Jossie Pagán reta las tradiciones para adentrarse en la agricultura
Por Iliana Fuentes Lugo / iliana.fuentes@elnuevodia.com
Hatillo - La carretera desde la autopista hasta el corazón del barrio Aibonito, de este pueblo, se va haciendo más angosta mientras aumenta la vegetación que la rodea. Allí la agricultura se respira a cada kilómetro entre carretones que ofrecen chinas y plátanos y muchachos a pie con mazos de lechuga para la venta.
Esa vida de campo que vio nacer a Jossie Pagán, hace 67 años, fue solo un recuerdo durante las dos décadas que vivió en Chicago, Illinois. Incluso, parecía ajena cuando regresó a la Isla para trabajar en la empresa de tecnología Hewlett Packard. Allí Pagán fue desde supervisora de producción hasta asistente de ingenieros.
Por eso, al retirarse, tras 25 años de servicio, sus compañeras de trabajo previeron que esa nueva vida de jubilada, en la finca de su padre, se tornaría aburrida y monótona. Pero no contaban con la curiosidad por la siembra que despertó en esta joven bisabuela.
“Yo pensaba que como esta casa era de dos plantas, pues iba a quedarme arriba viendo televisión”, recuerda sobre lo que creía que sería su retiro.
Pero el gusto por las plantas ornamentales se volvió pasión por la siembra y cosecha de hortalizas y vegetales. Un curso de agronomía para mujeres en la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez y otros talleres de planificación de negocios en el Centro para Puerto Rico la llevaron a convertirse en agricultora, empresaria y líder.
El poder de ser mujer
Al momento de llevar sus productos para venderlos en mercados y ferias se dio cuenta de la necesidad de las alianzas para que la agricultura pueda crecer como industria en Puerto Rico.
Entonces, pensó que lo mejor sería unirse a otras mujeres que, como ella, veían la agricultura como “sustentabilidad de vida”. Así nació la Asociación Agro-Mujer de Puerto Rico hace dos años, un grupo de 40 agricultoras que fomenta el microempresarismo y enseña a otras mujeres a crear desde huertos caseros hasta sus propios negocios.
“Nosotras somos capaces de amamantar esa planta y amamantar esos vegetales. Somos versátiles, yo creo que la naturaleza se identifica mucho con la mujer”, explica sobre la relación que siente con su nuevo rol como trabajadora de la tierra.
Entre todas se ayudan para las cosechas, las ventas en ferias agrícolas, los cursos de capacitación y hasta con trucos para que se den mejor las plantas.
“Esas obras nos hacen sentir más mujer, nos hacen sentir que estamos aportando a la sociedad”, declara con entusiasmo.
Y es que para Pagán, la agricultura se ha convertido en un estilo de vida, que además es su terapia. “Cuando veo que mis semillas germinan y cuando las veo que dan el fruto y cuando las puedo vender es el éxito rotundo”, asegura entre risas mientras vuelve a recordar a aquellas que pensaron que el campo no le daría la satisfacción de una carrera profesional.
Ellas no contaban con las miles de aventuras que ahora vive Pagán en su afán por hacer de la agricultura una industria de mujeres apoderadas.