Comprendí que la alabanza que más agrada a Dios es el gesto del amor incondicional al prójimo.
La Palabra de Dios nos enseña que lo que se ve, fue hecho de lo que no se ve. Así que por qué conformarnos con las circunstancias o los problemas que nos rodean. Confiemos en Dios, y Él hará.
Los milagros que hizo Jesús cuando vivió en cuerpo de hombre en esta tierra, creo que en ocasiones no han sido vistos como él anhelaba que fueran vistos. Como experiencias que nosotros somos capaces de provocar, siempre con el poder de Dios presente, pero actos para los que es necesaria nuestra participación.
Se debe analizar qué no nos permite ser felices, vivir en orden, en equilibrio, paz y en absoluto control de nuestras emociones.
A veces le pregunto a Dios si prefiere los sermones bonitos, las horas de estudios bíblicos y las jornadas de oración al margen del amor al projimo y me responde que no.
Cuando Jesús enseñó la oración del Padre Nuestro, más que recitarla quería que aplicáramos lo que dice en ella, como depender de Dios en todo momento, pidiéndole el pan de cada día.
Jesús está vivo y está tan cerca que muchos no lo pueden ver, solo porque se empeñan siempre en tener una explicación. Él es tan grande, que no se puede encajonar en una teoría. Jesucristo no es una religión, es una vida que debemos imitar.
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