Así afirma el exgobernador Aníbal Acevedo Vilá a los 60 años de la firma del documento por miembros de la Asamblea Constituyente
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Por Alba Y. Muñiz Gracia / amuniz@elnuevodia.com
El tema le apasiona. La pequeña pila de libros en su escritorio sobre la Constitución del Estado Libre Asociado (ELA) de Puerto Rico lo evidenció.
Con motivo de los 60 años de la firma de ese documento por los miembros de la Asamblea Constituyente, el 6 de febrero de 1952, Acevedo Vilá conversó con El Nuevo Día sobre la evolución de la Isla en las pasadas seis décadas, sus propuestas para atender problemas como la calidad legislativa y los poderes municipales y hacia dónde debe moverse la Isla en términos de status.
El balance es extremadamente positivo. Los aspectos negativos que veo es que, como estadolibrista, es que no hemos llegado el desarrollo del ELA, que está desde el origen. Ya desde el origen del ELA, los estadolibristas estábamos hablando de unos desarrollos del ELA. Lo más cercano que estuvimos de eso fue en la relación Kennedy-Muñoz Marín en la década de los 1960, pero luego de eso no hemos logrado los balances autonómicos que queremos los estadolibristas, y más allá de eso, pues hemos acabado en una división continua y constante donde inclusive el tema de status, especialmente cuando el PNP ha estado en el poder, los ha llevado a favorecer decisiones detrimentales para Puerto Rico, como fue la eliminación de las 936 para entender que en teoría avanzaban su ideal de estadidad.
Creo que el ELA es mejor que cualquiera que las otras dos alternativas, creo que sigue siendo el que nos permite un balance a unos valores que tiene el pueblo puertorriqueño en el siglo XXI, creo que el ELA todavía se ajusta más a unas tendencias modernas que hay, pero creo que la agenda de su desarrollo es fundamental tanto para Puerto Rico como para Estados Unidos.
A lo que siempre yo he creído. Primero que nada, a una clarificación de que las bases políticas, democráticas y jurídicas de esta relación están en el pueblo puertorriqueño, que es de lo que siempre he hablado: del desarrollo de la soberanía del pueblo puertorriqueño. Y segundo, a una relación donde el pueblo adquiera mayores poderes sobre su vida democrática, sobre su desarrollo económico, que es fundamentalmente la agenda de la generación de Muñoz. No lo hemos logrado, pero tampoco ha avanzado la estadidad. En el mundo moderno, Escocia va a votar este año sobre la posibilidad de separarse de Gran Bretaña. Plantear que un pueblo que es una nación, con su cultura e identidad, se va a anexar en el siglo XXI, pero a la misma vez; porque los estadistas dicen que esto tiene que ser con el español, con nuestra identidad, con nuestra cultura; eso va en contra de los movimientos mundiales.
Que más allá de un énfasis semántico, todos los líderes del PPD tienen ese propósito y esa agenda. El gobierno de Fortuño, en estos cuatro años, por el deterioro económico, la Ley 7, el despido de empleados públicos pues... al día de hoy ya tenemos más asesinatos de los que hubo en mis cuatro años completos. En esa realidad, el PPD y Alejandro García Padilla tienen una responsabilidad de que el país se enfoque en lo que está en juego de verdad en las elecciones de noviembre.
Pienso que debe ser un voto de protesta. Por el hecho de que sea el día de las elecciones, debería generar es un mayor repudio del pueblo de Puerto Rico. Ahora, ¿qué hacer con esa papeleta?, que hasta Carlos Romero Barceló, que me cuesta trabajo decir que coincidimos, llamó un embeleco o un disparate. ¿Qué hacer con esa papeleta? Entiendo que lo que hagamos debe reflejar el juicio del pueblo que este plebiscito de Fortuño es simplemente una jugarreta política, y, para mí, las estrategias políticas, se contestan con mejor estrategia política. Ese plebiscito, ni va a traer la estadidad, ni va a traer el desarrollo del ELA, ni va a traer la independencia. A ese plebiscito nadie en Washington le va a hacer ningún caso, y desde esa perspectiva es que se debe analizar. Para mí, lo que dice la papeleta es totalmente inconsecuente porque es pura artimaña política, y las estrategias políticas se contestan con mejor estrategia política.
Porque no hay quién lo entienda, no sigue las recomendaciones de Casa Blanca y no nace de un consenso en Puerto Rico.
Creo que quizá el reflejo más claro de la importancia es que tú y yo todavía estamos hablando de esto. Independientemente de los temas de status que dividen al pueblo de Puerto Rico, hay un consenso bastante generalizado que la Constitución del ELA fue y sigue siendo un documento de avanzada. Desde mi perspectiva, el avance democrático más significativo del pueblo puertorriqueño en el siglo XX, incluyendo lo que va del siglo XXI. Es un documento que ha permitido generar grandes consensos en Puerto Rico en términos de los valores que hay ahí recogidos. Obviamente, creo que 60 años después hay unos elementos que ya es hora de revisitar, de repensar. Pero desde el punto de vista de los procesos democráticos, de la estructura de gobierno y los derechos civiles y derechos humanos que recoge la Carta de Derechos, es un documento extraordinario.
Primero que nada, son muchos los elementos que hay ahí de avanzada. Si vamos a los procesos políticos, toda la representación de las minorías en la Asamblea Legislativa es algo que era y sigue siendo de avanzada en procesos democráticos. Obviamente, ya hay otros modelos en el mundo que se podrían examinar, pero en aquel momento y al día de hoy sigue siendo de avanzada, donde se le garantiza un espacio legislativo a unas minorías políticas, cumpliendo con las reglas que tiene ese documento. Cuando vas a la Carta de Derechos, no olvidemos, la Constitución norteamericana, con todos sus derechos, no reconoce la igualdad de los sexos, eso está recogido por jurisprudencia y leyes, y quizá nadie lo debate, pero nuestra Constitución sí lo dice, al igual que eliminó todo tipo de discrimen por hijos legítimos o hijos ilegítimos. Hoy todavía hay que luchar contra prejuicios en algunas áreas, así que imagínate en el 1952, cuando se aprobó, y en el proceso de redacción.
Algunas de esas cosas las he escrito en los últimos años, y no olvidemos que 60 años en la historia de los pueblos y los proceso democráticos es poco tiempo. Y no olvidemos que aún con sus limitaciones, la Constitución del ELA es el primer momento en que el pueblo de Puerto Rico puede decir que comenzó a ejercer derechos democráticos más amplios porque antes de esa fecha.
En el 48 fue que se empezó a elegir al gobernador, y en el 52 donde se reconoce el poder del gobernador de nombrar los jueces del Tribunal Supremo, todo este ordenamiento democrático. Así que nosotros tenemos que aprender de lo que hemos ejecutado correctamente en estos últimos 60 años. Hay una gran inconformidad en el pueblo de Puerto Rico con su Asamblea Legislativa, y has visto que se habló de la Unicameralidad, y ahora están proponiendo otra enmienda constitucional que honestamente creo que no resuelve nada del problema.
Uno de los problemas más grandes que se creó cuando se aprobó la Constitución es que era una Constitución demasiado pensada en que el país iba a ser regido por la Rama Ejecutiva y en ese sentido yo creo que no se pensó demasiado cómo fortalecer el proceso de selección de los legisladores. La realidad del 48, del 52, del 2000, del 2008 y tristemente va a ser la del 2012 es que quién sale a la Legislatura depende de quién es el candidato a gobernador. La gente vota en la papeleta grande, como dicen, y al la gente votar por el candidato a gobernador vota por los legisladores de equis partido.
Yo te puedo asegurar que si haces una encuesta científica o un estudio de campo y vas por ahí a preguntarle a la gente quién es su legislador, quién es su representante, quién es su senador, el 90% de la gente no sabe. Es más, la mayoría de los activistas de los partidos tampoco saben.
Todo lo que se ha dicho, no atiende ese asunto y, para mí, esa es la mayor debilidad que tenemos con nuestra inconformidad con la Legislatura. Una desconexión entre el derecho al voto y el proceso de seleccionar, porque cuando la gente sale a votar no está pensando en el legislador. Está pensando en el gobernador y en el alcalde, con razón, porque son los puestos más importantes. Creo que llegó el momento de nosotros separar la elección legislativa de la elección del gobernador y los alcaldes, y con una enmienda constitucional tú separas el ciclo de los gobernadores o los alcaldes para dos años después.
No estoy hablando de términos de dos años, estoy hablando de términos de cuatro años. Porque ahí sí que la gente va a poder salir a premiar o a castigar al incumbente o a traer uno nuevo que crea que es bueno. Es un cambio profundo que se debe discutir. Va a una deficiencia en nuestra democracia. La Constitución, por ejemplo, todo este vaivén que ha habido en el Tribunal Supremo, creo que es una combinación de varios anacronismos que hay en esa ley. Número uno, este sistema que se creyó que lo que le daba era un balance de poderes, que el propio tribunal puede pedir que aumenten el número de jueces y la Legislatura aumenta el número de jueces. No hay ninguna razón para no tener un número fijo de jueces, debió haber sido siete. Y el otro anacronismo es decir que a los 70 años los jueces del Supremo tienen que renunciar. Son ajustes que hay que hacer a base de las experiencias que hemos vivido en estos últimos años. Lo que hemos vivido en estos últimos cuatro años, donde se ha tomado por asalto al Tribunal Supremo, se subió de siete a nueve sin ninguna justificación, es una muestra de una debilidad que tenía nuestra Constitución y que se debe atender.
Nuestra Constitución es de avanzada cuando dice que los presupuestos tienen que estar balanceados, pero eso se ha quedado atrás con la creación de las corporaciones públicas, una serie de andamiaje de lo que es un presupuesto balanceado, si se hiciera una reflexión profunda de nuestra Constitución, debería ser revisado.
Otro mecanismo, en el que no estoy argumentando a favor o en contra, es que creo que se debe abrir a discusión si debemos examinar las experiencias con los 'recalls', el poder de la gente de sacar durante el cuatrienio a sacar al incumbente. Creo que hay que ver esa experiencia y, cuando creas un mecanismo como ese, le debes poner un estándar bien alto, pero en Estados Unidos hay estados que lo tienen. Creo que eso se debe abrir a discusión, no he hecho mi opinión en cuanto a eso, y hay toda una serie de nuevas realidades en términos de discrimen que existen en las sociedades modernas que probablemente requeriría una revisión de nuevas modalidades de tipos de discrimen que no se conocían en el 52 o no había la conciencia que hay al día de hoy.
Está todo el tema de los derechos de las personas homosexuales, gays, lesbianas, todo el tema de las personas con impedimentos físicos. Nuestra Constitución, por ser tan amplia, ha podido ajustar muchos de esos derechos, pero creo que debería haber una discusión amplia sobre si esas son áreas que requieren algunos ajustes adicionales en el siglo XXI.
Porque no hay ninguna razón para subirlos o bajarlos, es un vaivén. Estados Unidos tiene nueve, y los tiene desde que se creó la Constitución. En ese momento, quizá se pensó que no se sabía si cinco o siete, cuál iba a ser el número. Además, en aquel momento, llegar a los 70 años era sinónimo de que eras improductivo. En Estados Unidos ha habido presidentes de más de 70 años. Ahora tenemos un problema fundamentalmente de una jaibería política donde usaron la Constitución para elevarlo a nueve y ahí hay que reflexionar. Yo tengo una propuesta, que también es controversial, que el número de jueces debe decir que es siete, y que los últimos que se hayan nombrado quedan fuera, y que el pueblo decida.
Creo que el pueblo de Puerto Rico cree que la democracia se limita a ir a votar cada cuatro años. Eso lleva a los políticos a entender que pueden hacer lo que les dé la gana por tres años y en el último año hacen campaña política, y la gente se va a acordar nada más de lo último Mi contestación, el remedio a las deficiencias de la democracia, es mayor democracia.
Creo que se debe considerar si la existencia de un mecanismo, que lo puedes limitar al gobernador, o al gobernador y los alcaldes, si un gobernante sintiera que hay un mecanismo para que a mitad de su término, el pueblo se pueda organizar y decir, sabes qué, queremos volver a votar para si te sacamos o no, eso lo va a obligar a ser más cuidadoso al tomar las decisiones sobre el país consultando al pueblo. Ahora mismo, en Estados Unidos hay un estado donde el gobernador republicano ganó en el 2010 ampliamente y lo primero que hizo fue una ley tipo Ley 7, y le quitó derechos a los empleados públicos, derechos a las uniones y eso ha generado una reacción negativa en la propia gente que votó por él.
Acaban de llevar las firmas que requiere la ley y va a tener una elección ahora en el verano. Tus derechos democráticos no son una vez cada cuatro años, y aquí nos conformamos con decir que me encargo de sacarlo en cuatro años. Ok, pero quizá en el camino le hizo un daño al país terrible. Creo que es algo que debemos debatir, y ver otras experiencias en Estados Unidos y el resto del mundo.
La descentralización y la autonomía local. Los municipios, según nuestra Constitución, son una criatura de la Legislatura, y la Legislatura puede hacer lo que le dé la gana con la estructura municipal. Eso nos ha llevado a un gobierno demasiado centralizado y burocratizado. Debemos discutir seriamente un esquema constitucional de unos poderes básicos fundamentales que tengan los entes municipales o la creación de unas regiones que permitan dar unos servicios más eficientes y más cercanos a los ciudadanos.
Hubo unos grandísimos avances en los 50, 60 y 70, y ya del 70 para acá los avances han sido más limitados y en algunas áreas quizá ha habido unos retrocesos. No creo que las áreas que hemos retrocedido es por culpa de la Constitución, sí creo que algunas de estas debilidades democráticas . Yo creo que tuviéramos una Legislatura muy diferente si la gente el año pasado hubiera podido votar a favor o en contra de los legisladores que tenemos allí hoy. Tendríamos una Legislatura muy diferente, y esos legisladores, los candidatos de los dos partidos, que hoy simplemente creen que van a ganar porque su candidato a la gobernación va a ganar, tendrían que ir donde la gente a presentarse. Primero tendrían que convencerlos de que salgan a votar y segundo que voten por él. Yo creo que algunas de las insatisfacciones que tiene el país es por el deterioro en la Legislatura, pero creo que en términos generales, el país ha avanzado en los últimos años. Sí, hay unas áreas donde ha habido un deterioro, especialmente en lo que tiene que ver con la seguridad pública, y el desarrollo económico.
Bueno, yo no estaba en ese momento, solamente para aclarar (ríe). Yo nací a los 10 años de la Constitución. Como cuestión de hecho, yo soy el primer gobernador electo que nace después de la Constitución. (Luis) Fortuño y Alejandro (García Padilla) también nacieron después de la Constitución. Rafael (Hernández Colón), Pedro (Rosselló) y Sila (Calderón) eran niños en ese momento. En los niveles de salubridad y alfabetización, los cambios son dramáticos. El número de profesionales que gradúa Puerto Rico es mucho más alto. Ahora, si lo divides en etapas, ¿dónde estábamos hace diez años? Sí hay unas áreas en las que comenzamos a ver un deterioro.
Lo veo más en los procesos políticos. El retiro de don Luis Muñoz Marín es un momento importantísimo en el proceso democrático y político. El triunfo del PNP en el 1968 nos abre a un bipartidismo, la trágica experiencia del gobierno compartido, cuando yo fui gobernador, donde es la primera vez que hay un gobernador de un partido pero la mayoría de los alcaldes, el comisionado residente y la mayoría amplia en Cámara y Senado es de otro partido. Fue un momento difícil para el pueblo y de obstrucción total en términos de nuestro desarrollo constitucional. Eso es un buen ejemplo, ¿qué hubiera pasado si los legisladores hubieran salido electos en una fecha diferente al gobernador y hubiéramos tenido a José Aponte como presidente de la Cámara y a Pedro Rosselló en el Senado pero ellos hubieran tenido que ir a elección a mitad de cuatrienio? Yo no sé, pero a lo mejor la gente hubiera dicho que 'ustedes son los que están obstruyendo', o no 'estamos con los legisladores y no con el gobernador'. Ese es el proceso democrático.
Los plebiscitos han sido fechas importantes, pero en términos de frustración porque no han logrado avanzar nada y el que viene ahora va por el mismo camino. En ese sentido ninguno de los plebiscitos, y yo he estado haciendo campaña y he celebrado que he ganado, pero en términos del desarrollo de Puerto Rico no se ha avanzado nada, y este que tendremos ahora va por el mismo camino.
Ahí está todo el proceso de crecimiento que empieza antes de la Constitución del ELA, está el fiasco de tratar de movernos hacia la industria petroquímica, la CORCO, todo aquel periodo en el que se pusieron muchas esperanzas y fue un fracaso. Luego vuelve un impulso gracias a las 936, la decisión del PNP de respaldar y pedir al eliminación de las 936; todavía estamos pagando esas consecuencias, porque fue entregar algo a cambio de nada. Y la realidad es que el 'face out' de las 936 era de diez años, o sea que en verdad en los últimos cuatro o cinco años es que estamos viviendo las consecuencias de tener cero incentivo federal.
Ese fue un momento de gran madurez política del pueblo y de una verticalidad y una dignidad colectiva que sorprendió al propio pueblo porque después de todo se trataba de enfrentarse a una organización poderosa: la Marina de los Estados Unidos, y en segundo lugar, en cierta medida, enfrentarse al americano. Pero una democracia, tú eres ciudadano americano, y tienes el derecho a reclamarle a tu gobierno y creo que los puertorriqueños ahí se crecieron y lograron unirse más allá de líneas de partido y ese es un ejemplo donde superaron mi preocupación. Quizá es que no era por el hecho de que por el proceso electoral no podías sacar a la Marina, sino por los procesos de expresión democrática que el pueblo decidió tomar las calles, hacer desobediencia civil y hacer las marchas que se hicieron.
Mi punto es que la democracia es más que votar cada cuatro años. Si tu gobernador o tu alcalde está haciendo algo, o tu Legislatura, que tú crees que va a tener unos efectos detrimentales, deberías ejercer tus otros derechos democráticos para ejercer la presión y tratar de cambiar las decisiones.
No la puedes estar enmendado por los vaivenes políticos. Las enmiendas que se hagan tienen que generar unos consensos bastante amplios en la sociedad, y tienen que venir a tratar de resolver problemas que no son resolvibles cada cuatro años por los procesos democráticos.