Pese a haber visto lo peor de la naturaleza humana, Benjamin Ferencz -fiscal que envió a la muerte a los autores del genocidio orquestado por Hitler- vive con esperanza. Vídeo
Por Mario Alegre Barrios / malegre@elnuevodia.com
Auschwitz era el infierno en la tierra. El silencio de Auschwitz era el infierno. Las noches eran el infierno. ¡Cuando el sol salía no era como el sol! ¡Les juro que no brillaba! Estaba siempre rojo...
Edith P., sobreviviente checa
Es un día brumoso, inusualmente plomizo para esa época de la primavera alemana. Aunque la corte de Nuremberg está totalmente llena, el silencio es absoluto. El juez Michael A. Musmanno acaba de entrar a la sala y poco después lo hace un militar alto y de rostro inexpresivo.
“Acusado Otto Ohlendorf -le dice Musmanno- según los cargos contenidos en la demanda por la que ha sido convicto, el Tribunal lo sentencia a morir en la horca”.
Así, uno a uno, trece de los 22 militares acusados por el genocidio orquestado por Hitler durante la Segunda Guerra Mundial sabe cómo acabará su vida, luego del ya legendario juicio que pone fin a uno de los episodios más dantescos en la historia de la humanidad.
Desde aquel 10 de abril han pasado poco más de seis décadas, pero el recuerdo permanece intacto en la memoria de Benjamin Ferencz, un transilvano que entonces tenía tan solo 28 años y que fue el fiscal que en ese Tribunal llevó el caso contra los criminales y pidió para ellos la pena capital.
Casi tres décadas después, durante un accidentado viaje de vacaciones a Puerto Rico, “Benny” -como prefiere que lo llamen- descubrió que aquel episodio que siguió a su etapa como miembro del Ejército de Estados Unidos tenía el gen de lo que habría de hacer el resto de su vida: trabajar para la paz.
Con una vitalidad alucinante para sus 91 años de edad, Benny nos visitó esta semana, invitado por la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico, para ofrecer una conferencia magistral en la celebración de su quincuagésimo aniversario.
Al final, conversó con nosotros.
Benny, ¿no se ha aburrido de las entrevistas? ¿De contestar una y otra vez las mismas preguntas quizá con distintas palabras?
No, para nada... aunque las preguntas se parezcan y las respuestas también, nunca es suficiente. Creo que es muy importante que el público comprenda lo que ocurrió y quizá cambiar la manera como algunos piensan. Por otra parte, no se puede confiar en lo que digan los diplomáticos y los burócratas. Hay que estar en contacto directo con la gente para que esté atenta a este negocio de matar gente inocente. Debemos estimular la conciencia mundial y reforzar la presión sobre los legisladores de todos los países para que hagan lo que tienen que hacer. Por eso es que siempre doy la bienvenida a la oportunidad de estar en contacto con el público y responder todas las preguntas necesarias.
Al cabo de noventa años ha visto tanta muerte y tanta miseria en el espíritu humano... ¿cómo es que mantiene encendida la llama de esperanza?
No tengo alternativa. Desde luego que he visto mucho sufrimiento... demasiado, pero no puedo hacer una pausa ni dejar de cumplir con mi credo mientras tenga un soplo de vida para mejorar la manera como los seres humanos se relacionan mutuamente. No tengo vacaciones, no tengo días de fiesta, no tengo un salario... y todo porque lo único que me alienta a seguir vivo es hacer lo que mi conciencia me dicta que debe ser hecho.
Un rasgo que lo caracteriza es su agudo sentido del humor...
Tengo un refrán que lo expresa muy precisamente: si estás llorando por dentro, lo mejor es que sonrías externamente o te ahogarás con las lágrimas.
Luego de 42 años desde aquella visita a Puerto Rico en la que tuvo la epifanía de lo que habría de hacer durante el resto de su vida, ¿cómo mira el camino que ha recorrido?
La verdad es que nunca me he detenido a evaluar lo mucho o poco que he hecho desde entonces. Ha sido un sendero muy difícil y largo, y también muy significativo, porque cuando comencé a caminarlo no existía algo así como una corte criminal internacional y desde entonces ya ha habido bastantes. Creo que esto representa un progreso significativo. Cuando miro hacia atrás, si acaso, pienso que ha sido bastante para una sola vida humana. Mi esposa dice que allá arriba hay alguien cuidando de mí, luego de todas las veces que he estado a punto de morir y he sobrevivido.
Después del Holocausto, después de Nuremberg, hemos visto cómo se han repetido episodios tan trágicos como el que perpetró la Alemania nazi... Serbia, Kosovo, Guatemala, Somalia, en fin... ¿sigue habiendo espacio para la esperanza?
Absolutamente, entre otras razones porque es quizá lo único que tenemos. Y también porque hemos visto un gran progreso, en especial en el despertar de la conciencia humana. Cada vez hay mayor y mejor conocimiento en el mundo de lo que ocurre en algunos lugares... Cuando yo era joven, eso se desconocía y tampoco importaba. Ahora la juventud se interesa realmente por esos asuntos, en contraste con los más viejos, a quienes parece no preocuparles más ese tema. No podemos dejar de creer... Si dejamos de hacerlo, nos rendimos y entonces lo único que queda es el final de todo.
Con una vida tan intensa, ¿cómo es su relación con usted mismo?
Es buena, creo... A veces pienso que soy un poco tonto y suelo justificar mi comportamiento un tanto extraño. Hace 20 años que no veo una película, hace 15 o 20 años que no voy al ballet, algo que amo. Desconozco lo que significa la palabra “retiro”, trabajo todos los días de 12 a 15 horas... y no me quejo, me gusta. Me las arreglo para ayudar a mucha gente, en especial a víctimas de persecución. A veces tengo éxito, a veces no, pero lo importante es que siempre lo intento.
Tras haber logrado que aquellos criminales de guerra fuesen condenados a la pena de muerte, ¿qué opina de ella?
Es una pregunta difícil... Yo la pedí para aquellos asesinos, no como una forma de venganza, sino como un disuasivo para potenciales criminales como ellos... y debo de aceptar que no lamento la muerte de quien la recibe por razones más allá de toda duda. No obstante, repito, sigue siendo una pregunta muy difícil. A estas alturas de mi vida, no puedo dar una respuesta radical, solo puedo decir que en situaciones como las que he vivido la pena de muerte no fue injusta...
A los 91 años, ¿qué sueña con los ojos abiertos? ¿Qué lo ilusiona para levantarse cada mañana?
No es ningún secreto... es algo muy simple y a la vez algo muy complicado: hacer de este mundo algo tan humano como sea posible. Recuerda tu humanidad y olvídate del resto. Mi sueño es seguir moviéndome en esa dirección. Estoy convencido de que he hecho lo correcto. Lo he vivido, lo he escuchado, lo he olido, lo he visto... la búsqueda de la paz debe ser una bendición...
Benny, ¿es usted optimista acerca del futuro de la humanidad?
No (una gran carcajada)... bueno, soy muy pesimista... sin embargo... mmm... sé que no tengo otra alternativa que ser optimista. Tengo la certeza de que estoy en lo correcto... Lo siento cuando hablo con la gente, cuando escucho su aplauso. No tienen por qué aplaudir, pero piensan “este hombre está en lo correcto” y aplauden. ¿Usted piensa eso? ¿Cree usted que estoy en lo correcto?