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16 de junio de 2012
 

Hilos con historia

Desde Vega Baja, conoce el proceso de diseño y fabricación de las conocidas alfombras V’SOSKE

Arriba, el Salón Comedor de La Fortaleza con una alfombra V’Soske, y al lado, Luis Hernández trabaja en la fábrica con el proceso dedarle tinte a la lana.

Por Eileen Rivera Esquilín / erivera1@elnuevodia.com

Los diseños de las alfombras que tienen en producción al momento son “su secreto mejor guardado”. Allí las vimos, boca abajo, mientras las tejían a mano o con la ayuda de alguna máquina. Son piezas anónimas. Trabajadas y encargadas a través de un diseñador y para un cliente especial.

Lo que también puede ser desconocido para muchos es que la fábrica V’Soske opera en Vega Baja desde 1937. De allí salieron algunas de las alfombras que visten los pisos de los salones de La Fortaleza, la Casa Blanca, así como muchas residencias y firmas de renombre en Estados Unidos y el resto del mundo.

Y aunque se habla de esta empresa como una “histórica”, lo cierto es que nunca ha cerrado, excepto en las vacaciones que toman en diciembre sus 46 empleados.

Los cuarteles de las oficinas están en Nueva York y la fábrica se establece en la Isla luego de que el artista americano Stanislav V’Soske revolucionara la industria de las alfombras -en 1924- en Michigan, con la primera piezas trabajada en lana y a mano.

“Su ‘look’, dureza y diseño se podía alterar de cualquier manera gracias a unas agujas creadas por él. La revolución surge por el tipo de alteraciones que se le podía dar al ‘loop’ (o bucle que se hace con los hilos) de las piezas. Ahí se abren unas posibilidades infinitas en los diseños. En 1937, su hermano Thaddeus V’Soske conoce a Teodoro Moscoso -en plena revolución industrial- y este los convence para que traiga la compañía a la Isla”, explica Iván Vázquez, gerente de producción en V’Soske, en Vega Baja.

De hecho, en 1940 la oficina de Nueva York convoca a 10 artistas plásticos y los comisiona para hacer 11 diferentes diseños y dos años más tarde comienza una exposición con ellas en el Museo de Arte Contemporáneo (MoMa). Aquí comenzó el boom de V’Soske y dos de estas piezas aún pertenecen a la colección permanente del museo, mientras que las otras continúan recorriendo diferentes salas de Estados Unidos. A partir de ese momento, V’Soske se convierte no solo en creador de alfombras que decoran pisos, sino que se incorpora a lo que es la arquitectura de los espacios.

“Las piezas que aquí se confeccionan se ordenan desde Nueva York, oficinas al mando de Marlene Ledford -quien fue esposa de uno de los hijos de V’Soske-, en donde se reciben clientes que estén acompañados de un diseñador. La compañía está a un nivel que solo se trabaja a partir de un diseño y de la mano de alguien que lleve la batuta. Cada proyecto comienza con la premisa de que cada alfombra debe complementar un espacio y presentar una solución para el mismo. Debe tener un concepto. Así, se analizan la arquitectura y el material al trabajarse -lana o seda-. Luego, se discute la paleta de colores y de ahí se parte a las ideas, nosotros acá aportamos algunas también. Entonces, se hace un diseño digital (antes se hacía a mano) y se presenta una alfombra a escala que se envía al cliente para su aprobación de colores, hilos y texturas. Una vez aprobada, se comienza a fabricar en Vega Baja”, destaca Vázquez, quien lleva 18 años con la empresa.

Acá en la Isla, también se hacen órdenes con clientes a través de diseñadores de interiores. Ese fue el caso del proyecto que hicieron en el 2004 para decorar el Salón Comedor y el de Los Espejos en La Fortaleza.

“Trabajamos de la mano del diseñador Jorge Rosselló y partimos de ideas que obtuvimos de libros de arte barroco, pensamos en hojas y flores, algo bien neoclásico como es toda la estructura. Estuvimos barajando posibilidades durante tres semanas. Trabajamos una pieza de 12’ x 32’ y otra de 16’ x 32’. Son piezas bien grandes, ahora mismo están puestas en los salones”, agrega.

En el área de la fábrica, pueden trabajar hasta 11 alfombras a la vez y al momento, le dan los toques finales a cuatro piezas. ¿Los clientes? No se pueden revelar.

En términos de tamaño, trabajan desde las más sencillas 4’ x 4’, hasta 10’ x 20’ (que puede ser el tamaño más buscado para una sala o ‘family room’) o ‘wall to wall’.

“La mayoría que piden son de área, para adaptarse a la arquitectura del lugar. Las hemos he- cho ovaladas a un lado, por ejemplo. En una ocasión, diseñamos una para una sala que tenía una columna en el centro, el instalador hizo un hueco en el centro y volvió a coser en el lugar para completarla”, agrega.

Un nombre “en familia”

V’Soske no solo es un gran nombre de empresa en Estados Unidos -todos los diseñadores y arquitectos de renombre le conocen- sino que para su empleados en la Isla es mucho más que eso.

“Somos una familia. Yo empecé aquí, por ejemplo, luego de estudiar escultura en Artes Plásticas, y esto es mágico. Aquí trabajan familias de generación en generación, ahora están hijos y tíos, pero antes trabajaron los papás y los abuelos. Hay gente de Vega Baja, Morovis, Barceloneta y pueblos limítrofes. Son personas que no se consiguen en una agencia de empleo, porque son trabajos manuales, los empleados se entrenan con nosotros. Aquí hay mucha enseñanza, esto no es una línea de producción, es un grupo de personas que saben que hay más de 70 años de historia. Eso pesa más. Y esas alfombras son obras de arte, hay gente que las tiene en sus casas, pero no permiten que las pisen con los zapatos”, apunta Vázquez, no sin antes mostrar imágenes de algunas de las piezas más llamativas de la colección, una inspirada en las hojas de yagrumo y otra en pétalos de rosas.

¿Qué busca el cliente?

Muchas veces, explica Vázquez, llegan a sus oficinas “en cero”, solo con alguna foto de mobiliario o textiles que estén usando en su decoración.

“Entonces le mostramos de nuestro catálogo aquellas alfombras que se pueden repetir y hablamos de posibles materiales para su diseño. En ocasiones, visitamos la casa para estar más seguros de lo que se necesita”, termina.

Los pasos en la confección de una alfombra

1- Los hilos de lana o seda se sacan de sus conos para darle forma a las madejas.

2- Luego se les aplica el tinte de acuerdo a los colores que se necesiten para cada uno de los diseños en la agenda de producción.

3- Una vez las madejas de lana están pintadas y secas vuelven al interior de la fábrica en espera para ser colocados nuevamente en sus conos.

4- Ya en los conos, se rotulan con la especificación de cada proyecto.

5- Una vez finalizado el diseño en la alfombra, se engoma con un líquido, se le da calor y seca.

6- Se le coloca ‘tape’ en las orillas para proteger el ‘backing’ de la alfombra.

7- A la pieza se le recortan todos los hilos que sobresalgan por la parte de atrás.

8- La alfombra terminada.

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