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3 de mayo de 2013
Salud al Día
 

Inteligencia emocional fomenta niños felices

Las escuelas y los maestros deben incorporar en el currículo la inteligencia emocional.

 

Por Dra. Nancy López

¿Qué es inteligencia emocional?

Es la habilidad que tiene el individuo en percibir, controlar y evaluar las emociones. El concepto de inteligencia emocional fue utilizado por primera vez en el ámbito académico por Wayne Leon Payne en su disertación doctoral en el 1985. Los investigadores Peter Salovey y John Mayer, utilizaron el término de inteligencia emocional para finales de la década 1980. 

En el 1990 lo definieron como “la habilidad de monitorear nuestros sentimientos y emociones, para discriminar entre ellas y usar dicha información como guía para el análisis de nuestros pensamientos y acciones”. Estos investigadores destacaban que pensar y sentir están interrelacionados y que los sentimientos facilitan el pensamiento. Se postula, pues, que esta teoría presta singular importancia a la cognición y a las emociones. Hay que destacar, también, que dichas investigaciones y las de Howard Gardner, especialmente la de inteligencia interpersonal e intrapersonal, sentaron bases para que, en una forma más elaborada, se desarrollara la llamada teoría de inteligencia emocional, atribuida a Daniel Goleman, autor de varios libros como Inteligencia emocional, Working with emotional intelligence, coautor de Primal leadership: Learning to Lead with emotional intelligence, Leadership: The power of emotional intelligence y otros.  

La diferencia entre el concepto de inteligencia emocional de Salovey y Mayer y la de Goleman es que interrelacionan las emociones y la cognición, mientras Goleman se enfoca en rasgos de caracteres tales como confianza, optimismo y altruismo. 


Cuatro dimensiones de la inteligencia emocional

Daniel Goleman destacó cuatro dimensiones de inteligencia emocional. Estas son:

1. Estar alerta de sí mismo: es la capacidad de reconocer las emociones y  la trascendencia para tomar unas decisiones.

2. Automanejo: es controlar los impulsos y las emociones. Esto permite que la persona se adapte a las diversas situaciones difíciles, que obtenga o disfrute el logro de unos estándares de excelencia, iniciativa y optimismo; sobre todo manifieste honestidad.

3. Alerta social: es la capacidad para establecer empatía con los demás (interesarse en sus preocupaciones), conocer la política organizacional a la que pertenece, responsabilidad para ofrecer los servicios y atender las necesidades de los clientes.

4. Manejo de las relaciones: ser un modelo de inspiración y motivación; tener influencias para persuadir, guiar a otros, realizar cambios y buscar nuevos horizontes, encontrar las mejores vías de solución de conflictos y cultivar una red de relaciones sociales.

Estas cuatro dimensiones son de gran pertinencia, tanto en la vida profesional como personal del ser humano. Además, las mismas se pueden incorporar y adaptar en el salón de clases para trabajar con estudiantes que manifiesten problemas emocionales o de conducta, sin descartar otras técnicas. 


La inteligencia emocional en los estudiantes

En las escuelas, los maestros deben incorporar en el currículo la inteligencia emocional. Se han realizado estudios en el cual destacan que la inteligencia emocional en los niños puede ser predictiva en la obtención del éxito escolar. Las investigaciones acentúan, por ejemplo, que los estudiantes que no pueden controlar sus emociones, desafían la autoridad y se involucran en actos delictivos, puede ser predictivo del fracaso escolar. 

A veces nos enfocamos en los estudiantes brillantes y pensamos que inteligencia sola es sinónimo de éxito escolar, cuando, en la realidad, la inteligencia emocional aporta al éxito escolar del estudiante. 

Un currículo académico que se integre la inteligencia emocional ayuda a los niños a manejar sus emociones, a preocuparse por los demás, a solucionar conflictos, a actuar con responsabilidad y a desarrollar relaciones positivas.   


Inteligencia emocional en el currículo escolar

A continuación, algunos ejemplos de cómo insertar la inteligencia emocional en el currículo escolar:

* En los primeros días de clases distribuir un inventario de intereses de acuerdo con su edad cronológica y mental del niño. En este podemos conocer los intereses, los miedos, las preocupaciones y las necesidades particulares de los estudiantes. Para alumnos más pequeños se usan láminas y para estudiantes de alrededor de 10 años en adelante se utilizan en forma de narrativo.

* Realizar una actividad en la cual se le solicita a los estudiantes interpretar el lenguaje del cuerpo de sus compañeros o pares. De esa forma, trabajamos con la empatía del estudiante, que reconozca las emociones de otros estudiantes.

* Ubicar una caja en el salón para que ellos escriban sus temores y preocupaciones sin escribir el nombre. Luego dividir el grupo para ver cómo solucionar los hallazgos presentados por los estudiantes.

* Seleccionar artículos de periódicos de situaciones difíciles que pasan las familias y buscar soluciones.

En general, debemos reflexionar sobre estos aspectos antes expuestos, recuerden que con niños felices y alegres formamos un mejor Puerto Rico.

El viernes, 17 de mayo dialogaremos sobre los problemas emocionales y de conducta en niños y adolescentes.

La autora es catedrática de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Para información, escribe a nlopez_speduc@yahoo.com.

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