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5 de febrero de 2013
Puerto Rico Hoy
 

“Hay muchos tecatos”

Sobran las justificacionespara no usar los puentes peatonales

 

Por Daniel Rivera Vargas / drivera2@elnuevodia.com

Aun cuando existe un puente peatonal, la estudiante de farmacia Paola Rivera se asomó a la avenida José Celso Barbosa y a toda prisa se lanzó a cruzar esta vía de rodaje por donde circulan diariamente 33,000 vehículos de motor.

El puente estaba en buenas condiciones. La razón que tuvo Paola, de 18 años de edad, para evitarlo fue otra: “Hay muchos delincuentes allá arriba y yo mejor paso por aquí... Sí es peligroso (pasar por la avenida), pero espero a que no vengan carros para poder pasar”. La instalación, de 34 escalones, está al lado del Colegio San Antonio.

Una explicación similar ofreció una joven que atravesaba casi a la carrera la misma vía, llevando por el brazo a su hijo de unos cinco años de edad. “Hay muchos tecatos, aparecen muchas jeringuillas y no quiero que mi hijo ni yo pisemos una”, dijo.

Pero para Michelle, nombre ficticio, el puente tiene otro problema: no tiene rampa, lo que dificulta que lo use cuando lleva a su bebé a bordo de su cochecito.

“Entonces, si lo subo por la escalera soy una irresponsable y te llaman al Departamento de la Familia”, dijo.

Entre quienes sí usaron el puente estaba Alex Pizarro, de 34 años. “Mucha gente no lo usa porque dicen que está muy alto y no están en buena condición física”, afirmó.

Maritza Robles, de 50 años, lo escalaba junto a su nieta Ariel. “Lo que pasa es que es peligroso por la carretera. Mira lo que pasó en El Prado”, dijo la mujer en alusión a la trágica muerte de una familia en un sector donde no hay puente peatonal.

En el peatonal de la 65 de Infantería, entre Río Piedras y la Barriada Buen Consejo, John Reyes hacía piruetas para cruzar la carretera. En su caso, la prisa le hacía pensar que utilizar el puente peatonal le robaría tiempo. “Lo que pasa es que tengo un poco de prisa”, dijo Reyes, de 31 años. “Pero a mí me gusta cogerlo”, aseguró.

Este puente es una estructura de cemento con grafitis, rampa de impedidos y embreado, como si fuera una pequeña carretera. Fue usado por Noelia Suriel, de 23 años, aunque prefirió subir escalón por escalón el coche en el que llevaba a su bebé Jaydel, de ocho meses, en vez de usar la rampa.

“Es por comodidad, por no dar la vuelta”, dijo Suriel.

La joven dijo que nunca trata de cruzar la avenida a pie porque “es muy peligroso” pero también dijo que el puente es peligroso, especialmente por la noche, porque la poca luz vuelve atractiva el área para maleantes.

“Aquí asaltan, hay de todo”, coincidió en entrevista por separado William Rolón, de 69 años.

Cerca de un centro comercial y del residencial Monte Hatillo se levanta un puente de metal mohoso y abandonado. “Aquí se necesita. Mira el tráfico que hay por ahí”, dijo Amada Zorilla, de 54 años, quien esperaba una guagua en compañía de sus nietas Emily, de cuatro años, y Yonaire, de seis, quien recogía flores de los matojos cubiertos de basura en esta avenida principal.

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