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Cada año, el caficultor Israel González contempla apesadumbrado cómo se pierde el café que siembra en su finca de Adjuntas hasta formar una “alfombra” de granos sobre el terreno.

“El café se nos está terminando porque no hay mano de obra suficiente”, sentenció el agricultor.

Puerto Rico es un país en el que se consumen alrededor de 300,000 quintales de café anualmente, y la producción se estima que este año apenas ronde los 100,000 quintales. Sin embargo, esa cifra podría ser significativamente mayor, pues se calcula que entre un 30% y 40% del fruto se pierde, según el Departamento de Agricultura, debido principalmente a la escasez de trabajadores en las tareas de recogido.

“Nosotros mismos, en este punto, decimos para qué mantener esa finca, esas 28 cuerdas que se cargan de café. Uno dice para qué tanto esfuerzo para perder el dinero”, comentó González, quien desde hace 15 años mantiene su finca en el barrio Guayabo Dulce del montañoso pueblo.

González lleva tres años intentado traer a la Isla trabajadores del extranjero para que se ocupen del recogido del café, y no es hasta ahora que esa posibilidad se ve un poco más cerca, luego que en marzo se aprobara una ley que establece la política pública del Gobierno respecto a la necesidad de mano de obra local o importada para esas faenas agrícolas.

Importación de mano de obra

La Ley “Manos Pa’l Campo” ordena al Departamento del Trabajo y Recursos Humanos y al de Agricultura a laborar conjuntamente para ayudar a los caficultores a tramitar la importación de trabajadores agrícolas temporeros.

El proceso es extenso, y en él intervienen el patrono interesado, el gobierno estatal y el federal, así como la persona a emplear, pero antes de comenzar cualquier gestión es necesario confirmarle al gobierno estadounidense que no hay disponible mano de obra local para realizar las labores. Y es este uno de los principales debates en torno a esta iniciativa.

William Mattei, representante del sector cafetalero en la Asociación de Agricultores, entiende que, antes de pensar en importar mano de obra, es necesario agotar todos los recursos locales.

“Primero, tenemos que traerlos de nuestro propio país, movilizarlos dentro del propio país. El problema es la movilidad”, apuntó Mattei, un caficultor del barrio Garzas de Adjuntas con más de 30 años de experiencia.

Mattei asegura que en la Isla existen suficientes personas a las que podría interesarles recoger café. A su juicio, la escasez de trabajadores representa un problema, pero señaló como el principal la falta de sembradíos.

González, por otro lado, está convencido de que ya todas las alternativas en Puerto Rico se han explorado -desde recogedores voluntarios hasta confinados- y han probado ser inefectivas.

Por ello, insiste en la necesidad de buscar fuera esa mano de obra diestra que redunde en eficiencias y le dé mayor rentabilidad al negocio. En su caso, muestra especial interés por países como Dominica y Haití.

Centros de alojamiento

El Departamento de Agricultura presentó recientemente su plan de revitalización para el sector cafetalero, que incluye, entre otras cosas, un proyecto piloto para habilitar dos edificios en Yauco y Maricao que sirvan de alojamiento a bajo costo para trabajadores que se trasladen a esos municipios para desempeñarse en el recogido.

González, por ejemplo, invirtió sobre $2,500 hace un tiempo para acondicionar una vieja estructura que tenía en su finca con el fin de conseguir trabajadores de otras partes que pudieran pernoctaran allí.

Pero el caficultor destacó que, ante las dificultades económicas que enfrentan como industria, resultará muy difícil a los agricultores hacer las mejoras requeridas sin algún incentivo gubernamental que abarate los costos.

Mattei, por su parte, señaló que muy pocos caficultores tienen al presente sus fincas en condiciones óptimas para recibir obreros por temporadas.

“Las fincas tienen que estar en condiciones. Hay que mejorar las condiciones de trabajo dentro de la finca, establecer pequeños albergues, sistemas de primeros auxilios, servicios sanitarios. Muchas fincas no están preparadas para recibir trabajadores de otra región”, sostuvo.

El concepto de pequeños albergues sugerido por los caficultores aplicaría principalmente a las fincas de mayor tamaño, de al menos 100 cuerdas de terreno, que son las que requerirían una mayor cantidad de trabajadores.

Según Miguel Monroig, exprofesor de horticultura en el Recinto Universitario de Mayagüez, este tipo de iniciativa debe hacerse de manera conjunta entre el gobierno estatal, el municipal y el patrono, precisamente por los gastos que conlleva.

“Debe ser una cosa combinada. (Los caficultores) van a necesitar ayuda. La situación económica de la industria y los costos de producción están muy altos como para ellos poder tolerar una inversión”, subrayó el académico.

Obstáculos

El exsecretario de Agricultura José Orlando Fabre encomendó el año pasado un estudio a una firma de abogados en Guatemala conocedora del proceso de emplear extranjeros en jurisdicciones estadounidenses.

El análisis concluyó que el trámite podría demorar más de seis meses en completarse, y resulta a veces tan engorroso, que podría ser más conveniente hacerlo a través de una entidad centralizada y no individualmente por cada caficultor.

“Es un proceso que no es complicado, pero es tedioso. Mi recomendación sería que haya una compañía que, a lo mejor auspiciada por el gobierno, sea la que haga el trámite. Si lo va a hacer una compañía individual, va a ser muy complicado. No diría que un agricultor solo no lo pueda hacer, pero habría pocos agricultores que pudieran hacerlo si no reciben la ayuda gubernamental”, puntualizó Fabre.


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