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Entretenimiento

Cine
21 de junio de 2012
 

Irreverente licencia histórica

Un “pasado oculto” da pie a esta historia

 
Benjamin Walker hace el papel del joven Lincoln, hombre que busca vengar la muerte de su madre a manos de un vampiro. (sUMINISTRADA)

Por Juanma Fernández-París / Especial El Nuevo Día

Durante la primera mitad, “Abraham Lincoln: Vampire Hunter” cumple con su promesa de entregar al público una fusión de horror y acción que inventa un pasado secreto para su figura titular. Este Abraham Lincoln, creado por el escritor Seth Grahame-Smith, que aquí adapta su novela del mismo título para la pantalla grande, vio a su madre sucumbir ante un vampiro cuando era solo un niño, para transformarse en un joven adulto cuyo única misión es vengar esa injusticia.

Aunque estará por verse si Benjamin Walker, quien tiene la difícil tarea de interpretar al famoso presidente desde joven hasta que tiene el semblante que todos reconocemos de los libros de historia, va a ser un gran actor. Aún así, en este filme su carisma evoca el comienzo de la carrera de Liam Neeson. La integridad de Walker y su presencia es en gran parte lo que sostiene la primera sección del filme, en la que el protagonista es entrenado y descubre el precio que pagará por asumir el rol de asesino de vampiros.

Que el libreto no se moleste en explicar los cambios hechos a la mitología del vampiro (aquí pueden salir al sol sin problemas) y no se moleste en crear sus propias reglas tampoco resulta particularmente problemático. El filme tiene el ritmo sólido de una película de acción competente y el director Timur Bekmambetevov (“Wanted”, “Daywatch”) no falla en alimentar la pupila del espectador con imágenes que retienen la esencia de un filme de horror mientras son utilizadas en otro contexto.

El problema principal surge cuando el guión crea un hueco gigantesco en su narrativa para poder implicar que la vida secreta de Lincoln se extendió durante su ascenso a la presidencia y su lucha para abolir la esclavitud, culminando en la guerra civil. Este brinco sucede justo después de una escena donde Lincoln va a la plantación del vampiro principal, rescata a su mejor amigo y asesina a una docena de vampiros. La lógica dicta que lo próximo que pasará es una batalla a muerte que pone en riesgo a la prometida de Lincoln. Sin embargo, el villano decide esperar más de dos décadas para entonces antagonizar a Lincoln con ejércitos de vampiros que se unen a la causa del sur.

Al no haber leído el libro no puedo emitir juicio de cómo funciona esto en la versión literaria, pero en la pantalla cuando esto sucede la fantasía creada en la primera sección se desmorona. Todas las cualidades que destacaban el trabajo del actor principal son opacadas por un maquillaje poco creíble que deja saber que Walker no esta listo para este tipo de caracterización.

El gran momento del filme antes de su clímax la batalla de Gettysburg con un ejército de vampiros, pero lo que se supone que genere un entretenimiento épico se siente como un capricho de la producción para justificar su presupuesto millonario en efectos especiales.

Aunque hubiera implicado dejar a un lado la estructura de la novela que trae esta idea al cine, la mejor opción para “Abraham Linconl: Vampire Hunter” hubiera sido cerrar el conflicto de su juventud al final de este filme y dejar la puerta abierta para otro villano que se manifestara más tarde en la vida de Lincoln y por su puesto en una secuela.

De la forma que está estructurada la historia resulta completamente ridículo e inverosímil. Aquí la falta de sangre creativa no es culpa de los vampiros, si no de un escritor que no logra que la originalidad de su idea funcione en la pantalla grande.

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