Asegura que la paternidad ha traído mucha estabilidad a su vida
Por María Ivette Vega Calles / mvega@elnuevodia.com
Para Luis Fonsi, los conciertos que ofrecerá este viernes y sábado en el Coliseo José Miguel Agrelot son una celebración de la nueva etapa de su vida.
Desde el 20 de diciembre, el artista no es el mismo pues el nacimiento de su primogénita Mikaela le ha dado una nueva manera de ver todo lo que lo rodea. Con la pequeña y su pareja, la modelo española Águeda López, el artista se encuentra viviendo una etapa feliz y en paz. Sobre éste y otros temas, Fonsi habló en exclusiva con El Nuevo Día.
Ya tienes nombre como artista internacional y en lo personal ya eres padre, ¿cuáles son tus próximas metas?
Creo que en la vida y en el trabajo siempre hay una búsqueda de probar cosas nuevas, de seguir creciendo. Aunque gracias a Dios he tenido la oportunidad de conocer muchísimos países, uno siempre quiere más. Quiero seguir creciendo, aprendiendo, consolidándome no solo como artista, sino como músico que es algo a lo que siempre le he dado mucha importancia, más allá que ser artista. Cuando me preguntaban qué quieres ser de niño no decía quiero ser famoso, decía quiero ser músico. Ahora de niño grande sigo diciendo lo mismo. A nivel personal hay otras prioridades, todo cambia.
¿Qué te gusta hacer cuando estás libre?
Ahora que tomé un mes libre mucha gente me decía, ¿qué quieres hacer? Les decía absolutamente nada. Quiero estar en mi casa, quiero poder cocinar mi propia comida, quiero manejar mi carro, hacer las cosas que uno no tiene la oportunidad de hacer, porque cuando ando en gira es hotel, avión, hotel, avión. Así que no hay nada más rico que estar en tu hogar, tener hasta cierto punto una rutina, porque nuestra carrera no nos permite tener una.
¿Qué recuerdas con cariño de la primera etapa de tu carrera?
Había salido justo de la Universidad y en esa época mis compañeros y yo lo que queríamos era un contrato de una disquera, que uno ni sabía lo que era. Me imaginaba que era una cosa que uno firmaba y ya tenía un disco y eso era todo. Estaba contento de que al fin tenía mi contrato; iba a tener mi disco con mi foto en la carátula y escucharía mi canción en la radio. Todo comenzó con ese disquito, “Comenzaré”, que solo salió en Puerto Rico. El segundo fue un lanzamiento más formal. Fue muy bonito. Siempre tengo muy presente una actividad promocional que hice en San Patricio Plaza, que fui a cantar en vivo, pero con pistas. Recuerdo que en el público habían 30 personas y 29 eran familiares, ese fue uno de mis “grandes” conciertos de Puerto Rico. Gracias a Dios las cosas han cambiado (ríe).
En esos inicios hay mucha ilusión. Ahora que eres un artista consagrado, ¿qué sentimiento la sustituye?
Creo que nada. La ilusión sigue, tengo la ilusión de seguir haciendo mis cosas. Antes se trataba más de ‘quiero que me escuchen’, ‘quiero tener público’. Uno poco a poco va madurando y se convierte en ‘quiero tener una voz’, ‘quiero llevar un mensaje’. Ahora uno tiene una responsabilidad como figura pública, hay gente que me sigue y tengo esa responsabilidad de llevar esa imagen positiva, porque estoy representando a mi País, donde quiera que vaya.
Los artistas pasan por muchas situaciones de las que el público ni se entera, ¿recuerdas alguna en particular?
Me han pasado muchas cosas, me he quemado, me he cortado... Los otros días estábamos en Ecuador e hicimos un show en un lugar sin techo, porque supuestamente en esa ciudad nunca llovía y el día que hicimos el concierto, en la tercera canción, comenzó a caer un diluvio. Seguí cantando, porque puedo cantar y moverme, pero el problema es que los músicos no pueden. Llegó el momento en que la guitarra y la batería dejaron de sonar, el micrófono se dañaba... Uno trata de sacar energía y hacer lo mejor que uno puede. El escenario es la mejor medicina para todo y lo comprobé cuando me quemé recientemente con pirotecnia. En ese momento ni sentí dolor, mi cabeza solo decía tenemos que terminar el show. Cuando se acabó fue que procesé lo que pasó.
¿Cómo es tu proceso de componer?
Siempre escribo cuando estoy en el proceso de composición para un disco. Cuando estoy en gira o de promoción de repente nacen ideas y las grabo en la computadora o en el mismo teléfono. Ahora hay muchas aplicaciones con las que uno puede hacerlo, pero hace seis años lo que hacía era llamarme y grabarme en el “voicemail”. Casi siempre empiezo con la música, se me hace más fácil que la música me lleve a la letra.
Me gustan mucho las coautorías, me gusta unirme con otros compositores. Con Claudia Brant he escrito como el 70% de las canciones. Hemos escrito tantas canciones juntos que ella conoce mi instinto musical y yo su instinto lírico. Se nos hace tan fácil que a veces escribimos dos o tres canciones por día. Soy de grabar una canción de principio a fin, la tarareo y la canto enterita con feeling y todo, pero sin letra, y voy donde Claudia o con el que esté escribiendo y lo trabajamos juntos.
La fama te da un acceso a personas y lugares que muchos quisieran tener, ¿piensas en eso o ya lo das por sentado?
Nunca la doy por sentado. Una de las cosas que disfruto de ser figura pública es poder conocer y compartir con otras figuras que aprecio, por ejemplo deportistas. Un jugador de béisbol me dijo ‘gracias a tu canción enamoré a mi esposa’ y yo ‘¡wow!, tú me dices eso a mí que te veo todos los días en ESPN’. Ese tipo de cosa me ilusiona mucho.
¿Tienes planes con la actuación?
Siempre he dicho que algún día me gustaría hacer un musical en Broadway o donde sea, porque el teatro me llama muchísimo la atención. Ese momento no ha llegado, pero sí a largo plazo me gustaría dedicarle más tiempo. Al cine también. La realidad es que en los últimos meses he estado en plática con varios productores, muy informal, nada serio, pero por casualidad me han llegado libretos. Es una puerta que poco a poco se va abriendo.
Mientras esperabas el nacimiento de tu hija, ¿te imaginabas cómo serías de papá?
Siempre he sido muy apegado a los niños y la verdad no me imaginaba cómo iba a ser. Nunca me adelantaba al momento en que me convertiría en padre, pero sabía que cuando llegara el momento me lo iba a disfrutar. He tenido suerte de conocer una persona muy especial en Águeda, a quien quiero muchísimo. Y la verdad es que la llegada de Mikaela ha sido un sueño, he aprendido muchísimo de la vida, del amor y creo que viene en un momento muy importante. Me hace sentirme muy maduro, los pies más en la tierra que nunca.
Quizás antes todo se trataba de mí y ahora se trata de mi familia, de que tengo esa responsabilidad de que alguien depende de mí. Eso me estabiliza y me centra, me hace sentir tranquilo y en paz y me gusta ese sentimiento.
Como están las cosas hoy día en el mundo, ¿sientes miedo o demasiada responsabilidad por Mikaela?
Sí, para empezar soy padre por primera vez y creo que es natural que todo padre primerizo siempre va a sobre proteger más a un primer hijo que a los próximos. Soy del tipo de persona que me gusta que todo esté en orden, que como padre le esté dando todo a mi hija y que todos estén bien. Pero en este mundo que hay tanta cosa pasando, que uno lee cualquier cosa, pues lo que uno quiere es que ella esté bien. Dejo todo en manos de Dios. Lo que sí puedo garantizar es que va a crecer rodeada de mucho amor y eso es lo más importante.
¿Qué legado quieres dejarle a tu hija?
Quiero que cuando sea grande y le hablen de su papá ella sonría, que diga que su papá le dio mucho amor, que es una persona muy divertida, muy espontánea y muy honesta, y que siempre hizo lo que pudo para que ella esté bien. Es lo que trataré de hacer.
¿Cómo has aprendido sobre la paternidad, lees libros o usas otro tipo de recursos?
Puede que tenga un app (aplicación) de Baby Center aquí, no voy a decir nada (dice riendo mientras señalando su teléfono celular). Está buenísimo, dice tu bebé tiene seis semanas, es del tamaño de un ‘cantaloupe’. Siempre comparan su tamaño al de una fruta o vegetal.
Al principio decía es del tamaño de una habichuela y nosotros decíamos, ‘¿cómo está la habichuelita hoy?’. Está súper cool. Me gocé todo ese proceso y todo el mundo tiene su teoría, te dicen ‘a mí me funcionó esto’ y uno sonríe ‘sí, sí, chévere’. Tengo una fila de libros que la gente me ha enviado. Es bonito. Creo que el propósito es que uno pueda ser lo mejor que pueda como padre.
¿Coinciden Águeda y tú en sus filosofías de crianza?
La verdad es que somos muy similares en todo, en todo. Ella viene de una familia muy unida, igual que la mía, así que en todos los sentidos estamos a la par de cómo queremos criarla. Por ese lado se nos ha hecho muy fácil.
¿Águeda está tranquila con la idea de que debido a tu trabajo estarás ausente por temporadas?
Eso no deja de ser difícil para nadie, inclusive para mí, que ya estoy acostumbrado a tener que irme. Pero así nos conocimos, somos maduros y sigo trabajando. Trataré dentro de lo que se puede de cambiar la logística de la gira para no estar fuera de casa corrido tanto tiempo por mi pareja, por mi niña y porque me voy a volver loco sin verla. Es como siempre digo, no soy el primer artista en tener un hijo ni seré el último, así que uno sabrá cómo balancear lo profesional con lo personal para que no se afecten.
Tus padres deben estar encantados...
Sí, mi papá se pasa comprándole ropita y mi mamá es la súper abuela.
Como pareja, ¿cómo se han adaptado a la paternidad?
Hasta ahora ha sido muy bien. Ha habido una química y una coreografía en cómo nos dividimos: ahora tú y ahora yo. La verdad es que nos sentimos súper, a la par, estamos muy de acuerdo en todo y ha sido una transición muy bonita.