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1 de febrero de 2013
Puerto Rico Hoy
 

Habilidoso para el crimen

Casi sin educación, dirigió una poderosa organización criminal

 

Por Limarys Suárez Torres / lsuarez1@elnuevodia.com

Alexis Candelario Santana, quien enfrenta la pena de muerte por mantener una empresa criminal y cometer al menos 19 asesinatos, es un hombre de poca escolaridad que, a pesar de tener limitaciones de destrezas motoras, logró ser sagaz en sus negocios ilícitos.

Así describieron a Candelario Santana en diciembre varios neuropsicólogos que lo evaluaron para conocer si padecía de retardación mental, y luego detallaron en la sala del juez federal José A. Fusté el bagaje que tenía quien ahora es el séptimo acusado en enfrentar en Puerto Rico la pena de muerte en el Tribunal Federal.

De acuerdo con esos informes, Candelario Santana, de 41 años, presentó en su desarrollo un nivel bajo de escolaridad, fallando en completar el primer grado y teniendo que repetirlo, y luego exhibiendo problemas en quinto grado, y nuevamente desaprobando todas sus clases en séptimo.

Según María Margarida Juliá, la neuropsicóloga contratada por la defensa de Candelario Santana en su intento por probar su retardación –y su inelegibilidad para la pena de muerte–, el hombre abandonó su hogar a los 15 años de edad; un tiempo más tarde se mudó a Nueva York, y allí, a los 17 años, trabajó durante un año en una fábrica.

Luego vivió en Detroit, Florida y Boston, pero siempre regresaba a la Isla.

Amante del boxeo y de las motoras, practicó por varios años el pugilismo, pero a partir de los 18 años comenzó a exhibir una vida delictiva en la que llegó a acumular 60 convicciones por diversos delitos, entre ellos 12 asesinatos ventilados en los tribunales de San Juan, Bayamón y Carolina.

El hombre, que enfrenta la posibilidad de convertirse en el primer puertorriqueño en ser condenado a la pena de muerte, desde 1927, enfrentó repetidas acusaciones por violación a la Ley de Armas, asesinato en primer grado, asesinato en segundo grado y tentativa de asesinato.

El neuropsicólogo Jorge Herrera, quien, contratado por la Fiscalía federal, evaluó también a Candelario Santana antes del inicio del juicio, describió al acusado como un individuo con dificultad para colocar las cosas en secuencia, disléxico, y muy lento escribiendo su nombre.

Sin embargo, demostró habilidad de planificar, discernir y actuar metódicamente: “Candelario Santana fue bien exitoso en su negocio, manejando una organización, teniendo personas que trabajaban para él con un sistema de distribución que logró algunas incursiones en Michigan”, describió en diciembre Herrera. “Lo llamaban el Jefe y se convirtió en una persona muy obsesiva si encontraba que alguien le robaba dinero”.

Así, durante un tiempo, tuvo un negocio de equipo pesado y camiones.

Además, ha sido señalado como un buen padre: tiene cinco hijos, dos en su primer matrimonio y tres en el segundo. Uno padece de autismo.

El 10 de noviembre de 2009, la Fiscalía federal, representada por María Domínguez, presentó una denuncia criminal en contra de Candelario Santana por poseer y cargar un arma de fuego el 17 de octubre de 2009 durante la masacre de La Tómbola, siendo un convicto. Y, también, por tener un arma de fuego el 4 de noviembre de 2009 en el residencial público Juana Matos en Cataño.

Eventualmente, el 16 de diciembre de 2009 fue arrestado en St. Thomas a bordo de una embarcación.

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