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CLEVELAND, Ohio – En la diáspora boricua se sintió con particular fuerza el bochorno de ver la bandera de Puerto Rico ondeando en la residencia de Ariel Castro, en momentos en que rompía la noticia del rescate de las tres mujeres que estuvieron desaparecidas durante una década.

Las largas horas de transmisión de las cadenas de televisión desde la calle en que está la residencia que Castro utilizó como una cárcel de torturas en contra Gina de Jesús, Amanda Berry y Michelle Knight profundizaron el agobio.

Pero el consenso parece ser que en los grandes medios de comunicación de Estados Unidos el asunto de que Castro, de 52 años, resulte ser puertorriqueño no ha sido presentado como un reflejo ni de su familia ni de su comunidad ni de su identidad.

“Nos hemos sentido muy mal”, dijo ayer Iván “Papo” Ruiz, propietario del restaurante puertorriqueño Rincón Criollo en Cleveland, pero hizo claro que en la comunidad local se aprecia a la familia Castro y se reconoce que las actuaciones inhumanas de uno no los representan.

“Los Castro son una familia formidable”, sostuvo Ruiz, quien destacó, además, la alegría que tienen los boricuas de Cleveland porque las tres mujeres hayan sido encontradas con vida, junto a la niña de seis años Jocelyn, hija de Berry y su carcelero.

Aunque la bandera de Estados Unidos también ondeaba en la casa de Castro, según se ve en las imágenes de la televisión local, algún agente de la Policía sacó tiempo para bajarla poco después del rescate. Hasta largas horas después no se hizo lo mismo con la de Puerto Rico.

Para el profesor Federico Suberví, director del Centro para el Estudio de los Mercados y Medios Latinos de la Escuela de Periodismo y Comunicación de la Universidad Estatal de Texas, el haber quitado una y dejado la otra “fue una manipulación de la imagen”. Suberví sostuvo que el posible impacto del caso de Castro dentro de la opinión pública se magnifica por el desconocimiento y la ausencia de temas positivos sobre Puerto Rico en los principales medios estadounidenses.

“La mayoría de la gente en Estados Unidos entiende que cuando un puertorriqueño comete un crimen horrible, no es un reflejo del carácter de la gente o su nación, sino de un individuo”, indicó, por su parte, el congresista demócrata Luis Gutiérrez, boricua que representa un distrito de Chicago (Illinois).

“De la misma manera que los Estados Unidos no son los tiroteos y las matanzas que tan frecuentemente hay en las escuelas. De la manera en que no podemos decir que Estados Unidos es Timothy McVeigh o Jim Jones, el de la masacre de Guyana. De la misma manera que uno no puede decir que el Oriente Medio es Osama Bin Laden o de la misma manera en que uno no puede utilizar tantos ejemplos negativos de tantos países para definir un país, Puerto Rico no es la atrocidad de esa persona”, expresó, en San Juan, el gobernador Alejandro García Padilla.

“Se trata de un crimen espantoso, pero como la prensa ha sabido reseñar, hay criminales en todas partes”, dijo, desde Washington, el comisionado residente, Pedro Pierluisi, a quien le parece natural que entre los puertorriqueños de la Isla y de la diáspora haya una sensación colectiva de bochorno.

Pierluisi estuvo en la comunidad boricua de Cleveland hace unas dos semanas.

El motivo de su visita fue para ofreció un mensaje en la Universidad de Kent.

Desde Nueva York, la concejal municipal Melissa Mark Viverito comentó que las únicas personas que se le han acercado para expresarle preocupación son personas que le hicieron referencia a la imagen de la bandera de Puerto Rico.

Viverito considera que fue muy importante que el propio jefe de la fiscalía de Cleveland, el puertorriqueño Victor Pérez, hiciera un alto en su anuncio de presentación de cargos de secuestro y conspiración para advertir que los actos de Castro no representaban a los puertorriqueños, “aquí o en Puerto Rico”.

Angelo Falcón, director del Instituto de Política Pública Latina, piensa que sucesos noticiosos como el protagonizado por Castro llegan a una audiencia que “no sabe mucho sobre Puerto Rico” y que (como se demostró en el caso de un periodista del canal local de ABC) incluye personas que ni saben que los nacidos en la Isla son ciudadanos de Estados Unidos.

Por tal razón, Falcón, con oficinas en Nueva York, concluyó que “este es un caso que complica la imagen de los puertorriqueños ante los americanos”.

Castro es el padre de la niña

Ayer, mientras, las autoridades anunciaron que las pruebas de ADN confirmaron que Castro es el padre de la hija de Berry, nacida en la misma residencia en que su madre estuvo prisionera durante 10 años.

Mientras, Michelle Knight fue dada de alta del hospital. Berry está en casa de su hermana desde el miércoles, el mismo día en que De Jesús retorno a su hogar.

Los actos monstruosos

Familiares de Castro, mientras, revelaron ayer nuevos detalles sobre su conducta.

Por ejemplo, su sobrino Ángel Caraballo, de 26 años, indicó que su tío utilizaba un maniquí, con un mapo como peluca, para atemorizar a la gente. “Me amenazó varias veces”, dijo Caraballo, según Associated Press.

Castro mantenía a sus familiares fuera de los cuartos y el sótano, en una residencia en que las puertas estaban repletas de cerraduras.

Elida Marie Caraballo, sobrina de Castro, sostuvo que los hacía esperar fuera de la casa hasta media hora antes de permitirles entrar a la residencia, en la que nunca supieron que mantenía secuestradas a cuatro personas.


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