La liberación de Oscar López Rivera fue un esfuerzo compartido (horizontal-x3)
En diciembre pasado, Alejandro Molina, Melissa Mark-Viverito, Luis Gutiérrez y Jan Susler visitaron a López Rivera en Terre Haute. (Suministrada)

Washington - Cuando la esposa del congresista Luis Gutiérrez volvió el 8 de diciembre pasado a reclamarle a Barack Obama en su última fiesta de Navidad para los miembros del Congreso que excarcelara al prisionero político Oscar López Rivera, el entonces presidente de EE.UU. le respondió: “Soraida, nos vamos a ver pronto”.

“Lo va a excarcelar”, le dijo Soraida Arocho Gutiérrez a su marido, convencida de que no había ninguna otra razón para sembrarle esperanzas.

Los Gutiérrez habían participado de las fiestas navideñas de la Casa Blanca en los últimos años de la presidencia de Obama con la intención de aprovechar la foto oficial que el presidente de Estados Unidos se toma con cada uno de sus invitados para ella pedirle como regalo la liberación física de López Rivera, cuya sentencia de 36 años se extingue hoy a las 8:00 a.m.

Era una de esas ventanas que los allegados de López Rivera utilizaron durante los meses previos a la salida del presidente Obama de la Casa Blanca para advertirle que probablemente tenía en sus manos la última oportunidad para liberar a un prisionero político de 74 años que llevaba más de 35 años en la cárcel.

Oscar López hace su primera aparición pública.

Posted by El Nuevo Día on Wednesday, May 17, 2017

Buscaron, a su vez, llevar el mensaje a través de exfuncionarios de su gobierno y ex compañeros de escuela del presidente Obama.

Una oportunidad única en esos esfuerzos fue cuando el artista Lin Manuel Miranda, creador del musical Hamilton, abogó en el mismo Despacho Oval por la excarcelación de López Rivera. La presidenta del Concejo Municipal de Nueva York, Melissa Mark-Viverito, había solicitado al artista que, en su visita a la Casa Blanca para una presentación sobre el musical Hamilton, le recordara al presidente de EE.UU. que estaba pendiente la solicitud de clemencia presentada por López Rivera.

“Por lo inesperado, esa acción de Lin Manuel fue un momento importante que debe haber abierto sus ojos. El genio de Lin Manuel tiene que ser reconocido”, indicó Gutiérrez, al recordar las estrategias de esos meses. Lin Manuel fue uno de los artistas que elevó el caso de López Rivera fuera del ámbito político.

Ricky Martin ya había aprovechado su participación en los Grammy de 2013 para abogar por la excarcelación de López Rivera. Residente, Rubén Blades y Andy Montañez, entre otros, fueron otros que dieron dimensión internacional a la campaña.

Entre muchos otros esfuerzos, el 14 de julio del año pasado, el entonces secretario de Justicia de Puerto Rico, César Miranda, envió un análisis a la Casa Blanca y conversó con el asesor legal del presidente Obama, Neil Eggleston, para demostrarle con datos que la sentencia por conspiración sediciosa en contra de López Rivera era “palpablemente desproporcionada en comparación con las sentencias de personas condenadas por asesinato”.

El análisis de la oficina del secretario de Justicia de Puerto Rico reflejó que, entre 2006 y 2015, las sentencias por asesinato en el sistema judicial estadounidense fluctuaron entre 221 y 287 meses, mientras López Rivera, que no fue convicto de hacer daño a ninguna persona, terminó cumpliendo 431 meses de condena, o 36 años.

La reunión de PROMESA

Cuando Obama llamó a los boricuas demócratas del Congreso a una reunión el 8 de junio de 2016 en la víspera de la votación del proyecto de ley PROMESA, la idea era presionar a Gutiérrez para que votara a favor de la legislación, que impuso una Junta de Supervisión Fiscal a cargo de las finanzas públicas de la isla y abrió la puerta a la reestructuración de la deuda del gobierno puertorriqueño.

Gutiérrez sostuvo que, después de escuchar en el Despacho Oval el reclamo de Obama para que no volviera a denunciar PROMESA como una profundización del colonialismo, pidió paso al presidente de EE.UU. para discutir el caso de López Rivera.

Entonces, Obama le indicó a Gutiérrez que él sabía que estaba siendo más flexible con las clemencias.

Gutiérrez dijo que, ahora, ve los comentarios que le hizo Obama a su esposa durante la actividad de Navidad y estos de junio pasado como señales de que, sin violar el secretismo del proceso, el inquilino de la Casa Blanca iba a excarcelar a López Rivera, quien fue convicto principalmente de sedición debido a sus vínculos con las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN).

Eran pasos pequeños, pero eran avisos. De todos modos, Gutiérrez dijo que siempre tuvo dudas. En las últimas semanas, el congresista Gutiérrez se acercó al que fuera el estratega político del presidente Obama, David Axelrod, a quien otras fuentes han descrito como el enlace con la Casa Blanca durante la etapa final del proceso.

“Le pedí asesoría a Axelrod. Nos conocemos desde hace por lo menos 30 años. Estoy orgulloso de que otra persona de Chicago tuvo un papel importante”, dijo Gutiérrez, sin querer precisar las acciones que tomó el ahora comentarista político y director del Instituto de Asuntos Políticos de la Universidad de Chicago.

Se trató de un proceso largo

El movimiento a favor de la excarcelación de los prisioneros políticos vinculados a las FALN y Los Macheteros comenzó en el verano de 1992 bajo el nombre de “Ofensiva 92”, en Filadelfia (Pensilvania), donde se reunieron sectores de la diáspora y líderes independentistas de la isla, como el preso nacionalista Rafael Cancel Miranda, Juan Mari Bras y Carlos Gallisá.

Aquella campaña quedó en manos del profesor Luis Nieves Falcón, ya fallecido.

Gutiérrez acababa de ganar por vez primera la candidatura al Congreso, y su elección en un distrito demócrata se daba por segura, por lo que tendría una plataforma para promover a nivel federal esos esfuerzos.

Una de las primeras decisiones que se tomó fue atraer a la campaña a sectores no independentistas. Eso se logró particularmente en el caso de López Rivera,cuya petición de clemencia tuvo el respaldo de líderes de todos los partidos, incluidos el hoy gobernador Ricardo Rosselló, el exgobernador Alejandro García Padilla,  la comisionada residente en Washington, Jenniffer González, y el ex comisionado residente Pedro Pierluisi, entre otros.

‘Ofensiva 92’ tuvo un éxito contundente en agosto de 1999, cuando el presidente Bill Clinton liberó a una docena de prisioneros. López Rivera rechazó la clemencia que le ofreció entonces debido a que, en la oferta, no se incluyó a dos de sus compañeros, Carlos Alberto Torres y Haydee Beltrán.

Luego, los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en contra de Estados Unidos frenaron nuevos esfuerzos, a juicio del presidente del Comité Pro Derechos Humanos, Eduardo Villanueva.

“El 11 de septiembre cambió el clima en EE.UU. en torno a los derechos humanos y constitucionales. Aliados naturales nuestros se inhibían por temor a que los relacionaron con el terrorismo”, dijo Villanueva. Pese a que el FBI nunca acusó al prisionero independentista de participar del ataque con bomba del 24 de enero de 1975 en el restaurante Fraunces Tavern de Wall Street, cuya autoría reclamó las FALN y provocó cuatro muertes y más de 60 heridos, “el FBI siempre jugó con esa carta” en contra de López Rivera “para intimidar”, sostuvo Villanueva.

Por lo que conoce Villanueva, “Obama tuvo la valentía y la certeza de dar un ultimátum” para que le presentaran prueba o, de lo contrario, como finalmente hizo, tomaría una decisión favorable a López Rivera. Contrario a las clemencias que otorgó Clinton en 1999 a miembros de las FALN y Los Macheteros, en esta ocasión, la jefatura del Departamento de Justicia de EE.UU. recomendó la conmutación de la sentencia.

El mismo día en que el presidente Obama hizo el anuncio oficial, el 17 de enero pasado, el grupo más cercano a López Rivera –su hija Clarisa, su hermano José López Rivera, su abogada Jan Susler, su colaborador, Alejandro Molina; el congresista Gutiérrez, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, y Mark-Viverito- tuvieron una conferencia telefónica cerca de las 11:00 a.m. en la que decidieron continuar los esfuerzos.

Gutiérrez, quien estaba en la Isla, donde tiene una casa, prometió a su esposa que ese día se tomarían la tarde libre para dar un paseo. Mientras estaban en un centro comercial, la abogada Susler envió un mensaje de texto al grupo pidiendo con urgencia una conferencia telefónica. Gutiérrez pensaba que alguien tenía una propuesta de última hora. “Qué idea habrá surgido ahora”, recordó que pensó al leer la petición de la abogada.

Pero, a esa hora, ya López Rivera había sido advertido por personal de la cárcel de Terre Haute, en Indiana, que, a las 3:30 p.m., recibiría una llamada que requeriría su atención y él llamó a su abogada Jan Susler para advertirle.

Una hora después de que lo hiciera López Rivera, el abogado de la Oficina de Perdones deJusticia, Robert Zauzmer, telefoneó a Susler para anunciar la conmutación de la sentencia, efectiva el 17 de mayo y sin condiciones. Zauzmer dejó que fuera Susler quien llamara a López Rivera a las 3:30 p.m.

Antes, Susler envió el texto al grupo que trabajó más de cerca la campaña pro liberación de López Rivera para darles la noticia más esperada. Gutiérrez dijo que, en medio del centro comercial de San Juan donde estaba, prorrumpió en llanto. La seguridad del local se le acercó. Su esposa les dijo que todo estaba bien. Por segunda ocasión, un presidente de EE.UU. propuso excarcelar al independentista López Rivera, convicto por conspirar para derrocar al gobierno estadounidense.

López Rivera extingue su condena a las 8:00 a.m. de hoy, miércoles. Y desde las 3:30 p.m. habrá una celebración en la plaza de Río Piedras. “Miro hacia atrás –dijo Gutiérrez, sentado en su oficina del Congreso- y creo que la gente no entiende lo extraordinario que este proceso ha sido”.


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