La devoción del pueblo puertorriqueño por los Reyes Magos, especialmente por el rey negro, es medular en la vida del antropólogo Ramón López
Por Carmen Graciela Díaz / Especial El Nuevo Día
Los Reyes no llegaron. Algo pasó en ese camino largo y pedregoso para que los Magos Gaspar, Melchor y Baltasar, no pudieran dejar regalitos. Más de uno ha vivido eso, otros quizás han escuchado relatos así, algunos ni se imaginan que han habido y hay hogares donde los niños no tienen una cajita que abrir.
Ramón López fue uno de esos chiquillos. Muchos años después, ese niño se convertiría en un antropólogo y artesano que tiene la plena en su sangre y que, entre todos sus campos de investigación, los Reyes tienen un sitial tan resonante como esa tradición entre los puertorriqueños aunque a veces se piense lo contrario. Con un moño de pelo tan flaquito como él, Ramón se acuerda meciéndose en la hamaca de un momento en el que los Reyes Magos y su día se le grabarían en el alma.
Fue una vez en la que sí recibió un obsequio, pero paradójicamente sintió más que nunca la escasez, esa cosquilla molestosa de la culpabilidad.
“Estaba creo que en primer grado y el pana fuerte mío era un chamaquito que se llamaba Nelson López que vivía en el barrio y cuando regresamos a la escuela le decía que los reyes me trajeron un bolsito de muchos carritos de goma y cositas en miniatura”, narra al recordar que en el salón, la maestra quiso que los niños contaran qué les trajeron los Reyes.
“Así que me fui por el lado de la soberbia, pero en vez de decir lo que te dije, dije ‘y me trajeron un carrito de esto, y un camión de esto, y un avioncito de esto’, y tenía tremenda lista, tú sabes. Entonces, le preguntan a Nelson y se pone así en el escritorio”, explica al dramatizar la reacción de su amigo que escondía la cara entre los brazos. La maestra no supo leer lo que pasaba por la mente de ese chiquillo.
“Ella insiste y Nelson dijo ‘¡na!’, y se volvió a esconder. Y a mí me ha dado una vergüenza que ese día, cuando salimos de la escuela, subíamos la jalda pa’ nuestras casas, entré a casa, saqué el paquete de los juguetitos y se lo di. Eso me pareció algo como muy importante, qué sé yo... A mí me dolió que él tuviera que pasar ese bochorno”, hurga Ramón en sus recuerdos, desde su casa en Barranquitas.
Reyes del alma
Hay intereses que no tienen una fecha concreta de inicio cuando miramos atrás. A Ramón le pasa así con los Reyes, pero digamos que esa memoria es una suerte de marcador del hombre que por años se ha volcado en documentar en escritos y diversas instancias cómo los boricuas han hecho suyos a los Reyes pese a su exotismo.
Pero vamos, a los Reyes Magos se les lleva en el alma, como diría Peyo Mercé en Santa Clo va a la Cuchilla, de Abelardo Díaz Alfaro. En Puerto Rico, como otros países, se les siente más cerca del corazón a esos tres señores que al don gordito de pelo blanco que va vestido de rojo.
“No solo está en la obra de Abelardo el elemento de identidad de que los Reyes somos nosotros, que son de nosotros, sino que menos conocida es la abierta proclamación en sus escritos de la preferencia por Melchor en la tradición cultural puertorriqueña”, menciona aludiendo a trabajos de Díaz Alfaro como Estampas navideñas que publicó el Instituto de Cultura Puertorriqueña.
Ramón, por su parte, se sirvió de sus investigaciones etnográficas y en textos como Crónica de Melchor: el único negro que siguió siendo rey ha develado algo que afirma con ímpetu: “el rey Melchor acompañado de unos atributos ha tenido un sitial de honor en la tradición de los Reyes Magos”. Un lazo que desglosa que está plasmado en décimas, comportamientos del pueblo y distintos ámbitos de expresión cultural como la talla de santos.
En la casa-taller de Ramón, la vista se recrea inquieta ante tanto que pide mirarse. Innumerables libros de temas como el cosmos y de autores como el antropólogo Claude Lévi-Strauss resaltan en su colección que se complementa con discos de The Doors, Radiohead o Calle 13. Sus tapices y una familia de siberian huskies que saludan afuera son motivos de ilusión en su mirada afable. Pero este espacio no estaría completo sin varios Reyes Magos y, particularmente, unas cuantas figuras de Melchor solo.
Aunque las fechas no son precisas, según Ramón, la historia de la apropiación de los puertorriqueños de los Reyes Magos puede tener sus raíces con el desarrollo de la talla de santos en Puerto Rico después del siglo 16.
“El pueblo colonial, esclavista, donde la mayor parte de la población era mulata o negra desarrolló un catolicismo popular distinto al catolicismo oficial que la Iglesia imponía y una de sus características es que el pueblo empezó a producir sus propios santos”, dice de ese culto doméstico que consideraba a los santos intermediarios ante Dios.
De acuerdo con Ramón, dentro de esa constelación de santos a los que se les pagaba promesas, ninguno se talló y se le prometió con más frecuencia que a los Reyes.
“¿Cómo es que un pueblo (en las etapas tempranas de su historia colonial) que no tiene supervisión eclesiástica, que no tiene ferias de artesanía, que no tiene institutos de cultura, que lo que tiene son artesanos independientes aunque quizás conocidos haciendo sus cosas, empieza una costumbre que no viene de ningún lao', que sale de aquí, y es que a las muchas maneras de representar a los Reyes que ya había, la gente puertorriqueña escoge representarlos como tres jinetes y uno de ellos es negro y ese se le pone al centro y se le da el caballo de lujo, que es el caballo blanco?”, cuestiona Ramón.
Aunque a lo largo del tiempo esta tradición ha tenido que enfrentarse a los embates del pensamiento comercial referente a Santa Claus, el país no solo se refiere a ellos como reyes y magos sino también como santos, enfatiza.
La fiesta de Reyes ha logrado imponerse al 25 diciembre, desglosa Ramón, pese a que cuando el régimen norteamericano se implantó en Puerto Rico, el catolicismo de Estados Unidos y el calendario de días feriados reprimieron dicha celebración y las promesas a ellos. “En ese contexto los Reyes empiezan a traerles regalos a los nenes y fue traumático porque en el Día de Reyes era un asunto público quién podía y quién no podía comprarles regalos a sus nenes”, explica de ese matiz doloroso de la fiesta.
Pero a medida que los años transcurrieron con sus procesos, en el siglo 20, la valorización de la identidad cultural para los años 70 consolida a los Reyes como “símbolo de lo que somos y que tenemos que afirmarlos”.
En el mundo artesanal, ese matiz boricua a Melchor, Gaspar y Baltasar, tuvo un momento clave cuando Domingo Orta (1928-2007) repensó los regalos tradiciones de oro, incienso y mirra que ellos le llevaron al Niño Jesús.
“Como los artesanos somos así, se nos ocurren cosas, un día Domingo sacó unos Reyes que son unos músicos: una trullita. Uno tiene el cuatro, otro el güiro, y el otro tiene maracas, o lo que sea. Son tres músicos puertorriqueños y eso es un golpe importante porque está diciendo, ahora todavía más, los Reyes somos nosotros”, manifiesta.
Dado que don Domingo fue el pionero en esta práctica y por respeto, Ramón cuenta que el tallador José Pelegrina le pidió permiso para ponerle en su trabajo otros objetos a los Reyes. La respuesta fue afirmativa.
“Los Reyes llevan regalos puertorriqueños y todo tipo de artesanía, o saquitos de café, o son trabajadores puertorriqueños y pueden haber reyes pleneros, o bomberos, etcétera. Esto coge al país y lo arropa, y cada vez más como que los Reyes empiezan a requerir llevar regalos puertorriqueños, desde una pana con la mancha blanca chorreando acaba de coger o hasta una tallita de Reyes Magos, o sea, un juego de espejos bien interesante”, cuenta.
Pero uno de los aspectos más hermosos de esta “puertorriqueñización” de los Reyes tiene que ver con Melchor; el preferido de los boricuas.
Ramón discute que “desde el principio, Melchor fue considerado el rey más generoso. Por eso, si tenías que pedirle algo a un rey, iba a ser a él”. La tradición lo ve, detalla, como “el rey que se acordaba de los pobres, que era humilde y que estaba marcado por el discrimen pero que viene a ser la esperanza de todo el que busca justicia”.
Al puertorriqueño sentir que este rey negro, tan generoso, ha sido marginado por su color de piel (como prueba un cuento al que Ramón alude que apunta que la estrella de Belén “quemó” su piel), tal vez por ello el pueblo ha sentido una conexión metafórica entre el tránsito de ese rey y las luchas políticas, culturales y sociales que ha experimentado históricamente el país.
Promesa y vida
En la sesión de fotos, la compañera fotoperiodista Teresa Canino nota desde su lente que a Ramón se le infla el pecho cuando se acerca una talla de Melchor al corazón. No extraña ese gesto enorme cuando hablamos del hombre que lleva años realizando una promesa a Melchor que empezó en su casa en 2003, siguió en un esfuerzo público junto al centro cultural de Barranquitas y desde hace tres años regresó a la intimidad de su hogar.
La ofrece por su salud, ante ese altarcito al que no le falta un tapetito blanco y una vela entre otros adornos que pueden incluir plantas como crotones. Es un asunto entre él y Melchor, con el rey al que le puede pagar su promesa con la intervención de un “rosario pleniao” que escribió.
Uno de sus tapices en el que representa a Melchor solo, con pantalones ‘coloraos’, como dice, y una camiseta del Cuarto Festival de los Reyes Magos en Vieques que tiene una chapita de la firma del pintor Vincent Van Gogh (a quien considera su máximo referente) da cuenta de la intimidad, de ese vínculo entre ambos.
¿Pero acaso Melchor le ha concedido a Ramón lo que le ha pedido? “Yo debo estar muerto físicamente porque lo que ustedes hayan percibido de mí, tiene como sustento una vida hiperactiva donde nunca titubié en maltratar el cuerpo para lograr tarea y eso se acumuló. Yo padezco de sarcoidosis, que es una enfermedad incurable y me puede matar la semana que viene, o me puede matar (a los) 99 años”, relata quien fue hospitalizado en mayo por agotamiento, anemia y fallo renal, aparte que su condición que no es muy conocida le afecta los pulmones.
“Parte del milagro de Melchor conmigo es que pueda hacer esto”, finaliza Ramón sobre ese rey a quien le debe tanto y que lleva en su cuello junto a los otros dos con la estrella de Belén en la posición central con Melchor.
Nos despedimos de Ramón con el frío barranquiteño, y cuando preguntó qué día saldría este artículo y al saber que publicaría el Día de Reyes, la emoción de su mirada fue contundente. Era Melchor obrando una vez más.
Son puertorriqueños y la talla lo comprueba
Ramón López comparte algunas de las tantas maneras y tendencias en las que los talladores contemporáneos proyectan a los Reyes Magos.
• En las representaciones tradicionales de los Reyes Magos en Puerto Rico, si bien las tallas muestran una gama de estilos personales, los santos tendían a parecerse a sus talladores “si eran cachetús o enjillíos” pero en el punto que suele coincidir la tradición es de Melchor como un negro flanqueado por dos blancos.
• No suele saberse quién es Gaspar o Baltasar porque son idénticos versus los distintos atributos de Melchor.
• El arraigo de Melchor en la talla puertorriqueña tuvo un punto de desarrollo particular cuando en el 2006, en el Encuentro de Santeros de Orocovis, se celebró el primer certamen de la talla de Melchor solo.
• Otra de las señas de la puertorriqueñidad de los Reyes es que abandonan los camellos y usan caballos.
• Aunque no se da en todos los casos, Melchor suele ser un jinete que va sobre un caballo blanco y que usa “colorao”.
• No es raro que los artesanos busquen la manera de poner en sus tallas, en la parte de atrás, un palito o un alambrito y poner la estrella encima de Melchor.
• En el siglo 19 comienzan a aparecer Reyes “engabana'os” que eran representantes de los hacendados y que probablemente, al ser encargados por los hacendados, el artesano le daba ese giro.
• El pueblo recoge en la tradición de Reyes el elemento erótico en una particular leyenda de las tres Marías que apunta que ellas y los tres Reyes “se atrasaron un poco porque se fueron a meter mano esa noche”.
• Aparte que los Reyes Magos de Puerto Rico pueden llevar regalos boricuas al Niño Jesús, si a uno de esos obsequios se le reconoce mayor importancia simbólica cultural (como la bandera puertorriqueña), Melchor lo tendrá en la mano. En otras representaciones, Melchor puede tener entre sus brazos al Niño Jesús.
• En ciertas tallas, si no se pintan, se homenajea a Melchor con la madera más oscura.
Hacia la promesa y otras lecturas
Mañana, lunes 7 de enero, Ramón estará de 6:00 a.m. a 8:00 a.m. pagando su promesa a Melchor al conversar sobre la tradición de los Reyes Magos en Puerto Rico y los lazos con Melchor en el programa Alborada de Radio Universidad de Puerto Rico.
Y este año la promesa a Melchor se sale de la intimidad de su hogar y a partir de las 7:00 p.m. esta se realizará en el café teatro Canto Nuevo en el centro urbano de Barranquitas. Un ambien te familiar y de amigos es la promesa humilde que le hace Ramón a todo aquel que desee experimentar este evento religioso y cultural que celebra su décimo aniversario en su vida.
Por otra parte, si accedes al portal www.bembeteo.com, puedes leer poesía, algunos de los trabajos etnográficos de Ramón sobre los Reyes Magos, la artesanía puertorriqueña y la plena, entre otros temas, así como conocer de sus tapices como los que presentará en su próxima exposición en agosto en el Museo de las Américas en el Viejo San Juan.