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2 de abril de 2013
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Multas amenazan el cafetal boricua

Operativos federales en varias fincas culminan con decenas de miles de dólares en sanciones contra los agricultores

 

Por Gerardo Cordero / gerardo.cordero@gfrmedia.com

La industria del café puertorriqueño vive momentos de incertidumbre en medio de la crisis económica que afecta al país, ya que, además de la escasez de mano de obra diestra para recoger el grano, algunos productores han comenzado a exponerse a onerosas multas por alegado incumplimiento de disposiciones federales.

Por décadas, el recogido de café se ha pagado a razón de almud, que más o menos equivale a una porción de 28 libras de grano. Por cada almud se paga al recogedor $4.00, si se trata de frutos exclusivamente maduros, y $3.50, si se permite el recogido de granos mixtos, maduros y semimaduros, según explicaron a este medio varios caficultores.

Sin embargo, operativos encabezados por personal del Departamento del Trabajo de los Estados Unidos en algunas fincas cafetaleras de la Isla culminaron con el señalamiento de multas fundamentadas en procurarles el pago de $7.25 por hora a los trabajadores del café, lo que representa la imposición automática del salario mínimo federal.

La industria del café ha estado exenta de ese sistema de pago por décadas y el asunto mantiene latente un debate que ha obligado al Departamento de Agricultura local a contratar cabilderos en Washington para evitar el pago de multas detrimentales para una producción en merma.

“Hay multas que pueden ascender a un millón de dólares entre los distintos agricultores que han sido señalados”, manifestó en entrevista con este medio Myrna Comas, la designada secretaria del Departamento de Agricultura.

La funcionaria admitió que, sin subsidios adecuados, la aplicación de disposiciones federales a los caficultores tendría “un efecto peligroso” para esa industria y para todo el agro, porque también se les han señalado esas multas a productores de guineos.

“Estamos trabajando con el asunto del salario mínimo agrícola y, para eso, estamos revisando el programa de subsidio salarial, buscando que las personas que trabajen en el cafetal tengan un salario mínimo más justo”, argumentó Comas.

El pago actual

Según la agrónoma, al margen del pago por almud, los obreros del cafetal han tenido un salario mínimo promedio de $5.25 la hora, y consideró que con el mismo es difícil la estabilidad laboral para una industria necesitada de obreros diestros.

La designada secretaria admitió que la preocupación es mayor después de conocerse la propuesta del presidente estadounidense, Barack Obama, de aumentar de $7.25 a $9 el salario mínimo federal.

“Existe un bufete de abogados que nos está asesorando en términos legales para ver hasta dónde se está cumpliendo con la ley federal y cómo podemos manejar ese asunto”, dijo Comas.

También hemos identificado a unos cabilderos en Washington que están en continuo diálogo con el Departamento del Trabajo federal para que no se siga multando a nuestros caficultores”, dijo.

Comas reveló que los señalamientos federales no se limitan a pagos para obreros, sino que se relacionan también con el mercadeo del café puertorriqueño por Internet.

“Ha proliferado la cantidad de agricultores que se han movido a la torrefacción y que han movido (mercadeado) sus productos por Internet y ya estarían entrando a lo que es el mercado interestatal”, explicó Comas, quien estimó que, aunque una persona tenga una producción pequeña del grano, le aplicarían disposiciones de comercio interestatal si maneja transacciones comerciales por Internet.

Origen de las multas

Sobre las multas asociadas al pago de obreros, Comas dijo que las mismas surgen porque, desde 2011, “las normas de salario federal establecen que un agricultor debe cumplir con el pago del salario mínimo cuando genera ventas mayores de $500,000, si tiene el equivalente a 500 días/hombre en un trimestre o cuando realiza mercado interestatal”.

Las multas señaladas no han sido pagadas porque “ellos (los federales) están en un proceso para que el patrono les pague una diferencia a sus obreros y, si no paga, se le aplicaría (la sanción monetaria)”. Comas se mostró esperanzada de que se alcance algún acuerdo porque se trata de “un costo exageradamente alto para los caficultores”.

Angustia en la montaña

La industria del café puertorriqueño ha estado regulada principalmente por los departamentos de Agricultura y de Asuntos del Consumidor (DACO) del Estado Libre Asociado, pero no había sido sometida al escrutinio de inspectores federales que, mediante visitas sorpresa a fincas y oficinas de caficultores, completaron en 2012 operativos, señalando multas que en algunos casos sobrepasan los $100,000 por finca.

En años recientes, la inestabilidad en la concesión de incentivos para la siembra, como el suministro de abonos, ha afectado la producción local, que para colmo sigue amenazada por brotes destructivos como el de la broca, un insecto que destruye las cosechas de café, según denunciaron caficultores de la región central y del oeste del país.

Mientras, no se dispone de soluciones prácticas que ayuden a resolver la escasez de trabajadores diestros que puedan recoger el café en las montañas, la zona donde se concentran las siembras cuya calidad alcanzó prestigio mundial en el siglo pasado.

Wilfredo Ruiz, presidente de la Asociación de Compradores de Café de la Montaña, dijo que urge un apoyo firme del Gobierno para revitalizar la industria cafetalera. El agricultor de Maricao, además, lamentó los señalamientos de multas federales y describió que tienen un impacto devastador en los productores.

José Luis Torres, caficultor de Lares, así como Rubén Ramírez Font, agroempresario de San Sebastián, coincidieron con Ruiz sobre la necesidad de respaldo directo del nuevo gobierno y reconocieron que resulta cuesta arriba disponer de personal diestro para atender las fincas.

Luis Curbelo, quien opera una pequeña finca de café y frutos menores en Mayagüez, por su parte, opinó: “Si se conceden buenos incentivos, nuestro producto bandera puede ser pilar de la economía nuevamente”.

“El café es lo que más se bebe aquí, en Puerto Rico, después del agua, y la industria puede ser pilar de la economía si se le dan los debidos incentivos”, insistió Curbelo, quien también es editor del mensuario Agrotemas.

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