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27 de enero de 2013
Mi bienestar
 

Manos por la caligrafía

La Sociedad de Calígrafos de Puerto Rico nació hace poco para celebrar, promover y enseñar ese arte milenario

 

Carmen Graciela Díaz / Especial El Nuevo Día

En tiempos inquietos, muchas veces convulsos, algunos prefieren hablar de letras. Es la consecuencia natural que surge cuando un grupo de profesionales tiene su mirada fija en la creación, en rescatar y en cultivar el arte milenario de la caligrafía.

Hay fechas que se recuerdan por su significado personal y colectivo, y existen otras que se graban en la memoria porque representan juntes. El 12 de diciembre de 2012 sucedió eso cuando se fundó la Sociedad de Calígrafos de Puerto Rico con el propósito principal de divulgar y enseñar el arte de la caligrafía. Pero sobre todo, esta iniciativa persigue retomar un contacto con la escritura preciosa, como afirma la profesora y calígrafa Nereidín Feliciano, presidenta de la sociedad.

La caligrafía, término que proviene del griego ‘kallos’ (belleza) y ‘graphos’ (escritura), ha vuelto a tener un foro para desarrollarse en Puerto Rico como sucedió en la década de los ochenta de la mano del maestro calígrafo Guillermo Rodríguez Benítez en la Asociación Puertorriqueña de Caligrafía.


Y como este grupo de diez socios fundadores quiere que este arte sea de todos, Feliciano impartirá el primer curso de caligrafía desde mañana, lunes, que se prolonga hasta el 18 de marzo de 6:30 p.m. a 9:00 p.m. en la sede de la sociedad, el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el Viejo San Juan. Es apenas el inicio de la sociedad y de sus esfuerzos que pretenden incluir actividades como cursos, talleres y conferencias.

“Este grupo, que son todos profesionales de varias disciplinas, despertaron un interés que me alegró muchísimo porque aquí se había perdido la caligrafía, las letras hechas a mano”, explica Feliciano quien le ha preparado diplomas y reconocimientos en caligrafía a figuras como los premios Nobel, el Dalai Lama y Jodie Williams y a otros personajes como el actor Raúl Juliá. El estudio de este arte no pierde su relevancia, además, como una manera de enseñar a escribir bien. “En las escuelas tienen supuestamente un cuaderno de caligrafía que no es de caligrafía sino de escritura cursiva”, se lamenta.

El abogado Reynaldo Alegría, vicepresidente de la sociedad, recuerda que la comunicación escrita tiene una historia milenaria, a través de la cual los pueblos han logrado comunicarse.

“Obviamente la escritura ha evolucionado pero todavía el arte de escribir bello sigue siendo una de las expresiones humanas fundamentales”, menciona quien comparte que los cursos de caligrafía le han permitido revisitar el proceso de desarrollo histórico y las transformaciones de la comunicación al igual que entender cómo la caligrafía es tan válida como antaño pese a los avances tecnológicos que suelen darle la espalda a la escritura a mano.

Trazos de historias

El recuerdo de Guillermo Rodríguez Benítez, cabeza de la Asociación Puertorriqueña de Caligrafía, le produce a Feliciano una nostalgia alegre que, de alguna manera, condujo a la fundación del grupo actual.

“Él era tan especial, en ningún momento se guardaba lo que sabía. Llegaba de Estados Unidos y traía markers de colores y nos avisaba. Vengan acá tal día y vamos a hacer esto, decía. A veces nos enviaba por correo los paquetes de markers para probarlos e íbamos a su apartamento y hacíamos un taller medieval enseguida”, repasa de aquella iniciativa que duró casi una década según sus cálculos.

La historiadora se acuerda también de una vez que don Guillermo les enseñó a cortar plumas como hacían en la época medieval, de un taller de cómo poner oro con yeso en un papel o un pergamino como la vitela (piel de cordero) o de los instantes que los ponía a trazar en el aire con el dedo muchas veces para que la mano fluyera mejor sobre el papel. Son las memorias que ahora vuelven a cobrar especial significado por el entusiasmo de sus alumnos.

“Ellos quieren coger todo, todo, todo y les dije no, no, no. Como nos dijo don Guillermo a nosotros, llevo muchos años en esto y en dos meses no puedes aprender un alfabeto. No es cuestión de que aprendan un alfabeto cada dos meses, sino que sigan practicando hasta que lo dominen y aprenden otro”, detalla Feliciano del ritmo calmado que pide la adquisición de conocimiento y la práctica de este arte.

Alegría cuenta que a todos los miembros de la sociedad les encanta escribir y que cada cual tiene una historia particular de su interés en la caligrafía. “Recuerdo que mi papá siempre tenía una pluma en el bolsillo, le ponía tinta y me acostumbré a que un hombre elegante escribía con una pluma fuerte”, comparte con cariño.

Para la fotógrafa Yadira Hernández Picó, secretaria de la junta del grupo, su interés por las artes y la historia medieval desembocaron en su deseo de aprender caligrafía.

“Mi interés vino en otoño pasado, cuando fui a Francia y visité el Monte Saint-Michel. Allí vi uno manuscritos medievales que me enamoraron y me dije: ‘Tengo que aprender de caligrafía’ ”, comenta del origen de su curiosidad.

La ilusión que produce la caligrafía con su elegancia se siente en la voz de Hernández quien añora llegar a una etapa en la que pueda realizar varios trabajos de esta índole, fascinada por la mezcla de técnicas y medios que le provee explorar este arte. “Estoy loca por llegar a esa etapa, pero Nereidín me dice, ‘cógelo con calma’ ”, confiesa entre risas.

El escenario donde la sociedad se consolida y se manifestará principalmente abona a la magia de la divulgación de la caligrafía, según Alegría, porque el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe es epicentro de estudios de historia, arqueología, antropología y literatura, entre otras manifestaciones. De modo que la caligrafía dará trazos por su existencia desde ese centro académico y cultural del Viejo San Juan.

A lo largo de los aproximadamente treinta años que ha impartido cursos de caligrafía, Feliciano sostiene que realmente aprecia a esas personas que tal vez han tenido poca habilidad en un inicio, pero como su tesón ha sido tan grande, la práctica les ha dejado la posibilidad de realizar trabajos de calidad.

Por eso, a través de la Sociedad de Calígrafos de Puerto Rico, que tiene al artista plástico Antonio Martorell como miembro honorario por su dominio y la expresión de la caligrafía en su arte, Feliciano aspira que al concluir un curso, los estudiantes terminen un trabajo, aunque sea en su libreta, para dar rienda suelta a esa expresión caligráfica en la que la letra, el espacio entre las letras así como el espacio entre líneas y palabras son claves.

Las posibilidades son infinitas porque, después de todo, la caligrafía tiene terreno para salir a la luz en trabajos como notas, cartas, tarjetas, libros de acordeón, poema o frases que se deseen rescatar, diplomas y certificados.

Paz en las letras

Según Feliciano, ese gusto por reunirse a practicar las letras, como lo hacían los escribas medievales, les permite a todos tratar de conseguir un balance de la prisa y la inmediatez con la que se vive en estos tiempos.

“Es como un oasis del revolú, de todo lo que pasa. La caligrafía como que te encierra en una burbuja”, describe de este espacio que también promueve grandes dosis de compañerismo como muestran los miembros del grupo actual, quienes se encuentran no solo para conversar de letras sino para tener sesiones de práctica en las que “sueltan la mano”.

Feliciano menciona entre carcajadas que, como le han dicho muchos de sus alumnos, el curso de caligrafía “es más barato que ir a un psiquiatra” al aludir a los beneficios de este ejercicio para el ser.

“La caligrafía es terapéutica, en la medida que uno puede relajarse y esparcirse. Tiene algo de espiritualidad, de meditación, de mirar hacia adentro”, concluye Alegría al celebrar que, como “la repetición es la madre de la enseñanza”, la escritura preciosa le permite a sus estudiantes apreciar el esfuerzo hasta dominar el proceso. Asimismo, festeja que todos los martes, tras sus reuniones, se levanta con el dedo corazón de la mano derecha lleno de tinta.

Vamos, que esa es una huella tan preciosa como las letras que por medio de la tinta se plasman en nombre de una historia que, desde sus orígenes, ha querido ser larga.

 

Detalles

El costo del curso de caligrafía que inicia mañana será de $135 para quienes no sean socios de la Sociedad de Calígrafos de Puerto Rico y de $100 para los socios, luego de pagar la cuota anual de $35. La sede de la Sociedad de Calígrafos de Puerto Rico será el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el número 52 de la calle del Cristo en San Juan. También ofrecerán talleres en espacios como la Casa Concha Meléndez y en la Casa del Libro. Para detalles del curso y preguntas, puede comunicarse a la dirección electrónica caligrafospr@ gmail.com.

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