Romero siguió los sueños de su hijo para disminuir la violencia y superar su muerte
Por Iliana Fuentes Lugo iliana.fuentes@elnuevodia.com
La justicia social era la misión de Julián Romero. Por eso, cuando fue asesinado el día de su cumpleaños el año pasado, su padre la asumió como suya.
Mientras algunas familias intentan superar la muerte violenta de sus hijos de forma individual, otras como la de Luis Romero, se vuelcan en esfuerzos que buscan prevenir o disminuir la violencia, que al cierre de esta edición había cobrado la vida de 148 personas.
El luto se convirtió para él en un proceso de sanación que trasciende el dolor familiar y pretende aliviar a una sociedad que también ha sufrido la muerte violenta de miles de ciudadanos en los últimos años.
“No lo supero, es imposible superar lo que sucedió. Uno enfoca la enorme tristeza, la furia para seguir esa misión de justicia que era el sueño del hijo mío”, asegura el padre al recordar que su hijo estudiaba justicia criminal y deseaba acabar con la violencia en el País.
Julián murió, en abril, a manos de un joven de 14 años mientras paseaba con su novia por el Condado. Solo dos meses después, el Día de los Padres, Romero decidió poner en marcha un movimiento que busca evitar que otros padres sufran lo mismo que él.
La Fundación Basta Ya Puerto Rico comenzó como un blog en el que describían entre sus objetivos trabajar por una legislación efectiva para prevenir asesinatos y mejorar el proceso judicial, entre otras iniciativas. Para ello han creado alianzas con universidades y capítulos en diversas partes de la Isla desde donde administran distintos esfuerzos educativos y de investigación.
Ahora, con más de 62,000 seguidores en Facebook, trabajan en distintos frentes para estudiar el problema de la criminalidad, reforzar los derechos de las víctimas y promover una rehabilitación efectiva para los confinados.
El trabajo es cuesta arriba y, aunque la gratitud y solidaridad de desconocidos que se unen a ellos a través de las redes sociales sirve de aliento, cada día es una lucha entre la pérdida y la necesidad de aportar a una sociedad que, asegura, pide “a gritos” un alto en los asesinatos.
“Todos los días es triste, todos los días es difícil. Muchas veces uno dice: ‘¿para qué, valdrá la pena, la gente lo apreciará’? Pero cuando voy a las comunidades, cuando voy a los residenciales la gente me dice, ‘necesitamos alguien que nos ayude’”, afirma Romero.
Por eso asegura que su motor, además del recuerdo de su hijo, es ese pueblo que sufre como él la pérdida de sus familiares o que vive aterrado ante la posibilidad de perderlos.
El norte de Basta Ya es que los diálogos y las soluciones salgan de las comunidades para resolver el problema de la criminalidad. Y que más allá de las marchas y las manifestaciones se gesten soluciones reales, como la aplicación que diseñaron para teléfonos celulares que permite reportar las incidencias de crímenes en el momento en el que ocurren.
“Hay que hacerlo fuera del impacto político, que la comunidad sea la que mande y dirija el proceso. A todo el mundo le es obsceno que se esté usando la vida y la muerte como balompié político”, dijo sobre la insistencia de los partidos políticos de adjudicarse culpas sobre el aumento de la violencia.
En ese sentido, Romero también piensa en la gestión de su Fundación. Hasta ahora, con solo tres empleados a tiempo completo, se financian con fondos privados de su familia y de donaciones de corporaciones. En un futuro cercano esperan generar sus propios ingresos, con la venta de la aplicación fuera de Puerto Rico, y no depender de ayudas estatales o federales para subsistir.