Adentrarse en el archipiélago británico es descubrir un destino más sorprendente que el anterior de tentadoras playas, villas de películas y colinas que regalan panorámicas hacia las aguas turquesas del Caribe. Vídeo
Rosa narra su idilio. La vista en Sky Restaurant
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Por Yaritza Rivas / yrivas@elnuevodia.com
En esta época del año la brisa refresca las islas en el Caribe británico invitando a descubrir el archipiélago, donde -estos meses fríos en el hemisferio norte- suelen llegar las personalidades de Hollywood, deportistas millonarios y cantantes bien famosos a disfrutar de las lujosas villas privadas. Estos sitios son accesibles... para quien quiera darse el lujo, por supuesto. ¡Que bien vale la pena! Pero también hay rincones accesibles idóneos para el romance en los que no necesariamente hay que tener un presupuesto tan abundante como el de estas personalidades de farándula.
El encanto de las Islas Vírgenes Británicas se encuentra es sus playas de arena suave, agua transparente, vistas panorámicas y poca contaminación lumínica, que al anochecer invita a mirar el firmamento en el que se multiplican las estrellas.
Romance en Jost Van Dyke
En Jost Van Dyke, la bayamonesa Rosa Rosario nos recibe contenta en su jeep. Se ofreció a darnos un recorrido vespertino en su día libre por la isla que ha acogido como su hogar desde que hace siete años se casó con Cenil Chinnery, oriundo de la pequeña isla de unos 300 habitantes.
Conduce montaña arriba, pero antes saluda a Susan en el restaurante Foxy’s Taboo - hay dos en la isla- uno de ellos muy famoso en la despedida de año. En la subida, hacemos un alto para apreciar la hermosa panorámica de la costa.
Camino a Bubbly Pool hay un kiosco rústico en el que venden cervezas, refrescos y una singular tarta de guayaba hecha en casa. Estacionamos más adelante para llegar a la piscina natural de burbujas. Hay que caminar unos 20 minutos por una vereda de mangle y rocas cerca del mar. Al llegar, un conjunto de rocas protege este pedazo de mar creando una poza donde, al romper la ola, se crea una presión de burbujas -que depende el día- puede sacudirte y dejarte sin ropa casi sin darte cuenta. El lugar es apartado, por lo que es ideal para las parejas. Pero cuidado porque es muy frecuentado por turistas.
En esta isla los policías no tienen armas. “Yo creo que ni macanas llevan”, dice Rosa en la vía que carece de semáforos. Paramos en Foxy's donde Darren nos hace un Bushwacker, una de las bebidas más solicitadas en la isla que lleva crema de coco y ron.
Luego, para aprovechar la tarde agitamos el paso a One Love, un bar playero donde Seddy Callwood, impresiona con su enormes manos y trucos de magia frente a tus ojos mientras te tomas el mejor Pain Killer de la zona, que lleva jugo de china, crema de coco y jugo de piña con un toque de nuez moscada. El mago captura mi curiosidad. Sin saber cómo, logra que la moneda de cobre en mi puño cerrado se convierta en una peseta. Impresionada, seguimos hacia White Bay a Ivan’s Stress Free Bar and Guest House, donde ese día el libido masculino subió ante las miradas incómodas de algunas féminas que se escandalizaron cuando un grupo de mujeres modelaron desnudas, aún cuando está prohibido andar sin ropa. Arrestos no hubo, sólo la estela de la noticia y algunas fotos de recuerdo en celulares de turistas. A este bar, ubicado en White Bay, es mejor entrar descalzo porque está en la arena. Es uno de los sitios favoritos, incluso de los locales, para divertirse, especialmente con el jazz en vivo de Reuben y las barbacoas de Ivan.
Tortola: punto estratégico
Arribar en avión a Road Town, Tortola, desde San Juan, abre el puente para conectar por barco hasta el resto de las islas. Pero también, la isla de unos 28,000 habitantes, es un destino para explorar.
En el centro abundan tiendas de restaurantes, bares y artesanías locales, como la de Joseph Hodge, quien pinta estampas de su tierra. Si le preguntas cuáles son los mejores destinos románticos en Tortola, se le ilumina el rostro y recomienda Long Bay Desert Beach y Smuggles Cove.
“Siempre está callado, limpio y tranquilo. Además hay gente amigable”, dice el pintor a diferencia de Cane Garden Bay, que suele estar atestada de turistas.
Pero a Tortola también hay que verla desde la montaña. Su segundo pico más alto se eleva a 1,460 pies. En este punto de la isla se ubica el Sky Restaurant, por donde vale la pena darse la vuelta temprano en la mañana. El lugar tiene un extraordinario mirador en la azotea que dibuja a 360 grados el Mar Caribe, a la derecha, y el Océano Atlántico, a la izquierda, con las islas adyacentes como St. John, St. Croix, Norman Island y Peter's Island. En el restaurante hay una tienda de regalos y se especializa en sushi y comida india.
Al atardecer, puedes ir por una bebida o cena en el Bananakeet Café en The Heritage Inn. El lugar abre a diario y tienen happy hour durante la inolvidable puesta de sol. Definitivamente, una de las mejores vistas para presenciar el final del día.
Otro punto de encuentro, especialmente para los amantes de las olas y desinhibidos es Bomba's Shack, un bar rústico casi encima de las olas, donde además de ver ropa interior colgando de los pedazos de tablas que componen el sitio, sirven un famoso té de hongos silvestres y ron.
Troy Smith, guía y conductor, asegura que ha sido testigo del efecto que puede causar. “Te pone alegre, pero después te tumba”, detalla.
Con la noche a cuestas, tenemos en agenda pernoctar en Long Bay Beach Resort & Villas, ubicado en el noroeste de Tortola.
El hotel frente al mar tiene un restaurante donde sirven desayunos, almuerzo y cenas, pero decidimos ir a The Club House, un nuevo restaurante con menú internacional muy romántico en Frenchmans Cay Resort.
En el lugar puedes degustar caracoles isleños asados con limón y ajo, rabo de langosta marinados con safrón, camarones, gallinita o filet mignon, si prefieres. El cielo nocturno, desde este cayo, es un espectáculo que no querrás perder.
Isla Resort o un resort isla
En el exclusivo Peter Island Resort te reciben con una toallita húmeda perfumada con lemongrass y un cóctel natural de jengibre y limón. Los huéspedes se trasladan en ferry y tienen las comidas y comodidades del resort a disposición como parte de la estadía. El 80% de la isla es el hotel que se comprende de 32 villas frente al mar y tres exclusivas y lujosas residencias: Crow’s Nest, Hawk’s Nest y Falcon’s Nest. Las tres tienen vistas de película, donde las estrellas de Hollywood han desfilado, admite Mónica Hinds, gerente de la división de habitaciones del resort. Aunque no suelta nombres. “Hay un acuerdo de confidencialidad”, insiste. Cada una viene con un chef privado, sirvienta, mayordomo y chofer. Además de una exquisita decoración, tienen piscinas privadas.
Pero si no te hospedas en el resort, puedes llegar a la isla en ferry ($20) y pasar el día en la playa, almorzar en Deadman’s Beach Bar & Grill, donde hacen pizzas, pescado y costillas.
Para los enamorados, Peter's Island tiene muchos rincones que ofrecer.
Dos servicios exclusivos de la isla son el picnic con quesos y vino al atardecer en The Loop, la montaña más alta, o pasar una tarde en Honeymoon Beach, un pedazo de playa exclusivo para una pareja, que tienen dos horas para entretenerse sin que nadie moleste. Pero si les apetece algo, proveen un walkie-talkie para comunicarse con la “civilización”.
Los ofrecimientos siguen. El spa más grande de todas las islas británicas está aquí. El lugar es apartado y frente al mar, por lo que desde las cuartos de tratamiento se respira la brisa marina. Hay suites para parejas y un jacuzzi con vista a una playa desierta. Verdaderamente una experiencia para compartir con un ser amado. Incluso aquí hay jardines donde se pueden celebrar bodas al aire libre y frente al mar.
Villas de las estrellas
Desde Road Town es muy fácil tomar el ferry a Virgen Gorda. Ahí aguarda Aquamare, tres villas idénticas privadas frente al mar con detalles para mimarse por una semana. Cada villa acomoda tres parejas, en suites independientes con jacuzzi y una ducha al exterior. Además, hay una habitación con dos camas dobles donde pueden dormir los niños. Cada detalle fue elegido por sus dueños puertorriqueños para satisfacer gustos exigentes. Willie Paz, uno de ellos, detalla que todo se hizo con amor y esmero. Algunos huéspedes famosos han sido los actores Harrison Ford y su esposa Calista Flockhart, y la estrella pop Rihanna.
El lugar es un destino de lujo, pero se puede compartir entre varias familias. El lugar tiene una cocina equipada, piscina infinity y se pueden solicitar los servicios de chef y tratamientos de spa, para recibirlos en la comodidad de la villa.
Otra villa de ensueño es Sugar Mill en Nail Bay Resorts.
Trefor Grant, director de operaciones, cuenta la historia de la antigua central azucarera, cuyas ruinas relatan la historia de tres siglos, en contraste con la torre convertida en una villa única y romántica, cuyo horizonte es el mar y el movimiento de yates, por lo regular de famosos.
“En Navidad anclaron en la bahía Michael Jordan, y los raperos Ludacris y Lil Wayne”, dice Grant desde la azotea que presume de una piscina infinity privada para dos.
Es divertido rodear el interior de esta antigua central azucarera, que juega con la arquitectura circular acomodando una cama grande que mira al mar, cocina y baño.
Si prefieres salir a cenar, el resort recién abrió el restaurante Sugar Cane, a pasos de la villa.
Pero si prefieres ver las estrellas en el cielo, Hog Heaven es el lugar. Dale Wheatle, mejor conocido por Blondie, te recibe amigable. Él cría los cerdos que se cocinan en el lugar, ubicado cerca del pico más alto de la isla. El sitio está de moda, entre turistas y locales, pues puedes cenar, tomar un coctel, mirar las estrellas si es de noche. ¡No olvides el abrigo! Y de día no olvidarás la vista a las islas Necker y Mosquito (del magnate Richard Branson) hasta Anegada.
Para los friolentos, Blondie prepara el Hog Heaven Tea, una receta deliciosa que hace con limón, especias, amor y un toque de ron.
Por último, si estás en Virgen Gorda tienes que pasar una tarde en The Baths, una formación natural de rocas de granito gigantes. Al penetrarlas, descubro escondites que forman piscinas naturales, buenas para acurrucarse.
Ya de regreso, vuelo hacia el atardecer. Abajo, se dibujan las sombras del archipiélago británico, donde el amor nace en la naturaleza, crece con su gente y permanece con uno Dios sabe por cuánto tiempo.