo que la gente está desesperada por algún caso grave en la familia, ofrecen solución al problema con sus productos milagrosos, diciendo: “No perdemos nada con probar”.  


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