Malicia es la antítesis de inocencia, o sea, sinónimo de estropearse el disfrute.
A veces es complicado creer, pero esas historias que parecen falsas pueden ser sanadoras, aunque sea a modo ilusión.
Cuando empecé a escribir “Agridulce”, nunca pensé que los mensajes de crecimiento personal y espiritual que quería legarles a cada uno de mis lectores, redundarían en la creación de un espacio de confianza, en el que el amor sería el protagonista de esas historias que día a día leo en mi correo electrónico.
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