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Estilos de vida

Mi bienestar
13 de julio de 2012
 

Las fronteras de la privacidad

Qué divulgan hoy las personas en las redes sociales y cómo lo hacen redefine el concepto de intimidad

 
 (FOTOMONTAJE/ ADLIN GONZález-torres / THINKSTOCK)

/ croldan@elnuevodia.com

Por Camile Roldán Soto

Un día cualquiera te levantas, abres tu cuenta de Facebook y al repasar comentarios, fotos y noticias encuentras el novelón. Tu amiga descubrió la infidelidad de su marido y decidió compartir con sus amigos los detalles de la traición.

“Aquí está él, con la amante que ha tenido por los últimos meses mientras yo doblaba turnos en el trabajo”, reza el calce de la foto que muestra la escena. Hombre y mujer apretujados en la esquina de un bar.

Un poco más abajo llueven comentarios:

“Amiga, adelante. ¡Olvídate de él¡”.

“Toma esto como algo positivo. Sácalo de tu vida, busca un buen abogado y pon el divorcio ya... No estaba para ti”.

Con pequeñas modificaciones, esta es solo una parte del extenso drama de la vida real ventilado recientemente en la popular red social. Muestra de que la privacidad, como la conocíamos, se ha transformado sin aparente vuelta a atrás. Es un fenómeno que asociamos, más que nada, a la creación de Facebook en el 2004. Sin embargo, las dinámicas que hoy apreciamos son resultado de una evolución. Nada ha surgido en el vacío.

¿Privado?

“En relación con los conceptos privado, personal e íntimo, ha habido una lógica de borradura”, dice la socióloga e historiadora Sylvia Álvarez Curbelo. Pero no puede achacarse exclusivamente a las redes sociales creadas en la última década.

Hay que tomar en cuenta, apunta la doctora, la enorme influencia que a lo largo del siglo XX han tenido en nuestra visión de lo que significa la privacidad el tratamiento que han dado los medios de comunicación al mundo del espectáculo, el entretenimiento, la criminalidad e incluso la política. Son áreas, dice, que “han ido caminando hacia el desenmascaramiento o presentación de datos cada vez más propios de la vida íntima”.

Así se ha visto en las populares revistas de farándula que indagan en las interioridades de los artistas (con o sin consentimiento), programas de radio y televisión, donde las personas narran su historia, critican y buscan apoyo.

En el ámbito noticioso, Álvarez Curbelo menciona como ejemplo el caso de la presidencia de John F. Kennedy, cuyas aventuras extramaritales eran hecho conocido. Sin embargo, existía un código de silencio para mantenerlas fuera del escándalo. Algunas décadas más tarde, durante la presidencia de Bill Clinton, la historia fue otra. No solamente los medios hicieron una fiesta de su aventura con Mónica Lewinsky sino que el presidente y su esposa, Hillary Clinton, fueron voluntariamente a hablar de su relación a varios programas de televisión.

La moda de los ‘reality shows’, que comenzó a pegar fuerte a finales de los 90 y principios de 2000, fue otro de los cambios que continuó modificando la frontera de lo íntimo. Este tipo de programa abrió una ventana antes impensable a la vida privada de la gente, convirtiéndola en todo un espectáculo.

En la red

Herramientas como Facebook nos permiten acercarnos a la vida de otras personas desde las maneras más casuales a las que rayan en lo obsesivo, como atestigua a menudo el sicoanalista Alfredo Carrasquillo.

Tan es así que se atreve a afirmar que muchas relaciones de pareja están atravesadas por el tema de las redes sociales. Así se observa en las decisiones sobre a quién incluimos y excluimos de nuestro espacio o con quién ejercemos cierto tipo de espionaje para saber qué pasa en su vida.

Puede ocurrir que se rompe la relación, pero uno o ambos siguen pendientes al ex, miran sus fotos, con quién sale y qué hace. Es una cadena que puede activar mucho más fácil la tentación de comunicarse.

“Las redes sociales y el fin de la privacidad hacen más difícil que la gente termine sus relaciones. Se pueden acabar, pero no se rompe totalmente el vínculo porque están pendientes”, comenta el doctor.

La red también nos permite presentarnos a los demás. Claro, que con una versión bien acomodada a lo que queremos ver y resaltar de nosotros mismos.

“Nadie habla nada ‘nasty’ de su vida. La mayoría de la gente hace una construcción potencialmente amable de sí mismo”, comenta el sicoanalista.

El hecho de que existan ciertos controles de privacidad ofrece la falsa noción de que el muro de Facebook es un espacio reservado a las amistades que aceptamos. Pero la realidad, plantea Carrasquillo, es que la privacidad -como la conocíamos- se acabó.

Como ocurrió con el caso citado al inicio de este artículo, cualquier información que compartimos en el ciberespacio puede ser accedida a modo de cadena a través del amigo del amigo de tu amigo. Ni siquiera tienes que participar activamente en las redes sociales para quedar expuesto a ellas, pues en cualquier momento una foto tuya o un comentario sobre ti pueden quedar a la vista de cientos o miles.

“Uno deja una huella electrónica. No importa dónde estés, las computadoras revelan qué tipo de actividad haces. Se queda ahí y es lo que Facebook y los publicistas usan para lograr una página bien dirigida a ti”, comenta, por su parte, la doctora María Teresa Martínez, decana asociada de Posgrados en la Universidad del Sagrado Corazón.

Aunque todos utilizamos la tecnología de manera diferente, dependiendo de muchos factores, es usual que los espacios virtuales reflejen nuestro comportamiento en el espacio público social.

“Si en tu grupo de amigos se encuentran para intercambiar chismes, recomendaciones de libros o canciones viejas, esa misma será la práctica en la red social”, opina Martínez.

Lo que no puede perderse de vista es que, al mismo tiempo, las herramientas de la tecnología hacen cada vez más sencillo, rápido y masivo poder expresar sentimientos, opiniones o compartir información con otros. Cabe preguntarse entonces: si no fuera tan fácil colgar la foto de la aventura de tu amiga con su amante, ¿lo hubieras hecho?

Otro asunto es la gratificación instantánea que se obtiene gracias al alcance de la información en las redes sociales. Colgamos fotos del bautizo del sobrino, la fiesta de cumpleaños o el ‘camping’ en la playa, y esperamos -a veces con demasiado interés- ese halago o comentario solidario.

Para Carrasquillo, se trata de un legítimo ejercicio de poder.

“Hay gente que lo hace para expresarse, ventilar y buscar apoyo”, comenta al observar que, debido a la rapidez en el estilo de vida, muchas veces esas dinámicas que se dan ofrecen un bálsamo necesario porque “se activan solidaridades”. Es lo que ocurre en momentos de enfermedad, pérdida de seres queridos o despidos, como también eventos felices como cumpleaños y bodas.

A muchos no les molesta exponer un poquito más. Ventilan desde lo que desayunan hasta su estado de ánimo, dónde están y con quién.

“No es algo que se imponga. Es más bien una convergencia entre la lógica tecnológica y, digamos, cómo se construye una identidad y un mundo que es cada vez más sinóptico”, expresa Curbelo.

Plantea que para las generaciones que no conocieron un mundo previo a Facebook la mirada es distinta. La visibilidad y la capacidad de tener enlaces es lo que más importa.

Mientras, Martínez nota cierto nivel de ingenuidad -en gente de todas las edades- respecto a las consecuencias que puede tener exponer cierta información en la red. A veces no es falta de conciencia, sino despreocupación.

Sea cual sea el caso, en tiempos donde grupos como WikiLeaks nos recuerdan la posibilidad de penetrar espacios que antes se concebían impenetrables, es útil recordar que ya nada es hermético. Que no hay información impenetrable.

Se trata, sostiene Martínez, de reconocer cuál es nuestro rol en la vida y ser conscientes de cómo el comportamiento en las redes puede afectarlo negativamente.

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