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A quien no conoció la Laguna San José cuando allí abundaban la vida y las arenas blancas, y solo piensa en basura, pestilencia y pobreza extrema al recordarla, quizá le sorprenda saber que sus aguas han vuelto a brillar porque está recuperando la bioluminiscencia.

No se imaginará que esto se ha debido en gran medida a las luchas iniciadas hace más de 20 años por habitantes de sus márgenes. Logros como este, autogestionados entre los vecinos de la Península de Cantera, son lo que hacen que en la comunidad imperen el optimismo, la determinación y la certeza de que aunque les llegara a faltar el apoyo que han tenido hasta ahora del Gobierno, nada podrá impedir que aquellas aguas brillen aún más.

Eso quedó claro ayer cuando la Corporación para el Desarrollo Integral de la Península de Cantera anunció la firma de convenios con agencias públicas, entidades sin fines de lucro y de la propia comunidad. La directora ejecutiva María de Lourdes Rivera Grajales aseguró que aunque confían en que el gobernador Luis Fortuño firme una orden ejecutiva que prolongue la ley que creó y dio poderes a la Corporación en el 1992 otorgándole apoyo del Estado, de no ser así su Proyecto Península de Cantera ya puede sobrevivir solo. “Por eso son vitales los acuerdos”, recalcó.

Con el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) se pactó que la agencia ayudará a identificar fondos para completar proyectos como la construcción de infraestructura de alcantarillado que proteja la laguna de aguas usadas y a la vez el Estuario de la Bahía de San Juan, al que pertenece.

Ernesto Díaz, director del Programa de Manejo de la Zona Costanera del DRNA, agregó que mediante los acuerdos se proveerá asesoría técnica, talleres educativos y apoyo a iniciativas de desarrollo socioeconómico. El primero de estos ha sido con la organización comunitaria Leaders for the World (Líderes para el Mundo), que realizará actividades de conservación y desarrollará el ecoturismo sostenible a través de las lagunas Los Corozos y San José, los islotes Guachinanga y Guachinanguita, el Canal Suárez y el segmento este del Caño Martín Peña.

“Estos son sistemas de lagunas que compartimos todos y para nosotros es bien importante trabajar con ellos para que se fomente nuevamente un desarrollo socioeconómico”, afirmó Miguel Capacetti, presidente de Leaders for the World y uno de los jóvenes residentes de Cantera.

“Esto es un proyecto que puede ser emblemático”, aseguró Javier Laureano, director ejecutivo del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan, con el que la Corporación concretó un acuerdo de conservación y recirculación del agua a un costo de $400,000, que es endosado por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).

Laureano explicó que lo que se ha logrado y se pretende lograr en esta zona ya ha sido modelo para otros lugares de Estados Unidos en los que se intenta rescatar estuarios, como en California, New York y New Jersey.

De hecho, ya la Corporación y su Proyecto Península de Cantera fueron modelo en alguna medida para la creación en las mismas comunidades vecinas del Grupo de las Ocho Comunidades Aledañas al Caño Martín Peña o G-8 (al que pertenece Cantera) y el Proyecto Enlace del Caño Martín Peña.

El dragado del Caño Martín Peña es parte vital del rescate y redesarrollo de toda la zona, cuya riqueza histórica, humana y geográfica es parte de otro de los proyectos presentados ayer: el Atlas Histórico Ambiental de la Península de Cantera y su Región. El mismo podría publicarse antes de finalizar este año si se consigue la financiación necesaria, estimada entre $25,000 y $30,000 por Fernando Silva, director y fundador del Instituto de Ciencias para la Conservación de Puerto Rico (INCICO).

Parte de esa riqueza es la capacidad de brillar o bioluminiscencia que tienen ciertos organismos que suelen vivir en aguas caribeñas. Ésta se pierde o se hace imperceptible cuando su población disminuye o hay demasiada luz en las noches (contaminación lumínica). Parte de esa riqueza es también el arraigo y el compromiso de los residentes de la zona con devolver a Puerto Rico las aguas de su sistema estuarino más grande.


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