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11 de julio de 2013
Calidad de vida
 

Ni fondos ni empleados para reparar cráteres en carreteras

Mientras, conductores enfrentan cientos de hoyos con resignación

 
Gobierno enfrenta una merma en fondos para reparar las vías públicas. (lino.prieto@gfrmedia)

Por Ricardo Cortés Chico / rcortes@elnuevodia.com

Mientras  las recientes lluvias y el sobrepeso en los vehículos hacen crecer los cráteres en las carreteras, disminuyen los recursos del gobierno para, al menos, remendar las vías públicas. 

Datos del propio Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP) establecen que para el año fiscal que comenzó este mes, tan solo se cuenta con $3 millones para reparación de hoyos en las  carreteras, lo que se conoce como “bacheo”.

Pero esto no se queda ahí. Tanto el DTOP como la Autoridad de Carreteras y Transporte (ACT) sufrieron disminuciones en las partidas presupuestarias destinadas para las reparaciones habituales más profundas de las carreteras, más allá del simple bacheo. 

“Los recursos son limitados... Tenemos que ir ajustándonos a la capacidad de ingresos que tenemos”, dijo Miguel Torres, secretario de Transportación y Obras Públicas.

Comparado con años anteriores, las cuantías son del cielo a la tierra. 

Por ejemplo, este año fiscal, el DTOP cuenta con unos $31.7 millones para hacer reparaciones a las más de 1,020 carreteras bajo su tutela. Por su parte, la ACT, que se encarga del mantenimiento de los expresos y las autopistas tiene $76.8 millones, según documentos de la Oficina de Gerencia y Presupuesto. Ambas cifras son inferiores a las del año pasado. Los recortes, sumados, superan los $3 millones. 

Las sumas tambien son, por mucho, menores a las usadas para las reparaciones de vías públicas hace tres y cuatro años. Para entonces el gobierno estadounidense inyectó unos $200 millones para mejoras en carreteras como parte de la ley de recuperación económica, conocida por ARRA.

También durante el pasado cuatrienio se tomaron prestados unos $600 millones para arreglos en las carreteras lo que permitió numerosas reparaciones pero abonó significativamente a la deuda de esta corporación con el Banco Gubernamental de Fomento. 

Esta deuda, que alcanzó los $2,200 millones, ahora los contribuyentes la pagan con el aumento en el arbitrio del cigarrillo y el alza en el arbitrio a los derivados del petróleo, incluyendo la gasolina.

La situación, además, se agrava porque el DTOP tiene menos personal para la tarea de reparar carreteras.  Desde el 2011 la cantidad de empleados en el DTOP, que atiende principalmente las carreteras secundarias y terciarias, se ha reducido en un 20%. Ante esto, la agencia ha comenzado a iniciar conversaciones para coordinar los esfuerzos de las brigadas con las de los municipios.

Pesadilla para el conductor

Los conductores viven a diario los efectos de la escasez de dinero para reparar carreteras. 

Un simple paseo por la 174 de Bayamón o la PR-52 entre Santa Isabel y Juana Díaz, podría convertirse en una montaña rusa para cualquier conductor que no sepa esquivar con eficiencia los boquetes que, en algunos tramos, cubre casi todos los carriles. 

La expectativa es que este problema vial, que podría hasta atentar contra la seguridad de los conductores, peatones y pasajeros, no se resuelva pronto, precisamente por la limitaciones presupuestarias. 

“La ACT, con todos los problemas económicos que tiene, no está en posición para emitir más bonos para poner al día las carreteras como se ha hecho en el pasado”, expresó el secretario  Torres, al afirmar que la puesta al día de las carreteras intentarán hacerla con fondos propios de la agencia. Los fondos federales que recibe la ACT para las carreteras tienen que ser usados en medidas de seguridad y rotulación

Actualmente el gobierno lleva a cabo la reparación de nueve tramos de carreteras con una inversión de unos $96.6 millones. Entre las vías bajo reparación está la PR-2 en Toa Baja, la PR-1 en Caguas, la PR-14, la PR-31, entre otras.

Falta de planificación

Gran parte del problema de las carreteras en el País se debe a la falta de prevención de daños, al sobrepeso de los camiones y a los niveles de precipitación, explicó el catedrático de ingeniería civil de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez, Benjamín Colucci. 

Las carreteras mal diseñadas o construidas, con pobre compactación o drenajes deficientes, son las que más boquetes generan porque la acumulación de agua debilita el asfalto, explicó el profesor. 

En las carreteras de hormigón, por su parte, los problemas más comunes son porque no se sella correctamente las juntas entre las planchas de concreto, lo que permite que el agua percole y afecte los fundamentos de la vía. 

“El enfoque debería ser más en la prevención de los daños, especialmente para la época de huracanes que aumentan tanto las lluvias”, dijo Colucci. 

Torres, por su parte, afirmó que el gobierno, en lugar de concentrarse en proyectos grandes de construcción de nuevas vías públicas, reenfocará sus fondos para mejoras a las carretertas existentes.

También el DTOP busca aumentar la vída útil de las carreteras. Explicó, por ejemplo, que en la repavimentación que se lleva a cabo en la PR-2 en Toa Baja se están instalando unos refuerzos, entre las capas de asfalto, que deberían extender el periodo sin boquetes de la vía. Esto es, si las autoridades de Acueductos y Alcantarillados y Energía Eléctrica no tienen que hacer reparaciones que afecten la carretera, admitió el funcionario al alegar que busca mejorar la coordinación entre las intrumentalidades del gobierno.

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