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1 de abril de 2012
Música
 

Festival Mar y Sol, el Woodstock boricua

Hace exactamente 40 años, Puerto Rico se convirtió por tres días en la capital del rock mundial

 

Por Jorge L. Pérez / jperez@elnuevodia.com

Si el festival de Woodstock, celebrado en 1969, fue, como decía el afiche original, “tres días de música y paz”, también puede afirmarse que el de Mar y Sol, celebrado en la playa entre Vega Baja y Manatí del 1ro. al 3 de abril de 1972, se recuerda como “tres días de música, caos y sol”.

Mucho sol: los “hippies” o post-hippies norteamericanos que vinieron para disfrutar de un jugoso manjar de música rock y de las bendiciones del cálido clima caribeño, al parecer se pusieron a comulgar tanto con la naturaleza que muchos sufrieron insolación.

Era un sol que no bajaba la guardia: Gonchi Sifre, el baterista boricua de la banda puertorriqueña que abrió el festival -Rubber Band- recordó que los rayos golpeaban tan fuerte que casi se quemó los dedos cuando tocó uno de los platillos de su instrumento.

En fin, el evento al aire libre, conocido como The First International Puerto Rico Pop Festival, siguió el mismo formato de Woodstock y, gracias a la reputación del promotor Alex Cooley, quien ya había presentado festivales parecidos en Texas y Atlanta, atrajo a artistas de renombre.

Pero los problemas y el caos también acudieron a la cita.

El grupo que iba a cerrar el festival era Black Sabbath, pero también tocaron aquí otras superestrellas de la época, como Rod Steward y Faces (con el guitarrista Ronnie Wood), Emerson, Lake and Palmer, The Allman Brothers Band, J. Geils Band, Alice Cooper, Osibisa, Billy Joel, B.B. King, Mahavishnu Orchestra (con el afamado guitarrista John McLaughlin) y la leyenda del jazz, Dave Brubeck, entre otros, incluyendo cinco bandas del patio. Cooley tenía la intención de obtener los mismos jugosos resultados económicos que Woodstock, contando no tan solo con los ingresos de la taquilla, sino la filmación de un documental y la edición de un disco en vivo. Sin embargo, el festival fue un fracaso económico.

Para empezar, aunque Ozzy Osbourne y compañía llegaron a la Isla, Black Sabbath se quedó sin tocar: se ha rumorado que fue debido a una disputa contractual, aunque lo más probable es que se haya debido a la imposibilidad de transportarse hasta el festival por encontrarse bloqueadas las carreteras.

Además, hasta el último momento, un interdicto del gobierno -que temía el uso masivo de drogas- amenazó con paralizar la celebración del evento y, al igual que pasó en Woodstock, aunque en teoría había que pagar por la entrada -$15 por los tres días- lo cierto es que casi todo el mundo entró como Pedro por su casa. A pesar de que el festival se promocionó en la llamada prensa “underground” de Estados Unidos, fueron pocos los rockeros o hippies norteamericanos que pudieron sufragarse un pasaje aéreo, por lo que se cree que, si acaso, la asistencia fue de unas 50,000 personas, cuando la ambición era atraer a más de 100,000.

Para colmo, aunque había hecho trámites para filmar los actos musicales, las dudas que sembró el interdicto gubernamental abortó los planes de Cooley y se dio a la fuga hacia Estados Unidos antes de que terminara el evento, huyéndole a un arresto inminente y dejando en el aire, según se dice, una deuda de más de $40,000 en impuestos. Además, tres jóvenes murieron ahogados y otro resultó ultimado a machetazos. Lo único positivo, pues, fue que Atlantic Records sí sacó ese mismo año un disco doble en el que figuran numerosas piezas tocadas en vivo durante el festival.

LA MÚSICA CONTINÚA

Bueno, eso fue “casi” lo único positivo. Lo otro: el recuerdo que quedó en la mente de muchos de los asistentes al festival que hoy cumple 40 años.

Y dos de los principales responsables de mantener el recuerdo son Glenn Abbott, el fotógrafo puertorriqueño que en 1973 cubrió Mar y Sol para la revista Bohemia y que hace par de años rescató muchas de esas fotografías; y Reniet Ramírez, quien en 2005 inició la página Marysolpopfestival.com.

Abbott incluso elaboró un “poster” con algunas de esas fotos, y se ha mantenido en contacto con muchos de los artistas que participaron en el evento.

Entretanto, Reniet, que reside en Las Vegas después de irse de la Isla en 1994 resuelto a abrirse puertas como actor en Hollywood y en gran medida ha terminado convertido en cineasta independiente, tiene otra historia que contar: nació en 1977, cinco años después de que se tocara la última nota en Mar y Sol, pero en determinado momento contrajo el virus de una obsesión que le dura hasta hoy.

“Como no viví nada de eso, por eso tal vez Mar y Sol tiene algo de irreal para mí, de leyenda”, explica Reniet, cuya página contiene, entre muchas otras cosas, vídeos “caseros” tomados en el festival, audios de la presentación de varios artistas -desde hace poco han surgido numerosos bootlegs de gran calidad, que pueden ser bajados gratuitamente- y numerosas entrevistas, tanto con fanáticos como con artistas que estuvieron allí.

En su página hay anécdotas, a menudo extraídas de las biografías de algunos de los artistas. Por ejemplo, Alice Cooper huyó de la hospedería después de detonar en su habitación un petardo de un cuarto de dinamita que, al parecer, hizo sus estragos. También se relata una anécdota que dice muchos de los hippies norteamericanos estuvieron varios días durmiendo en el aeropuerto por no poder pagarse el viaje de regreso y al verlos allí, los integrantes de Elephant’s Memory sacaron sus instrumentos y ofrecieron un concierto gratuito en su honor.

En fin, Mar y Sol se habrá celebrado en un área que cubre desde Vega Baja hasta una parte de Manatí, pero luego ha ido propagándose hacia esa región interminable en la que colindan el corazón, la nostalgia y el recuerdo.

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