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30 de enero de 2013
Puerto Rico Hoy
 

“Lo mejor de eso fue que el Señor restauró”

Una iglesia ocupa hoy el local donde ocurrió la peor matanza que ha habido en el país

 

Por Aurora Rivera Arguinzoni / arivera@elnuevodia.com

El lugar que se convirtió en un infierno de balas, sangre y muerte la noche del sábado 17 de octubre de 2009 es ahora un templo dedicado al rescate de las almas. Fue el escenario de la peor masacre en la historia del crimen organizado en Puerto Rico, según ha sido catalogada, pero ahora, durante los fines de semana, allí se cultiva la fe de la comunidad Sabana Seca, en Toa Baja.

Transcurridos más de tres años del tiroteo que dejó nueve víctimas fatales (incluido un bebé por nacer de ocho meses de gestación) y 20 heridos, orificios de bala en las puertas de cristal del modesto edificio, de un solo piso, hacen pensar que el lugar se congeló en el tiempo.

Sin embargo, según los vecinos, el hecho de que el antiguo negocio La Tómbola sea hoy una iglesia es señal de esperanza.

No tiene ningún rótulo, marca o símbolo que la identifique como tal. Ayer, durante una visita de El Nuevo Día al lugar, no había nadie en ella, pero a través del cristal de sus dos puertas –las mismas que los matones bloquearon la noche del tiroteo– podían verse filas de sillas acojinadas y un equipo de sonido.

“Lo mejor de eso (de la masacre) fue que el Señor restauró”, gritó desde una esquina contigua una mujer que se identificó como Carmen López.


Dijo que temprano la noche del tiroteo, Dios le reveló lo que pasaría, y que después también le mostró que allí habría una iglesia.

“(Aquella noche) Me retiré a orar en la parte de atrás de mi casa. El Señor me mostró lo que iba a pasar, que habría sangre, muerte y heridos”, narró López, quien vive allí hace 50 años, dijo.

“Le damos la gloria y gracias a Dios porque ha hecho muchos milagros ahí, (hasta personas) han dado testimonio de que a través de lo que ha pasado han entregado sus vidas al Señor”, exclamó luego sobre lo que ocurre en el lugar actualmente.

Falsa tranquilidad

A pesar de lo que representa el que haya un centro de predicación y fe en el mismo espacio en que ocurrió la terrible masacre, vecinos de la calle Progreso aún viven encerrados tras las rejas y recelosos de cualquier cara nueva que se asome por allí.

Ayer, cuando un equipo de periodistas de El Nuevo Día intentó conversar con algunos sobre el ambiente que se percibe en la zona –precisamente en momentos en que comienza el juicio federal contra el supuesto cabecilla de la masacre, Alexis Candelario Santana– casi todos respondieron a las preguntas desde el interior de sus casas. Objetaron identificarse y ninguno permitió que se le fotografiara. Dijeron vivir tranquilos, pero no quisieron opinar.

“No quiero meterme en esos líos”, respondió un hombre de entre 50 y 60 años, que manejaba una bicicleta por la calle. Ofreció algunas direcciones de cómo llegar al lugar exacto donde ocurrió la masacre, y de prisa siguió la marcha.

En general, al ser entrevistados por separado, los vecinos coincidieron en que la comunidad ha estado tranquila en estos últimos años, aunque marcada por lo ocurrido.

Tres hombres de entre 30 y 40 años, que tras la llegada de este medio al área se congregaron en torno a un poste frente a lo que fuera La Tómbola, no fueron la excepción.

“Los primeros tres meses (después de lo ocurrido) aquí no venía nadie. Desde que los cogieron (a los sospechosos de la masacre) la gente sale un poco”, señaló uno de ellos, quien dijo tener 34 años y haber residido toda la vida allí.

“El ambiente está tranquilo... Después de eso ha cambiado un montón. Todo el mundo está con la ‘perse’ (sentido de persecución)”, lamentó otro, de 43 años, que dijo ser nacido y criado allí. Un tercero que lo acompañaba y que luego se marchó en un vehículo pareció coincidir.

Reservas con la pena capital

Sobre el proceso judicial contra Candelario Santana, quien podría enfrentar la pena de muerte, solo el hombre de 34 años se expresó a favor. “¡Fantástico! Ese hombre era un puerco. Nunca lo habían querido en el barrio. Mató a un primo-hermano frente a su (propia) madre. Después de eso su madre murió”, alegó.

Otras personas rechazaron la pena capital, pero exigieron un castigo justo. Y una fémina pareció defender al acusado. “No hay evidencia , no hay testigos de que fue él (quien cometió los crímenes), y el que único puede quitar la vida está allá arriba (en el cielo). Si esa ley (la que autoriza la pena de muerte en el foro federal) la ponen aquí, van a morir muchos inocentes. Tienen que investigar bien primero”, reclamó la mujer.

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