Los niños de Sueño de Navidad hacen amistad y se llevan una sorpresa
Por Yaritza Rivas
yrivas@elnuevodia.com
Inundan con su magia al llegar. En minutos imponen su alegre presencia con sonrisas, saltos y balbuceos. Curiosos exploran el corredor de El Nuevo Día y en un abrir y cerrar de ojos logran capturar toda la atención.
Son los niños que este mes han conmovido con sus Sueños de Navidad. Llegaron con sus familiares y amistades para conocerse y compartir unas horas sus ilusiones y retos, pero más que nada su felicidad de poder compartir sus historias de gran valor y fuerza.
“Estoy feliz, Joselito ha sido mi mejor regalo”, dice Ida Santiago, abuela de Arnaldo Arvelo, conocido como Joselito. El pequeño de tres años, que es un gran fan del personaje Kung Fu Panda, no hay quien lo pare. Y usando sus manos como piernas, llega en segundos a la puerta. Van por él enseguida. La abuela también celebra su cumpleaños.
Al lado de la puerta está José S. Palau, padre con su pequeño José, quien padece el síndrome Charge, que afecta sus órganos y retrasa su desarrollo. “Mi corazón está contento”, dice el emocionado padre, mientras siguen arribando de a poco al lobby quienes formarán parte de la foto que engalana nuestra portada hoy.
En este rato Andrea Alicea ha ido y venido par de veces para ver el gran árbol de Navidad, que esconde regalos, sin que ella lo note. Bien vivaracha, me toma de la mano para vuelva a ver el árbol, justo antes de que llegue Chispita de Alegría y Kokoliso, dúo de payasos que se encargarían de pintar sus caras como mariposas y tigres.
Cuando llega Anyel Cruz. Sus ojos verdes grandes y brillantes capturan. Pero de lo que alardea el niño de nueve años es de que es un campeón en PlayStation. Su juego favorito es Sonic, dice bajito, casi imperceptible desde su silla, que maneja con su quijada porque padece el Síndrome Adam -una deformidad en los huesos y las extremidades.
A estas alturas, el bullicio ha crecido y los demás niños también han llegado. Son los hermanos Abdiel y Eriel López, de Corozal; las gemelas Lineysha y Lineyshka Gandía, Antony Trinidad, William Maldonado, las hermanas Astrid y Ginelly Santiago, y Janpaul Echevarría, que llora porque le teme a los payasos.
¡Quién diría que más tarde se dejaría pintar la cara como un tigre por Chispita!
Como todos están presentes, la familia Ferré Rangel les da la bienvenida.
“Qué esta Navidad sea una de paz y esperanza”, les dice Luis Alberto Ferré Rangel, director de El Nuevo Día y director general de Primera Hora luego de agradecer su presencia y perder el micrófono, pues Joselito se adueñó de él.
Todos ríen mientras María Eugenia Ferré Rangel, C.E.O. de GFR Media, mencionó la importancia de mirar a través de los ojos de los niños. Ella recordó que Sueño de Navidad cumple 14 años inspirando la bondad de los puertorriqueños.
“Este sueño de Navidad nos renueva la fe de que Puerto Rico tiene mucho bien y hay mucha gente buena que hace la diferencia. Este periódico es un vehículo de lo que somos los puertorriqueños”, dijo María Eugenia Ferré Rangel, C.E.O. de GFR Media, en referencia a todos los “ángeles secretos”, quienes anónimamente ayudan a mejorar la calidad de vida de estos niños y sus familias.
Con la Fuerza de Dios
A la actividad llegó Danny Rivera, quien compartió con cada chiquitín y se retrató con sus familiares. El cantante les obsequió copia de su nueva producción musical Renace en Navidad, que incluye el tema de Sueño de Navidad, “Un Nuevo Día, compuesto por Rei Ortiz.
“Este es un tema de alabanza a la vida”, dice Danny luego de enterarse que entre los niños hay una joven trovadora que está dispuesta a cantar con él.
Se trata de Astrid, de Barranquitas, cuyo nombre quiere decir “fuerza de Dios”. Así que toma el micrófono y suelta un vozarrón juvenil. “Soy campesina de sangre caliente”, cuenta su trova. Danny la mira con alegría.
Todos se colocan alrededor del árbol. Danny canta espontáneo el Villancico Yaucano. El vídeo corre. El fotoperiodista apunta con la cámara: clic, clic, clic. Y todos sonríen.
Pero con la foto, empezó lo mejor. Los chiquitos recibieron los regalos disimulados tras el árbol y algunos de sus sueños se hicieron realidad de inmediato. Los obsequios fueron donados según sus necesidades por los empleados de la agencia de publicidad Badillo Nazca Saatchi & Saatchi. Que formaron parte del batallón de ángeles contagiados de deseos de ayudar.
Anyel se llevó una nueva colección de videojuegos y Astrid un karaoke. “¡Ay! vas a volver loco a tu abuelo”, le soltó su mamá, Jane Santos.