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23 de junio de 2014
12:00 a.m. Calidad de vida
 

Las erres del boricua

Lingüistas identifican nuevo fenómeno entre jóvenes de clase alta del área metropolitana. Vídeo

 

Por María Cristina Cela / maria.cela@gfrmedia.com

Una de las pronunciaciones que más distingue a los puertorriqueños al hablar es la RR Velar, aquella que produce un sonido “arrastrado”. (Archivo)

La forma en la que los puertorriqueños pronuncian el sonido de la R puede ser tan diversa como la geografía o la vegetación de la Isla.

Es muy común escuchar un “¡Mi amol!” o un “mueve el cajo” y, para quienes están acostumbrados, no tiene mayor consecuencia. Ahora, cuando un boricua viaja al extranjero y dice de dónde es, su pronunciación a veces es hasta motivo de burlas. “Un pueltojiqueño”, dicen los que de alguna forma conocen un poco sobre nuestro hablar.

¿Por qué le damos tantos sonidos a la R?

Brenda Corchado, profesora de lingüística de la Universidad Interamericana en Arecibo, y quien también ofrece clases en el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, explicó que como la R tiene un sonido vibrante, que se crea con la lengua, existen más opciones para pronunciarla.

Una de las pronunciaciones que más distingue a los puertorriqueños al hablar es la RR Velar, aquella que produce un sonido “arrastrado”.

“No puedo llegar a una conclusión (de por qué se da el fenómeno). Lo que puedo decir es que la R es uno de los sonidos más difíciles de pronunciar, inclusive es el último sonido que aprenden los niños”, explicó la alemana Carolin Graml a Primera Hora en la presentación de su tesis sobre el tema, en el 2009.

En su estudio, Graml descubrió que el 85% de los entrevistados en algún momento utilizó la RR Velar”, cuyo origen se ha identificado fuera del área metropolitana, aunque no se limita a la zona rural.

Otro fenómeno que ocurre en Puerto Rico consiste en la lateralización del sonido de dicha consonante. Es decir, cuando lo remplazamos con la L.

“Es un rasgo dialectal que ha ido perdiendo entre nosotros su condición de estigma, pero no así ante el oído extranjero. En otras palabras, esa articulación no forma parte de la norma internacional del español estándar o culto”, se establece en la edición enero-julio 2012 de la revista Dilo, publicación de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española.

En la Isla, existe además el rotacismo, el cual, a la inversa de la lateralización, sustituye la l por la r. Uno de los ejemplos más comunes es cuando se pronuncia “esparda”, en vez de “espalda”. Según Corchado, esta práctica se puede escuchar más en el oeste de la Isla.

Y llega entonces un fenómeno más reciente, al cual los lingüistas han llamado la retroflección. Aquí, el hablante pronuncia la R como la del inglés, debido a la exposición que tiene a este Estapráctica se ha identificado más en las generaciones más jóvenes, de clase alta, provenientes del área metropolitana.

¿Está mal darle una pronunciación diferente?

“A las maestras, que no digan ¡dolol!, a los legisladores, que no digan ¡honol!, a los locutores, que no digan ¡placel!, a los novios, que no digan ¡amol!”, escribió Salvador Tió en su ensayo, Amol se escribe con r, en el que critica la lateralización y hace un llamado de corte purista a rescatar la pronunciación de la r.

Pero algunos expertos en el tema no son tan categóricos.

“No es que esté mal, porque depende el contexto de dónde estés hablando, si es lenguaje coloquial, ese registro te lo permite. Pero, según las normas sociales, en un lugar más serio; como una disertación, en un contexto académico; como maestro, pues si se debe tratar de utilizar palabras adecuadas y seguir las normas fonológicas. Pero no es que una persona que use la RR Velar se estigme. Esa es una característica del español de Puerto Rico”, opinó Corchado.

La Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, por su parte, establece un análisis parecido, en el que enfatiza la importancia de la educación y proveer las herramientas necesarias para que entonces el hablante decida cómo pronunciar.

“Aceptemos que la imposición de normas puede promover la inseguridad expresiva. Aceptemos, finalmente, que la norma culta no está escrita en piedra. Pero consideremos también que todo ciudadano debe tener la opción de hablar lo mejor posible, si así lo desea o le conviene. No se trata solo de una cuestión de corrección lingüística, es también un asunto de justicia social. El idioma es poder y contiene sus propias contraseñas de inclusión y exclusión. Debemos conocerlas, y a esa luz, decidir, por ejemplo, si ante un micrófono radial, en un auditorio atestado, en el transcurso de una presentación de negocios o al oído de quien se ama o se pretende diremos ¿amor o amol?, ¿veldad o verdad?”, expone la Academia.

Y tú, ¿cómo la pronuncias?



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