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11 de septiembre de 2012
Ciencia y Tecnología
 

Música de la Tierra en el espacio interestelar

A bordo de las Voyager va un disco fonográfico con nuestros sonidos

 
Las cápsulas Voyager están a punto de penetrar el espacio profundo y no estarán cerca de otro sistema planetario hasta dentro de unos 40,000 años. (AFP / NASA)

Por William Márquez / BBC Mundo

Washington - Hace 35 años, la Agencia Aeroespacial de Estados Unidos (NASA), lanzó las sondas Voyager (Viajero) 1 y 2 con la misión de explorar el Sistema Solar. Además de las cámaras y equipos de transmisión de señales que han estado revelando a los científicos los secretos de los planetas vecinos, a bordo de las sondas va una especie de cápsula de tiempo, un mensaje de la Tierra al más allá.

Se trata de un disco fonográfico recubierto en oro que contiene grabaciones de música, sonidos, voces humanas e imágenes seleccionadas como un archivo de la diversidad de la vida y la cultura en la Tierra.

Los Voyager ya atravesaron el Sistema solar, pero su tenue señal todavía sigue enviando información sobre el universo desconocido. Están a punto de penetrar el espacio profundo y no estarán cerca de otro sistema planetario hasta dentro de unos 40,000 años y, para entonces, su rastro se habrá perdido.

Pero continuarán su eterno viaje con el disco dorado a bordo y la esperanza de que, tal vez dentro de millones de años, alguna inteligencia extraterrestre intercepte una de las naves y siga las instrucciones talladas en el propio disco para reproducir su contenido.

Misión sin fin

Las dos sondas espaciales Voyager fueron lanzadas en 1977. Curiosamente, Voyager 2 fue lanzada antes, el 20 de agosto, mientras que su hermana gemela despegó de Cabo Cañaveral, Florida, el 6 de septiembre.

El propósito principal era la exploración de los planetas Júpiter y Saturno pero, después de enviar detalladas imágenes de las lunas del primero y los anillos del segundo, la NASA extendió la misión.

Voyager 2 continuó hacia los gigantes gaseosos de Urano y Neptuno y, ahora, ambas sondas se encuentran en la región más apartada de lo que se conoce como la heliosfera, la frontera del territorio dominado por el Sol, a punto de entrar en el espacio interestelar.

Con cada una de las naves viaja un disco dorado que contiene grabaciones análogas de música de diferentes épocas y culturas de la Tierra, voces humanas, sonidos de la naturaleza e imágenes con la intención de plasmar y comunicar un retrato general de la vida en nuestro planeta a quien se atraviese con el disco.

Este proyecto, una especie de mensaje en una botella lanzada al océano estelar, estuvo dirigido por el conocido astrónomo estadounidense Carl Sagan -ya fallecido- que, con otro colega, su esposa, un artista y un periodista, se dieron a la tarea de seleccionar el material más representativo.

Consultaron con varias fuentes y expertos e, inevitablemente, hubo discusiones y largos debates sobre qué incluir.

“Lo más difícil fue qué dejar por fuera. Ese material es ilimitado”, dijo a BBC Mundo Bill Nye, director ejecutivo de la Sociedad Planetaria, la mayor organización no gubernamental de interés espacial, fundada por Carl Sagan.

Clásico vs. Rock

Aunque tenían una idea clara de qué querían incluir en el disco, el director de la Sociedad Planetaria comentó que había una corriente con la idea que solo se podría incluir música clásica. “Música que había comprobado su valor con el paso del tiempo, venerada por su complejidad, elegancia y belleza inherente”.

Es así como el disco contiene piezas clásicas como un movimiento de uno de los Conciertos de Brandenburgo, de Bach; arias de La Flauta Mágica, de Mozart, la quinta sinfonía de Beethoven y el Rito de Primavera, de Stravinsky.

No obstante, también se creía que había que reflejar la cultura popular que estaba de moda alrededor de la época cuando el Voyager se lanzó.

“Por eso nos preguntó qué canción de Chuck Berry sería apropiada para incluir en el disco”, recordó Nye. “Nosotros dijimos ‘Johnny B. Goode’, que es la canción más emblemática del cantante”.

También hay música popular y folclórica de diferentes países como una orquesta de gamelán de Java, gaitas de Azerbayán, un raga de India, percusión de Senegal y el canto de iniciación femenina de los pigmeos en los que es hoy la República Democrática del Congo.

América Latina también está presente con “El Cascabel”, interpretado por Lorenzo Barcelata y el Mariachi de México, quenas y tambores de Perú recopiladas por la Casa de la Cultura, en Lima, y otro tema peruano, un canto matrimonial.

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