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Calidad de vida
3 de febrero de 2012
 

“Muchas familias se están yendo por miedo”

Mujer vivió horas de horror durante asalto en su casa

 

Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com

El reloj  marcaba las 3:30 de la tarde cuando los tres ladrones brincaron la verja de la casa en una urbanización de San Juan,  abrieron de golpe el portón de entrada y encañonaron a la mujer.  Estaban enmascarados y llevaban guantes. Cada uno cargaba con una pistola y dos llevaban, además, cuchillos. 

Para la mujer, una china con más de dos décadas en la Isla y a la que El Nuevo Día no identifica por su seguridad, era obvio que se trataba de un asalto. Pero no entendía muy bien lo que le decían los sujetos que la agarraron y la empujaron hasta el medio de la sala de su casa. 

Allí, la amarraron con cinta adhesiva en los pies y las manos. Su esposo, dueño de un restaurante, dormía una siesta y no se enteró de nada. Dos de los ladrones comenzaron a rebuscar la casa, mientras, el tercero le ponía un cuchillo en el cuello y frotaba los dedos de la otra mano haciendo la señal de dinero, relató la mujer a través de la traducción de  Carlos Chao, representante de la Comisión Ultramarina de China. 

La contestación de los ladrones era inmediata. Una bofetada tras otra. Cada vez que se negaba a señalar el lugar donde estaba el dinero, los sujetos volvían a pegarle y uno de ellos le hacía un gesto con la mano como de que le iban a rebanar el cuello si no hablaba.

Entonces, llegó lo peor. Uno de los ladrones soltó una de las manos de la mujer, la tomó entre las suyas y comenzó a simular que se la cortaba, lo cual ella entendió sin la necesidad de ningún idioma: si no hablaba, perdería su mano. Fue ahí que se desmayó. 

Volvió del desmayo al rato, en el momento en que los tres ladrones huían de su casa con $21,000 en dinero en efectivo, relojes y todas las prendas que encontraron en su camino. El esposo de la mujer despertó en el momento en que los ladrones se fueron.   

Según el hijo de la mujer, quien prefirió que no se le identificara, los ladrones estuvieron alrededor de media hora en la residencia aquel 9 de diciembre de 2011. 

En otras ocasiones, habían sido asaltados pero nunca en su residencia. Alertaron a las autoridades de lo sucedido pero hasta donde saben nunca atraparon a los responsables. La mujer quedó con la cara hinchada de los golpes y con problemas de insomnio tras la experiencia.

“No podía dormir. Siempre estaba dando vueltas por lo de los ladrones. Ahora cada vez que sale está pendiente de poner todos los candados”, dijo el hijo, quien habla español.  

Para mitigar la posibilidad de que algo así ocurra nuevamente, la familia instaló un sistema de cámaras de seguridad y alarmas en la residencia. 

“Esto es un problema serio. Muchas familias se están yendo por miedo. Dejan todo lo que tienen por miedo, especialmente si tienen niños pequeños”, dijo el hijo de la mujer. 

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