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17 de octubre de 2010
Puerto Rico Hoy
 

Los independentistas eran los que más me aceptaban

El congresista puertorriqueño Luis Gutiérrez habla a fondo sobre el nacimiento de su posición política y su reciente decisión de no aspirar a la alcaldía de Chicago. Fotos

por José A. Delgado / jdelgado@elnuevodia.com

WASHINGTON - En un día de sesión del Congreso, nadie llega más temprano a la oficina que Luis Gutiérrez.

El boricua Gutiérrez, el congresista demócrata por el distrito 4 de Chicago, vive, literalmente, en su oficina.

La oficina 2266 del edificio Rayburn del Congreso es desde hace varios años su dormitorio y el sofá de su despacho su cama.

“Me resulta cómodo, no tengo que viajar del trabajo a la oficina”, dijo Gutiérrez, aunque admite que si la semana es larga se puede escapar a un hotel.

La afición por el sofá le salvó la vida en 1985.

El incidente nunca ha sido esclarecido. Pero, en aquel año alguien lanzó una bomba molotov en contra de la que era entonces su vivienda en Chicago.

Por haberse quedado durmiendo en el sofá, Gutiérrez se dio cuenta del atentado, ocurrido a las 3:00 a.m., justo a tiempo. Primero un ladrillo quebró la ventana. Después, estalló en llamas un galón de gasolina.

Sólo tuvo contados segundos para despertar a su esposa Soraida y su hija mayor, entonces de cuatro años, y sacarlas a toda prisa de la residencia. Su hogar, con todo y automóvil, fue pérdida total.

En aquellos tiempos, Gutiérrez era ya una voz liberal en defensa de los derechos civiles y crítico, entre otras cosas, de la política intervencionista de Ronald Reagan en Centroamérica. Algunos amigos de infancia y del barrio fueron imputados de pertenecer al grupo clandestino independentista Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

“A mí me decían el moderado, por haber sido del Partido Independentista, pero me quisieron hacer culpable por asociación”, contó Gutiérrez, mientras se apuraba un ‘sándwich’ en el último día de sesión legislativa antes de que el Congreso cerrara sus trabajos hasta mediados de noviembre.

Lleva 18 años en el Congreso, representando los barrios que desde pequeño recorrió y por los cuales ha hecho toda su carrera política.

Su primera elección política en Chicago fue una auténtica quijotada. Retó al entonces poderoso presidente del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara baja federal, el demócrata Dan Rostenkowski, por la jefatura demócrata de su distrito electoral. Todavía le ciega la colorida campaña -en azul y naranja- de Rostenkowski, quien llenó de propaganda hasta las casas de sus vecinos.

“Cuando cerraba los ojos, sólo veía ‘Rostenkowski”, recordó, casi deletreando el apellido del fallecido político, entre risas. Gutiérrez sólo consiguió el 25% de los votos, pero allí, de la mano del alcalde Harold Washington, y su comunidad, nació el político que fue durante cinco años concejal municipal y que se ha convertido en el principal líder del movimiento en Estados Unidos a favor de una reforma en las leyes de inmigración.

Por segunda vez en los últimos tres años, Gutiérrez consideró aspirar a la alcaldía de Chicago, el único puesto electivo que le ha hecho reconsiderar sus casi dos décadas en el Congreso federal.

Hace tres días, cuando hasta sus aliados más cercanos daban como un hecho que presentaría su candidatura, sorprendió a todos y descartó aspirar a la jefatura de la ciudad de Chicago. No hubiese tenido que renunciar al puesto que ocupa en el Congreso, al que debe ser reelegido el 2 de noviembre, para aspirar a la alcaldía.

“Fue una decisión bien difícil”, sostuvo, al indicar que su “corazón” y “lealtad” están con el movimiento a favor de una reforma en las leyes de inmigración, del cual es el líder en el Congreso.

En Chicago, Gutiérrez rechazó que tomara en cuenta la controversia sobre el préstamo de $200,000 que obtuvo del convicto desarrollador Calvin Boender.

“Esa investigación (en contra del desarrollador) terminó”, dijo Gutiérrez, cuya transacción con Boender -a quien le pagó con intereses- nunca formó parte del proceso judicial.

A finales de septiembre y el pasado jueves -la segunda vez, por teléfono, tras descartar la candidatura a la alcaldía de Chicago- Gutiérrez dialogó a fondo con El Nuevo Día sobre su trayectoria política.

Pero, también sobre la comunidad boricua de su ciudad natal y sus años de adolescencia en Puerto Rico: desde su llegada a los 15 años a San Sebastián sin hablar una sílaba de español, hasta el momento en que el idioma vernáculo de sus padres le conectó con fuerza a la comunidad puertorriqueña de Chicago que le ha respaldado durante el cuarto de siglo que ha estado vinculado a la política electoral.

En San Sebastián -donde de adolescente sintió el rechazo de ser un ‘chicagorican’- se hizo independentista y entendió las consecuencias del colonialismo. En Chicago, sin embargo, conoció la realidad de los otros inmigrantes, los que llegan a Estados Unidos sin la ciudadanía estadounidense o sin la autorización para residir en el país.

Todavía recuerda el momento en que una compañera de clases de escuela secundaria en la escuela Manuel Méndez Liceaga se viró hacia el maestro y le indicó, en referencia a él, “el gringo me está molestando”. “En plena adolescencia, nunca me sentí tan sólo como en aquel momento”, dijo Gutiérrez, hablando indistintamente en español e inglés.

Por medio de su oficina legislativa, 50,000 hispanos han cumplido con el proceso de adoptar la ciudadanía estadounidense.

El sábado 1 de octubre, cuando grupos de base -sindicatos, hispanos, afroamericanos y de otros sectores de la sociedad- llevaron a cabo frente al Lincoln Memorial la marcha “Una nación, trabajando juntos”, hubo dos oradores principales: el congresista John Lewis, un ícono afroamericano del movimiento pro derechos civiles y el boricua Gutiérrez.

¿En qué momento, Luis Gutiérrez, hijo de populares, se sintió independentista?

“En San Sebastián aprendí que era el producto de una válvula de escape de un sistema económico que estaba basado en que casi toda una generación tenía que irse para que pudiera haber adelantos económicos. Los independentistas eran los que más me aceptaban. Me dieron un espacio intelectual para poder explicar y entender mi situación. (Recuerda con agrado los discursos de Rubén Berríos Martínez en la plaza pública de San Sebastián, en los que momentos en que se convertía en el líder del PIP, en el cual militó. ‘Esos discursos eran por sí mismos un proceso educativo’)”.

¿Por qué regresa a Chicago?

La contestación es larga. Pero, en definitiva afirma: “soy el producto de los barrios puertorriqueños de Chicago”.

¿Qué le motivó a buscar un escaño en el Congreso?

“Es el cuerpo legislativo más influyente del mundo. Quería venir a un lugar en que hay más debate en torno al desarrollo de la política pública y tener la oportunidad de unificar más a los latinos”.

¿Dónde se inicia su vocación a favor de la reforma en las leyes de inmigración?

“Cuando comienzo como congresista me reúno con el ahora asambleísta de Chicago Danny Solís y me explica el proceso de la legalización de tres millones de personas en 1987, y la necesidad de completarlo. Cuando en 1993 vemos que hay miles y miles de residentes permanentes que viven en mi distrito que tienen la opción de pedir la ciudadanía, entendí que era un asunto que estaba vinculado a mis funciones”.

¿No le cuestionan que usted sea hijos de inmigrantes puertorriqueños con ciudadanía estadounidense?

“Lo que he visto es agradecimiento de parte de ellos. (Dice que algunos en su distrito creen que su esposa, nacida en Moca, es mexicana y por eso su entrega a la causa de la reforma de inmigración). La gente crea razones. Cuando (Carlos) Romero Barceló promovió en Chicago un candidato de origen mexicano en mi contra (en 2002) y me cuestionaron mi entrega por Vieques y la independencia de Puerto Rico, los mexicanos vieron mi trabajo como el que haría un mexicano regresando a México a decir ‘no nos maltraten’. Esa campaña, en un distrito en el que los mexicanos son la mayoría de los hispanos, demostró el tipo de unidad que habíamos formado.

¿Resiente que el presidente Barack Obama no haya hecho más a favor de la reforma?

“Obama (con quien se reunió en agosto y septiembre) dice que lo eligieron por cuatro años y que no puede cumplir todas sus promesas en los primeros dos. Pero él debió darle una mayor prioridad. No lo hizo y por eso lo hemos criticado”.

¿Deben salir a votar los hispanos de todos modos en estas elecciones legislativas por los demócratas?

“Creo que sí. Todavía tenemos espacio para dar otros pasos en torno a la reforma. El (Obama) dijo ante el Caucus Hispano del Congreso que no se rinde”.

La entrevista, que comenzó en su oficina, se traslada ahora a los pasillos del Congreso. Gutiérrez tiene que ir a votar. Como casi todos los congresistas, su despacho está en un edificio aledaño al Capitolio. Un tren subterráneo lleva a los congresistas hasta el Capitolio.

A su vagón se suma el congresista Chaka Fattah, demócrata de Pennsylvania. Al darse cuenta de que su colega era entrevistado, señala al periodista y le dice: “Es un honor estar en el Congreso, pero para el Congreso es un honor que Luis Gutiérrez sea uno de sus miembros”.

Gutiérrez deja la entrevista. Entra al hemiciclo, emite un primer voto y camina entonces hasta el salón Rayburn del Capitolio federal (Sam Rayburn fue uno de los más famosos ‘speaker’ de la Cámara baja), donde lo esperaba una reunión del subcomité de Inmigración de la Comisión de lo Jurídico.

En una mesa al lado de la que ocupaban los miembros del subcomité, la conversación se centró en la alcaldía de Chicago. Entonces hablaba con entusiasmo de la elección municipal de febrero.

Hace tres días, sin embargo, se descartó como candidato. “Tengo un trabajo inconcluso que terminar”, le anunció Gutiérrez a cientos de estudiantes en la Universidad de Illinois, al indicar que en las buenas y en las malas su compromiso político y su corazón está con la lucha a favor de la reforma de inmigración federal, que le ha convertido en un líder con presencia nacional en Estados Unidos.

Todo el mundo a su alrededor pensaba que iba a aspirar.

“Había que hablar con Soraida (su esposa), Omaira y Jessica (sus hijas), que eran las que sabían. Amo mucho a Chicago, pero sabía que no iba a poder darle todo mi tiempo. Mi corazón y mi responsabilidad iban a estar como quiera en los barrios y ciudades de esta nación y en la lucha a favor de los inmigrantes”.

¿Podía ganar?

“Absolutamente. La encuesta así lo demostró (según el estudio de opinión que él mismo financió estaba entre los primeros cuatro aspirantes de un grupo que puede superar la decena).

¿Está Chicago listo para un alcalde latino?

“Creo que está listo para un alcalde nuevo y entre las posibilidades está un latino”.

¿Apoyará al boricua Miguel del Valle?

“Lo llamé antes de hacer el anuncio. Quedamos en conversar después del 2 de noviembre. Miguel es un excelente candidato, pero es prematuro tomar una decisión”.

¿Debe considerarse a Rahm Emanuel, el ex jefe de Gabinete de la Casa Blanca y con quien usted ha tenido viejas pugnas, como el favorito?

“El me había llamado. Lo llamé también antes de hacer el anuncio del jueves. Hablaremos más adelante.

¿Todavía cree que Emanuel es el candidato que no debe ganar?

“Chicago necesita un alcalde que aprecia y defienda a los inmigrantes. Rahm Emanuel tiene que hablar en su campaña sobre este asunto”.

Pero, no es un secreto que ustedes no se llevan bien.

“No es que no me cae bien. No es nada personal. El hecho es que cuando estuvo en el Congreso y como uno de los arquitectos principales de la presidencia (de Obama) fue un estorbo para la lucha de derechos civiles que existe en este país, la reforma de inmigración. Soy el reflejo de la opinión de muchas personas”.

¿Qué está más cerca, la reforma de inmigración o un proceso regulado por el Congreso en torno al futuro político de Puerto Rico?

“Sé que en el tema de la reforma de inmigración estamos muy cerca. Aprovecho para decir que el día que me arrestaron en la Casa Blanca (como parte de una protesta sobre inmigración) el único funcionario electo que me llamó y me ofreció ayuda fue Pedro Pierluisi. Tenemos diferencias, pero tengo una buena relación con él”.

¿Cree que es posible que el Congreso encamine pronto un proceso sobre el status de la Isla?

“Nada va a pasar si no nos sentamos a trabajar juntos. Se lo he dicho a Pierluisi y a José (Serrano). El Congreso nunca va a dar un paso definitivo, pero puede facilitar el proceso. Si hay consenso en San Juan puede haber consenso aquí en Washington. Pero, desde aquí también podemos tratar de construir un proceso”.

¿Podrá el informe de la Casa Blanca ayudar en ese proceso?

“¿Qué se puede esperar de una Casa Blanca que ni llama a los congresistas puertorriqueños para conversar sobre el asunto? ¿Cree que si esto tuviera que ver con el estado de Israel no hubiesen llamado a unos cuantos congresistas judíos? (El tema del status) tampoco ha sido prioridad para la Casa Blanca. Hay que bregar con el status fuera del marco estrictamente político partidista. Ese tipo de visión nunca se ha generado aquí”.

Por un corto período de tiempo, Gutiérrez anunció en 2007 su retiro del Congreso. ¿Estaba frustrado?

“Estaba frustrado con el proceso legislativo. No sé si tanto por haber estado en minoría (varios años). Pero, es humano querer hacer otras cosas. Le digo a todo el mundo que en esta lucha pro reforma migratoria no hay opción, la única es cumplir a cabalidad con su responsabilidad. Después determiné que tenía que terminar con la reforma de inmigración. Entonces tenía un candidato (presidencial, Obama) que se había comprometido en su primer año a atender el tema de la reforma de inmigración”.

En aquel momento, la esposa de Gutiérrez batallaba contra un cáncer en la tiroide. “¿Cómo está la salud de su esposa?

“Nunca ha estado mejor”.

¿Le ha cambiado la vida el ser abuelo?

“Increíblemente. Luisito tiene ya cuatro años”.

¿Se ven las cosas de forma diferente?

“En las vacaciones de Navidad el presupuesto hay que expandirlo. Hay que comprar más pasajes (para Puerto Rico, donde mantiene una residencia y automóvil). En Chicago, el vive en la primera planta con sus papás, nosotros en la segunda. Nunca he sido más feliz, ni tenido una mejor relación con mis dos hijas. La vida es buena”.

¿Se jubila en Chicago?

“Pese a mi difícil experiencia como adolescente en Puerto Rico, si fuera políticamente viable yo pasaría más tiempo en Puerto Rico, donde tengo una casa y un carro. Porque la vida de mi nieto y mis hijas está en Chicago, creo que seguiré entre los dos países. Cuando cumpla con la reforma, me encantaría ir a dar clases en Puerto Rico, pero de enero a mayo”.

¿Qué tipo de curso?

“Servicio público 101. Todo lo que debes saber antes de decidir si quieres ser un político”.

Al final del primer día de entrevista, Gutiérrez comentó lo orgulloso que está de haber cumplido 18 meses sin fumar un cigarrillo. Echó una carcajada cuando se le preguntó si ha compartido su estrategia con Obama -quien ha admitido lo difícil que le resulta dejar ese viejo vicio-, quizá como una forma de romper la tensión entre ambos sobre el lento paso del debate en torno a la reforma de inmigración.

Caminó después de regreso a su oficina. Allí se organizó para ir al Kennedy Center a recibir un premio como líder hispano de 2010. Al terminar, volvería al Congreso. Una noche más en el sofá de su despacho.

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