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16 de septiembre de 2012
Puerto Rico Hoy
 

La alcaldesa que trajo la nieve

Casi todos conservan un cálido recuerdo de doña Fela, aunque no estuviera vivo cuando le hacía un regalo especial a los niños de San Juan

 

Por Jorge L. Pérez / jperez@elnuevodia.com

Los versos de ‘Cristo mi todo’, una de las composiciones que Paul Simon incluyó en The Capeman, su musical de Broadway ambientado en la vida de los puertorriqueños de Nueva York, menciona en determinado momento a Eleonor Roosevelt, al gobernador Nelson Rockefeller y a “Felisa Rincón, the mayor of San Juan”.

Aparte de los méritos que haya tenido el musical en el que Marc Anthony llevó la voz cantante, tal vez por lo menos haya que reconocerle a Simon el haberse empapado lo suficientemente de la cultura boricua como para saber que en los años cincuenta y sesenta no había para los puertorriqueños un símbolo más simpático y querido que el de doña Fela, la alcaldesa de San Juan.

Durante 22 años -de 1946 as 1968- estuvo al mando de la ciudad capital, compartiendo tanto la larga gobernación de Luis Muñoz Marín (1952-1964) como el cuatrienio de su sucesor, Roberto Sánchez Vilella.

Pero más que proyectar una imagen de figura política, o que se le identificara con el Partido Popular, la imagen que proyectaba era de una gran dama, culta, maternal y tal vez un poco anticuada con sus múltiples abanicos, floridos sombreros y frondosas pelucas de cabellos entrelazados.

Y una dama que tal vez también un poco excéntrica.

Una de sus excentricidades más curiosas, para algunos, fue convencer a la aerolínea Eastern para que esta trajera en sus vuelos desde Estados Unidos auténtica nieve norteña, de modo que los niños pobres de San Juan -aquellos que jamás habían salido del país- tuvieran la oportunidad de verla, tocarla... y pegarse pelotazos con ella.

Antes de que a los aviones se les imposibilitara seguir haciéndolo, a principios de los años cincuenta la 'fiesta' de la nieve por lo regular se llevó a cabo el 5 de enero en los terrenos del estadio Sixto Escobar y el parque Luis Muñoz Rivera, e incluía la presencia de los personajes de Santa Claus y los Reyes Magos, así como trineos y otros equipos identificados con el frío.

Se celebraba tanto la víspera del Día de Reyes como, según diría doña Fela, su cumpleaños, puesto que ella había nacido el 9 de enero (de 1897).

Algunos historiadores posteriores lo han visto como un patético esfuerzo por americanizar al país.

Otros, sin embargo, vieron en ese gesto sencillamente el afecto maternal que siempre sintió doña Fela por los pobres... y por los niños, hasta el extremo de que en una ocasión vendió una propiedad suya en Mar Chiquita para comprar los juguetes que regalaría a miles de niños para el Día de Reyes.

A pesar de que nunca llegó a ser madre.

MADRE DE MUCHOS

O quizás sí lo fue.

Nacida en Ceiba, hija de una maestra y un abogado, la futura doña Fela tuvo que aprender desde muy temprano a tratar con los niños cuando, según explica su biografía oficial, a la edad de 12 años debió encargarse, como hermana mayor, de la crianza de sus ocho hermanos menores luego de que su mamá muriera de parto a los 37 años.

De algún modo, sin embargo, pudo completar hasta el tercer año de escuela superior -estudiando siempre en escuelas públicas- y más tarde se hizo farmacéutica práctica.

Al mismo tiempo, sin embargo, se desarrolló como costurera e incluso viajó por un tiempo a Nueva York “para aprender cómo operar una fábrica de trajes”, guiada primordialmente por el deseo de proveerle un lugar de trabajo a los puertorriqueños más necesitados, de acuerdo al texto biográfico redactado por Luis R. Negrón Hernández en la revista cibernética PReb.

A la postre abriría una tienda de ropa y una floristería en San Juan.

Sin embargo, siempre le había interesado la política, en gran medida porque en su casa, según parece, siempre había reinado un gusto por la tertulia política -su padre, Enrique Rincón Plumey, era sobrino de un antiguo alcalde de San Juan.

Así, desde joven Felisa se unió a la campaña para que se otorgara a las mujeres el derecho al voto y cuando este fue concedido en 1932, se convirtió en la quinta mujer que se inscribió oficialmente.

Para esos entonces se unió al Partido Liberal de Puerto Rico, que abogaba por la independencia. Lo dirigía Antonio R. Barceló, quien luego la nombraría como representante.

Al comenzar a despuntar la figura de Muñoz Marín, sin embargo, la futura doña Fela se desligó del Partido Liberal y en 1938 se convirtió en una de las fundadoras del Partido Popular Democrático.

En 1940 se casó -a la edad de 43 años- con Genaro A. Gautier, quien se desempeñaba como subsecretario de Justicia de Puerto Rico y secretario general del PPD, y en 1946, aunque originalmente había enfrentado la oposición tanto de su padre como de su esposo, aspiró al puesto y fue electa alcaldesa de San Juan, lo que le convirtió, según se dice, en la primera mujer en ser la alcaldesa de la ciudad capital en las Américas.

Durante los siguientes 22 años dirigió en San Juan un gobierno enfocado en la ayuda a las mujeres, los niños y los pobres, mejorando el sistema de salud y la infraestructura de la ciudad.

Después, hasta su muerte, ocurrida el 16 de septiembre de 1994, a la edad de 97 años -hoy se cumplen 18 años-, su vida fue un largo desfile de homenajes y reconocimientos.

Pero más parecía disfrutar el reconocimiento de la gente, que por lo regular la saludaba con cariño, llamándola ‘abuelita’ o ‘mamá’.

En una tardía entrevista que le hiciera una vez el periodista Rubén Arrieta, de El Nuevo Día, ella siguió recordando con gran afecto aquellos años en que traía nieve: “Había que ver aquellas caras de los niños. Y los viejecitos se restregaban el rostro con la nieve. Aquella felicidad valía un millón”.

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