MARICAO – Los vecinos de la comunidad Llanadas, en este municipio, piden en sus oraciones que llueva para así tener agua para bañarse, lavar ropa y hacer las tarea hogareñas.

En pleno siglo 21, unas 120 familias de Llanadas, un apartado sector rural de Maricao donde llueve con frecuencia, no tienen servicio de agua potable. El pozo que el municipio hincó hace varios años resultó ser ilegal.

La Autoridad de Acueductos y Alcantarillados firmó un acuerdo con el municipio para suplie los materiales y llevar agua a estos residentes. El municipio debió proveer la mano de obra. Los materiales fueron entregados. La tubería fue colocada, pero falta que instalen las bombas que impulsarán el liquido hasta los hogares, algunos de ellos con más de dos décadas de construidos.

“Aquí nos bañamos con agua de lluvia. Aveces hasta salimos del baño con piquiña”, dijo el residente Iván Poggi Ruiz, quien perdió el 80% de su visión. El hombre explicó que el pozo que hincó el municipio no cumple con las regulaciones al estar instalado cerca de residencias con pozo séptico.

Los vecinos se suplen agua de un manantial que les queda a unos 10 minutos -en carro- de la comunidad. “Esa agua no es potable”, advirtió Carlos Feliciano Rodríguez, quien mostró preocupación por los posibles efectos que esa agua pueda tener en la salud de sus tres niños, dos de ellos infantes.

Busque más información sobre como viven los residentes de Llanadas, mañana en la edición impresa de El Nuevo Día.