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8 de mayo de 2013
Ciencia y Tecnología
 

Noruega sufre de escasez de basura

La sobrecapacidad de las plantas incineradoras es la causa

 

Por Inma Gil / BBC Mundo

Se podría decir que los noruegos son víctimas de su propio éxito: son tan eficientes en su gestión de residuos que están sufriendo una escasez de basura.

Esta es una situación relativamente nueva en Noruega. Se desarrolló solo en los últimos 3 o cuatro años a raíz de la proliferación en los países escandinavos de plantas que convierten la basura en electricidad y calefacción.

“Ahora hay demasiadas plantas en comparación con la cantidad de desechos que se producen”, le dijo a BBC Mundo Jannicke Gerner Bjerkas, gestora de comunicaciones de la agencia Waste-to-Energy de la ciudad de Oslo.

Pero en la vecina Suecia, pionera en esta política medioambiental, hace más tiempo que lidian con este problema. De hecho, Suecia importa basura de sus países vecinos, incluida la propia Noruega.

Esta escasez es el resultado de décadas de campañas gubernamentales para promover entre los ciudadanos una gestión responsable de los desechos, que incluye la reducción, reutilización y el reciclaje de la basura.

Ahora, la sobrecapacidad de las plantas incineradoras ha llevado a la ciudad de Oslo a buscar desechos ajenos.

El departamento de marketing de la agencia Waste-to-Energy se afana por encontrar basura en el exterior a través de licitaciones oficiales a las que se postulan las compañías que quieren deshacerse de la basura al menor costo posible.

Por ahora, solo importa basura de Inglaterra, pero está buscando otros mercados y, según Gerner Bjerkas, es probable que otras plantas noruegas pronto lo hagan también.

El negocio de la basura

Son las empresas que poseen la basura las que pagan por deshacerse de ella, tanto si el método es tirarla en un vertedero local como llevarla a quemar a Noruega.

En Reino Unido, curiosamente, una tasa impuesta a los ayuntamientos por el uso de vertederos –orientada a promocionar el reciclaje–, hace que pueda acabar resultando más barato enviar los desechos a Oslo.

La capital noruega, por tanto, “gana dinero” al tratar esa basura extranjera. Eso, a pesar de que los costes del procesamiento han caído mucho en los últimos años.

“Funciona esencialmente como una puja. Nosotros hacemos una oferta y ellos escogen la compañía que más les convenga”, explicó Gerner Bjerkas.

Algunas de estas plantas son de propiedad privada, otras dependen directamente de agencias estatales.

“Y como hay demasiadas plantas procesadoras, los precios en el mercado han caído”, dijo.

La ganancia para los escandinavos es doble: no solo cobran por procesar los desechos, sino que además generan electricidad con ellos.

“La basura pasa a considerarse un recurso. Es un recurso para generar energía”, explicó Gerner Bjerkas.

Una vez clasificada, la basura se quema, alcanzando una temperatura de hasta 1,000 C. Así se calienta el agua que eventualmente alimenta los radiadores de las ciudades.

“De calidad”

Pero no toda la basura es igual: alguna es más “limpia” o de mayor calidad que otra.

Para los noruegos no se trata tanto de generar beneficios a partir de cualquier tipo de basura, sino de proteger el medioambiente.

“Estamos hablando de un negocio, sí, pero desde una perspectiva ecológica”, puntualizó Gerner Bjerkas.

Y desde ese punto de vista, cuanto más trabajo de clasificación se hace antes de la quema, mejor.

“Preferimos aceptar basura que ha sido preclasificada antes de llegar a nosotros, por ejemplo en metales, plásticos, basura orgánica, papel, cartón y materiales peligrosos, y de la que se han retirado los materiales reciclables antes del transporte. Eso es mucho mejor para el medioambiente”, explicó Gerner Bjerkas.

Esta estrategia de los países escandinavos marca enormes diferencias con la práctica tradicional de arrojar o enterrar la basura en vertederos, algo que genera mucho gas metano.

Además del precio y la “calidad”, a la hora de aceptar basura de importación, un factor importante es el kilometraje hasta Oslo. “Cuanto menor es la distancia menor es el impacto ambiental”, dijo Gerner Bjerkas.

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