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18 de mayo de 2013
Puerto Rico Hoy
 

“Esto es bien cuesta arriba”

Un camino espinoso fue lo que encontraron los cesanteados por la Ley 7 que decidieron crear un negocio

 

Por Gloria Ruiz Kuilan / gruiz@elnuevodia.com

A pulmón y con mucho esfuerzo, Mayra González comenzó en el 2010 a dar forma a su negocio de confección y venta de mermeladas y salsas.

Con la receta de mermelada de mamey que aprendió a hacer a los 18 años, esta antropóloga visualizó la ruta que hoy es la fuente de ingresos de su hogar, provee la manutención de sus cuatro hijos y, más importante aún, les enseña el valor y la dignidad del trabajo.

Al igual que Mayra, Miguel Torres creó su microempresa para ofrecer servicios fotográficos en todo tipo de evento. Ambos formaron parte de los miles de empleados cesanteados por la Ley Especial de Emergencia Fiscal o Ley 7, implementada por la pasada administración de Luis Fortuño.


Tras el despido, ambos optaron por reemplearse como pequeños empresarios, pero utilizaron diferentes herramientas y sus casos tuvieron distintos desenlaces.

Reconocieron, en entrevistas separadas, que establecer un pequeño negocio fue un ejercicio arduo que depende de muchos factores y que, no siempre, termina siendo próspero.

La Ley 7 se puso en vigor entre 2009 y 2010 y conllevó el despido –por fases– de miles de empleados gubernamentales. La primera consistió en que 2,553 empleados dejaran sus puestos en el Gobierno de manera voluntaria. La segunda conllevó la cesantía de 14,139 funcionarios públicos que no contaran con 13.5 años o más en sus puestos. Sin embargo, después de los despidos, se supo que hubo gente cesanteada que superaba ese período de antigüedad.

Según el anuncio que hizo en mayo del 2009 la Junta de Reestructuración y Estabilización Fiscal, entidad que se creó exclusivamente para atender la Ley 7, los cesanteados tenían derecho a una de las siguientes ayudas: un vale educativo por $5,000, un vale para adiestramiento técnico o vocacional por $2,500, un vale para sufragar costos de relocalización de $2,500, un vale para ayudar a montar su propio negocio por $5,000 o un subsidio de 50% de su salario al ser empleado por la empresa privada.

Las pocas estadísticas que posee el Gobierno sobre los funcionarios públicos despedidos dan cuenta de que, de los 18,929 cesanteados, solo 3,853 recibieron una de las cinco ayudas que ofrecía el Gobierno. De esa cifra, unos 1,317 le echaron mano al vale de $5,000 para crear un negocio.

Sin embargo, el respaldo del Gobierno culminó con el desembolso del dinero. Y para algunos, como es el caso de Mayra, ni eso llegó. Contó que tras ser despedida en el 2009 del Archivo General de Puerto Rico, donde llevaba tres años laborando, llenó la información que le solicitaron en la página puertoricotrabaja.com. con el fin de recibir ayuda. Todavía está esperando por su vale. “Entré a ese portal. Ahí llenabas una solicitud donde vaciabas toda la información. Todo eso yo lo llené. Ninguna ayuda recibí. Me las vi bien negras porque me separé (de mi esposo); mi hija (mayor) entró a (estudiar a) Mayagüez, más me quedé sin trabajo. Fue bien fuerte; no ha sido fácil. Esto es bien cuesta arriba”, relató.

Explicó que trabajó en el comedor escolar de la escuela de su hija menor a cambio de que ella permaneciera matriculada en el colegio al que asistía, lo que también le facilitaba buscar a su hijo a una escuela cercana. Fue en ese comedor que alguien le trajo los mameyes que abrieron la puerta al negocio que hoy día se llama Industrias Ley 7. “Para registrar el evento, que no se pierda en la memoria, porque yo soy antropóloga. Es una denuncia”, dijo.

Convertirse en empresaria de un pequeño negocio requirió de varios elementos que incluyeron un cambio de mentalidad y trabajar los siete días de la semana, según explicó. “Tengo una familia que me ha apoyado; no puedo dejar de trabajar. Ellos me tienen que ver trabajando y luchando por ellos y siempre en unidad familiar”, manifestó.

Un camino irreal

Aclaró que “el éxito es subjetivo” para, de inmediato, explicar que el empresarismo no era un camino real para la mayoría de los cesanteados por la Ley 7, puesto que se requiere un cambio de mentalidad y de estilo de vida, y mucha consistencia.

Esto, porque el mismo Gobierno pone obstáculos para algo fundamental en cualquier negocio: la permisología. Mayra requirió de una licencia de salud ambiental del Departamento de Salud, la que obtuvo nueve meses después de comenzar a hacer las mermeladas.

“Con mucha dificultad”, su negocio satisface las demandas de un hogar de cinco personas, con menores entre los 9 y 22 años de edad. Dijo que vende entre $1,000 y $1,300 al mes, con una variedad de más de 20 sabores. “No es ganancia. De ahí invierto y resuelvo. Fue dificultoso y sigue siendo difícil. Mi empuje son mis hijos, darles herramientas de trabajo para que, si pasan por circunstancias como las que yo he pasado, puedan seguir adelante. Que sean personas trabajadoras y humildes”, afirmó Mayra.

Por su parte, a Miguel Torres, quien prefirió no ser fotografiado para este reportaje, no le faltó empuje ni el apoyo de su familia. Incluso, a diferencia de Mayra, consiguió uno de los vales de $5,000 que le ofreció el Gobierno tras ser despedido del Departamento de Hacienda, del que era director administrativo en la región de Bayamón.

Con su despido en noviembre de 2009 y, tras hacer una propuesta, recibió en febrero de 2010 el vale de $5,000 para su negocio.

“Busqué varias alternativas para mercadearlo. Encontré que la gente no estaba dispuesta a gastar mucho dinero y, realmente, la fotografía profesional es costosa, y con la nueva tecnología, que la gente tiene ahora en un celular, con eso resuelven. Por más que intenté con varias áreas de mercadeo... escuelas, novias, quinceañeros, equipos de deportes...”, explicó.

Por ello y porque entiende que levantar un negocio requiere de una mayor inyección económica, su autoempleo duró solo cuatro meses.

Miguel aún permanece desempleado. Peor aún, perdió su casa, su auto, y vive con su suegra junto con su esposa y sus dos hijos adolescentes de 13 y 16 años.

“Mi suegra nos ayuda. Pasé de ganarme $4,000 mensuales a 0. La cosa está bien difícil. He pensado en irme a Estados Unidos... pero Dios no deja de ayudarnos para que cada mañana tengamos qué comer”, dijo.

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