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En pleno siglo 21 es difícil creer que aún en Puerto Rico existen taínos, pero la antropóloga Carlalynne Meléndez está convencida de que sí.

Es por esto que Meléndez está trabajando con una propuesta a través de la Oficina de Asuntos Indígenas de los Estados Unidos para que Naguaké sea calificada como una reserva indígena y reciba fondos federales para su conservación y sustento.

Naguaké, que significa “somos de esta tierra”, es una comunidad de al menos tres mil miembros. Está localizada entre Yabucoa y Maunabo y es uno de los proyectos principales de Liga Nuestra Tierra Taína que es dirigida por la antropóloga.

Meléndez explicó que la propuesta contiene los resultados de un estudio genético realizado por la Universidad de Pennsylvania y National Geographic. El estudio genético dio como resultado que una gran parte de los naguakeños que participaron tienen hasta un 85 por ciento de sangre indígena.

“No estamos bailando areitos, vamos con la sangre, la sangre no miente”, expresó la antropóloga.

Meléndez aseguró que los resultados del estudio han sido una pieza de gran peso para que agencias federales como el Departamento de Agricultura y la Agencia de Protección Ambiental (EPA en sus siglas en inglés) estén interesados en la comunidad naguakeña.

La antropóloga sostuvo que los residentes están acostumbrados a recibir fondos gubernamentales para vivir y que lograr que se conecten con sus raíces taínas directamente y quieran ser autosuficientes, ha sido difícil.

“Hay que prometer fondos para que ellos se animen y estamos alejándonos eso y estamos enfocados a una autosuficiencia comunitaria”, indicó. “El proyecto quiere romper con la cultura del mantengo y devolverle su orgullo”, añadió la doctora en antropología.

Según Meléndez, de asignarle los fondos federales a Naguaké, uno de los planes fundamentales es crear una comunidad ecoturística para que los turistas que quieran conocer las raíces taínas de Puerto Rico los visiten.

Los naguakeños no solo participan de actividades realizadas por la Liga para fomentar la cultura indígena, sino que trabajan en agricultura y tienen 80 cuerdas de terreno cultivadas con yuca, calabaza, ñame y maíz.

“Tenemos fincas modelos para cosechar productos orgánicos, así estamos fomentando que la comunidad sea autosuficiente”, explicó la antropóloga.

Meléndez dijo que la agricultura ha sido un gancho para generar una regla dentro de la comunidad de que “tú trabajas, tú ganas”, porque al momento de repartir los frutos se dividen entre los residentes que trabajaron.

“El plan es desarrollar un nuevo puertorriqueño pero con una raíz indígena”, añadió.


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