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24 de marzo de 2013
Puerto Rico Hoy
 

Gestionarán visita del Papa a la isla

Está en lista que el papa Francisco nombre a un nuevo obispo para Ponce

 

Por Mildred Rivera Marrero / mrivera1@elnuevodia.com

La elección del jesuita argentino Jorge Mario Bergoglio como el nuevo papa ha generado grandes expectativas en todo el mundo y Puerto Rico, que no es la excepción, ya tiene en agenda invitarlo a pisar suelo boricua y a que agilice la canonización del beato Carlos Manuel Rodríguez.

Al menos esos son los planes del obispo de Caguas, monseñor Rubén Antonio González, quien afirma que la elección del papa Francisco ha llenado a los católicos de esperanzas de una nueva renovación en esa institución.

“El año pasado, para el Quinto Centenario (de la Iglesia católica) le hicimos una petición formal al papa Benedicto XVI pero, por razones de salud, no le recomendaban muchos viajes. Ahora, haremos exactamente lo mismo. En cuanto tengamos la oportunidad, escribiremos una carta pidiéndole que nos visite”, anticipa González.

Explica que los obispos van cada cinco años al Vaticano para someterse a una evaluación de su trabajo, proceso en el que también hablan de las proyecciones que tienen para su región y es ahí que hacen peticiones. El turno de los obispos puertorriqueños ya pasó, por lo cual la convocatoria les debe llegar para este año o el próximo.

Dice que si cuando le toque ir “el beato (Charlie) no ha sido nombrado santo, ya que es cagüeño, sería una de mis peticiones” que se agilice el proceso.

Sobre otros asuntos por atender, González adelanta que “estamos esperando un nuevo nombramiento para la diócesis de Ponce porque ya el obispo Félix Lázaro ha cumplido los 75 años. Esa es una de las peticiones que se hicieron a través del delegado apostólico”, monseñor Józef Wesolowski.

Señala, asimismo, que el arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves, “por dirigir una arquidiócesis necesita uno o dos obispos auxiliares”, y que esa sería otra petición que estarían haciéndole al papa.

Respecto al nombramiento de un cardenal para el país, que algunos creen que es obligatorio luego del fallecimiento el año pasado del cardenal Luis Aponte Martínez, el obispo aclara que no es así. Sostiene que, contrario a otros países, Puerto Rico no tiene una diócesis cardenalicia, en las que el obispo que se nombre eventualmente llega a ser cardenal.

Respecto a las expectativas generales de la labor del papa Francisco, González destaca que se espera una especie de renacer en la labor evangelizadora de la Iglesia católica. Destaca que fue pastor y que la cercanía con la gente que le permitió ese trabajo marcará su desempeño.

“Cuando uno trabaja más con la gente, la forma de presentar la doctrina y la enseñanza del evangelio es más sencilla, que no quiere decir que no sea profunda. Podemos esperar a un papa pastor, que conecta con las personas, que tiene detalles humanos y sencillos”, manifiesta González.

El padre Pedro Ortiz opina, por su parte, que por sus experiencias como pastor y obispo, el papa Francisco representa una oportunidad “de darle continuidad al ejercicio de diálogo evangélico y ético para los pueblos del mundo. La Iglesia siempre ha tenido como línea fundamental los procesos de diálogo liberador. Particularmente en América Latina, la Iglesia ha sido intermediaria en procesos de conflictos de las naciones y pienso que el papa va a impulsar eso más cada día” .

“El sumo pontífice nos está ayudando a regresar a nuestras raíces, a nuestros fundamentos, a una Iglesia más sencilla, pobre, dialogante, misericordiosa, cercana al pueblo”, agrega Ortiz.

El padre Ángel Darío Carrero, presidente de la Junta Directiva de la Conferencia de Religiosos y Religiosas de Puerto Rico (Corpur), cree que con el papa Francisco “la Iglesia podría estar convocando un Concilio Vaticano III para poder discutir abierta, serena y fundamentadamente tantos temas que necesitan una profunda actualización y otros que, por su novedad paradigmática, requieren ser tratados por primera vez con enorme madurez teológica y pastoral”.

Sostiene que el papa “tiene la experiencia, la humildad y la inteligencia para abrir las puertas de la Iglesia y dejar que entre nuevamente un aire puro” y que esa institución en Puerto Rico debe estar lista “para participar en esta actualización y comprometerse en la elaboración de un largamente anhelado proyecto de evangelización nacional que responda a los nuevos signos de nuestro tiempo y a este importante renacer eclesial”.

Agrega el religioso que “con Concilio o no, muchos cristianos desean que la Iglesia puertorriqueña se enfoque más en tres niveles: Necesita entrar en una dinámica de florecimiento desde un diálogo abierto sobre su riqueza y sus debilidades y del nivel de impacto positivo y negativo que puede tener su mensaje y su obra. La gente quiere una iglesia sincera y enfocada en ser buena noticia en un tiempo marcado por la desesperanza. Necesita también recuperar con fuerza la cercanía directa a las fuentes de la fe para suscitar experiencias intensivas con el Misterio. La gente tiene hambre de experiencia, de espiritualidad real, de compromisos coherentes, no de ritos fríos, alejados del propio ser y de la historia. La Iglesia necesita la materialización de compromisos simbólicos de transformación que hablen, entusiasmen y comprometan al hombre y a la mujer de hoy”.

De otra parte, Yamil Samalot Rivera, decano catedrático asociado en Humanidades y Teología Sistemática de la Universidad Central de Bayamón, espera “una actitud de apertura al diálogo y a la mejor comprensión de la doctrina católica para el hombre y la mujer contemporáneos”.

Agrega que del papa Francisco se puede esperar un “papa de la Doctrina Social de la Iglesia, como lo fue un León XIII o un Juan XXIII. Esto quiere decir que se distinga particularmente por desarrollar y promover las implicaciones políticas y económicas del evangelio entre los y las creyentes. Esto toca muy de cerca a la Iglesia puertorriqueña, en tiempos en que ha sido criticada por cumplir con su misión profética. Esperamos que procure que se cumpla a cabalidad el Concilio Vaticano II, proceso de renovación eclesial que, 50 años después, aún no se ha realizado del todo”.

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