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25 de junio de 2012
 

Mohamed Mursi triunfa en Egipto

El líder de los Hermanos Musulmanes es el nuevo presidente

 
Un partidario de Mursi besa una fotografía del líder de los Hermanos Musulmanes que ayer fue certificado como nuevo presidente egipcio. (AFP / MARWAN NAAMANI)

Por Enrique Rubio / Agencia EFE

El Cairo - El islamista Mohamed Mursi, de 60 años, será el primer presidente civil de Egipto en seis décadas, después de que la Comisión Electoral acabase ayer con una semana de rumores y especulaciones al proclamarlo vencedor de las presidenciales.

En el fruto más visible hasta el momento de la “Primavera árabe” que sacudió el país del Nilo hace 17 meses, Mursi se alzó vencedor con un 51.73% de los votos tras derrotar al general retirado y último primer ministro de Hosni Mubarak, Ahmed Shafiq.

La euforia se desató de inmediato en la cairota plaza Tahrir, copada por decenas de miles de seguidores de Mursi, que celebraron el anuncio como si se tratara de una reedición de la “Revolución del 25 de Enero” que acabó con Mubarak.

Muchos otros egipcios respiraron aliviados, más que eufóricos, ante la derrota de Shafiq, percibido por buena parte de la población como un garante de la continuación del antiguo régimen.

Shafiq, pese a todo, contó con el respaldo de casi la mitad de los electores, lo que evidencia la ingente tarea que le espera a Mursi para tratar de cerrar heridas y de espantar el fantasma de un estado islamizado.

No hizo falta esperar a que el presidente de la Comisión Electoral, Faruq Sultán, leyese el resultado de Mursi.

Nada más pronunciar el número de votos conseguido por Shafiq, 12,347,380, la sala de prensa donde comparecía estalló en gritos al constatar que el exmilitar no había llegado a los 13 millones que se consideraban necesarios.

A duras penas, y tras un sinuoso discurso de más de media hora de duración, Sultán consiguió terminar su intervención, en la que defendió la neutralidad de su comisión y acusó a todos aquellos que la habían criticado al entender que habían “cocinado” los resultados.

El anuncio estaba previsto para el pasado jueves, pero el retraso de más de tres días dio pie a todo tipo de especulaciones, azuzadas por muchos medios de comunicación egipcios, que llegaron a hablar de que los Hermanos Musulmanes preparaban “la masacre del siglo”.

Después de 84 años de existencia, la Hermandad, perseguida e ilegalizada durante gran parte de su historia, alcanza así la jefatura de Estado del país.

Poco después de oficializarse su victoria, Mursi honró su compromiso y abandonó su pertenencia a la Hermandad y a su Partido Libertad y Justicia (PLJ), que él mismo preside.

Orfandad

Pese a ello, el poco carismático Mursi es muy consciente de que su presidencia nace vacía de un buen número de prerrogativas ejecutivas, arrancadas por la Junta Militar en una veloz maniobra nada más cerrarse los colegios electorales el 17 de junio.

Por esa razón, los Hermanos Musulmanes dijeron este viernes que mantendrán en Tahrir la protesta iniciada el pasado martes contra las enmiendas constitucionales aprobadas por los generales y contra la disolución del Parlamento -donde también tienen mayoría- ordenada por el Tribunal Constitucional el 14 de junio.

Mursi ya ha lanzado su primer envite a la cúpula castrense al anunciar que solo jurará su cargo ante el Parlamento, y no ante el Tribunal Constitucional, como estipula la constitución provisional en caso de que el Legislativo haya sido disuelto.

Mientras, en Tahrir era momento para la alegría desbordante, pero también para insistir en las demandas.

“Estamos muy felices pero seguiremos reivindicando, porque hasta ahora hemos conseguido nuestra libertad gracias a la fuerza del pueblo”, dijo a Efe Mohamed Abu Leila, uno de los acampados en Tahrir.

El canto más entonado en Tahrir fue “Una sola mano”, eslogan de la revolución contra Mubarak y ahora recuperado por los manifestantes, aunque en la plaza la única mano que se veía era básicamente la islamista.

Otro partidario de Mursi, Badaui Saui, profesor en la prestigiosa institución islámica de Al Azhar, consideraba que el triunfo de Mursi equivale a la victoria de la revolución, y que, de no haberlo hecho, los egipcios hubieran sido “una burla para todo el mundo”.

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